EDICIÓN IMPRESA

No solo cenizas

¿Qué queda después de los incendios? Las consecuencias de las llamas afectan animales, plantas y humanos.
miércoles, 4 de noviembre de 2020 · 11:39

“Donde hubo fuego, cenizas quedan” es una trillada frase para referirse a las relaciones amorosas. Se utiliza para aludir al hecho de que siempre existe un sustrato del que puede renacer la pasión. La metáfora no es casual, de hecho, en los incendios forestales una de las acciones más importantes luego de apagar las llamas es la guardia de cenizas, que impide que se reactive. Sin embargo, en el territorio arrasado por el fuego, no solamente quedan desechos.


En los últimos meses, los incendios destrozaron alrededor de trescientas mil hectáreas en todo el territorio provincial. La superficie es equivalente a 88 ciudades del tamaño de Alta Gracia. Los daños producidos son inconmensurables y repercuten en la flora, la fauna, el agua, las poblaciones y la economía humana. Bajo las cenizas, el monte llora y de sus lágrimas brota la nueva vida, con la esperanza de tener mejor fortuna que sus predecesores.

 

No solo pasto

Guillermo Jewsbury, María Loyola, Lucas Carbone, Marta Carreras, Stella Pons, Jimena Martinat, Matías Castillo Moine y Elsa Fuentes son investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba y realizaron un estudio pormenorizado de las especies vegetales afectadas por los incendios en la Provincia. En el libro “Pastos. Posfuego en las sierras de Córdoba”, detallan minuciosamente alrededor de 90 tipos de plantas, árboles, arbustos y pastizales que crecen en las zonas que fueron afectadas por las llamas entre 1999 y 2013. 


“El conocimiento de las especies es la piedra basal para saber cuál es la materia prima, cómo se comporta y cómo la podemos aprovechar sin provocar daño en el ambiente” explica Elsa Fuentes, directora del proyecto hasta 2015. Su sucesora, Silvia Patricia Gil, agrega: “Para revalorizar la flora en los ambientes posfuego, es necesario conocer las especies desde el punto de vista taxonómico y caracterizarlas también desde el punto de vista externo e interno. El trabajo implica no solamente ver cómo se multiplican y se regeneran después del fuego, sino también cómo se comportan a lo largo del tiempo”.


Medir el daño y conocer las especies afectadas para saber qué es necesario para favorecer su crecimiento luego de los incendios. Así como la acción de las personas es el origen del fuego, puede ser el de la regeneración.

 

Habitantes del monte

Los días y noches en las sierras cordobesas no son silenciosos. El monte habla a través de sus numerosos habitantes: pájaros, insectos, roedores, reptiles son solo algunos de los animales que habitan las zonas afectadas por el fuego. La fauna forma parte del equilibrio del ecosistema. En algunos casos, la flora depende de los animales para poder regenerarse ya que son sus heces el abono que dispersa las semillas que luego germinarán.


El daño producido en el hábitat de muchísimas especies es tal que amenaza con romper el equilibrio ecológico. Así como es importante la preservación de las especies vegetales autóctonas, lo mismo ocurre con los animales que viven en los bosques nativos.

 

Agua contaminada

Este año, la temporada de lluvias en Córdoba encontrará una gran cantidad de cenizas en el suelo. Las sierras no absorberán el agua de las precipitaciones y todo el material quemado se irá lavando de la superficie. Si se trata de pequeñas lloviznas, ese proceso demandará bastante tiempo. Si se presenta una lluvia torrencial, no pasará mucho hasta que esas cenizas terminen en el cauce de los ríos. En cualquiera de los casos, tarde o temprano, el agua de los cauces se contaminará por las cenizas.


Esta vez, Alta Gracia ha tenido mejor suerte que hace siete años. En 2013, la Cooperativa de Obras Sanitarias (COSAG) debió cerrar las compuertas que conducen el agua del río Anisacate al acueducto que abastece a la ciudad debido a la alta contaminación presente. La medida duró alrededor de 22 horas y evitó que la creciente ensuciara por completo los filtros de la ciudad. 


“El hecho de que el incendio sea mucho más grave que otros que se produjeron anteriormente no necesariamente quiere decir que vaya a tener un efecto directo sobre los ríos que abastecen a la ciudad de Alta Gracia” explicó a Sumario Ennio Mazzini, presidente de la COSAG. “Estos últimos incendios, en la zona de La Paisanita, a la ciudad no la afectan porque la toma nuestra está mucho más arriba en las sierras. El río Anisacate se forma de la unión de las cuencas de los ríos San José y La Suela. La primera no ha sido tan afectada por los incendios. Sí lo fue la segunda. Así que va a depender un poco de en qué zona llueva para ver qué puede pasar con las cenizas” indicó.


Además de la región en la que se produzcan las precipitaciones, influye el modo en el que estas se desarrollen. “Si tenemos una lluvia tranquila, de no muchos milímetros de golpe, a lo mejor nos entrega un agua que podemos potabilizar. El problema de esa situación es que todas las crecientes siguientes también traerán cenizas. A lo mejor, lo más conveniente es una de esas tormentas grandes porque lavan toda la ladera de las montañas y las crecidas siguientes ya no vienen tan sucias. Es todo a evaluar sobre la marcha” apuntó Mazzini, a la vez que recordó cómo se trabajó en la última ocasión de incendios de gran magnitud: “En 2013, la maniobra que tuvimos que hacer fue cortar el ingreso de agua al acueducto porque parecía un río de petróleo. Cortamos el servicio a la madrugada durante casi 24 horas hasta que el río nos empezó a entregar un agua más o menos limpia. Si llegan a entrar cenizas a los filtros, no las sacamos más. Hubiéramos estado todo el verano tratando de limpiarlos. Lo que tenemos que hacer es cortar antes para que no lleguen las cenizas y que la parte más sucia de la creciente pase de largo”. 

 

También los seres humanos

Animales y vegetales no son los únicos afectados por el fuego. Si bien se calcula que más del 95 por ciento de los incendios fueron provocados por la acción humana, las personas también son víctimas de los efectos devastadores de las llamas. Aunque, lógicamente, quienes podrían verse beneficiados con el desmonte no son quienes sufren las consecuencias de la destrucción.
Cristóbal Varela Salas decidió luchar contra los incendios en Río Pinto. Fue encontrado por los bomberos con el 90 por ciento del cuerpo quemado y trasladado de urgencia al Instituto del Quemado. Sin embargo, la gravedad de las heridas llevó al desenlace más trágico y el pasado 25 de septiembre falleció. En la zona de Cuchi Corral, Luis Tórtolo se descompensó mientras colaboraba en la extinción de uno de los focos que azotó la Provincia en septiembre. También murió.


En el norte cordobés, numerosas familias viven de la ganadería y los animales que crían se alimentan del libre pastoreo en el monte. Para muchas de ellas, los incendios representaron la falta de comida para el ganado y, por lo tanto, una enorme complicación económica.


Por otro lado, a pesar de que el Gobierno de la Provincia prometió subsidios para todos aquellos que sufrieran pérdidas por el fuego, hubo quienes vieron el fuego destruir sus viviendas o vehículos. Naturalmente, las ayudas económicas no son inmediatas, aunque la necesidad sí lo es.

 

Se mira y no se toca

La principal premisa para la remediación de los daños producidos en el bosque nativo cordobés es la no intervención humana. La acción de las personas ya ocasionó una gran devastación. Lo importante, luego de que se apagan las llamas, es no permitir la intervención en los sectores quemados. Bajo las cenizas, persisten gajos y brotes que pueden permitir el crecimiento de las especies. Sin embargo, pisar y realizar movimientos de tierra en la zona podría dañarlos e impedir la regeneración.


Juan Carlos Scotto, secretario de Ambiente del Gobierno de la Provincia de Córdoba indicó a Sumario que a través de un estudio coordinado con el Instituto Gulich se analiza la severidad de los incendios y la cantidad de material combustible al momento del fuego. Respecto a la remediación ambiental, explicó: “Convocamos a un equipo intersectorial con los distintos miembros del Gobierno vinculados a los recursos naturales y hemos determinado como primera medida establecer como zona de clausura aquellos sectores afectados por los incendios forestales. Por esto, vamos a informar y actuar para que en las zonas incendiadas no circulen personas ni vehículos, a los fines de conservar todo lo que sean semillas que queden bajo las cenizas y esperar las primeras lluvias a los fines de ver la reacción de la flora. En relación con la fauna silvestre, celebramos convenios con los centros de rescate a los fines de que todos los ejemplares que podamos detectar y recuperar, llevarlos a esos lugares para luego poder restituirlos a su hábitat natural”.


Además, se proyecta reforestar las zonas urbanas y periurbanas con más de 400 mil ejemplares que serán distribuidos a los municipios que los soliciten. “La tarea más difícil, pero en la que confío que los intendentes podrán llevar a cabo, es la remediación compensatoria. Esto significa forestar todo lo que se pueda en las zonas urbanas y periurbanas de los municipios. Apuntamos que esto se realice de acá a dos años aproximadamente, ya que no se recomienda forestar apenas se producen los incendios, sino con posterioridad. La idea es forestar con más de 400 mil ejemplares de especies nativas. Ya hemos estado en La Calera, La Cumbre, Los Cocos, Charbonier, y todos aquellos lugares que han sido víctima del fuego. Seguramente después seguiremos en las localidades del departamento Santa María. Todos los municipios que manifiesten voluntad de poner árboles, serán asistidos por la Provincia con especies nativas” indicó Scotto.


Cada municipio deberá planificar su propio plan de remediación y en ese sentido solicitar el apoyo provincial para llevarlo a cabo. Al ser consultada por este medio sobre los programas que implementará Alta Gracia, la encargada del área de ambiente de la Municipalidad, Susana Ahuir, expresó que estaba esperando la propuesta oficial de la Provincia para estudiar su aplicación en el ámbito local.

 

Frenar el ecocidio

La posibilidad de realizar una remediación es concreta a largo plazo. Los árboles y las distintas especies nativas demandan mucho tiempo para regenerarse y crecer. Por eso mismo, lo más importante es que los incendios no vuelvan a producirse. La flora que se regeneró luego de los focos producidos en 2013 apenas estaba llegando a recuperar su capacidad de absorción y acción sobre el ecosistema cuando volvió a ser destruida por nuevos incendios en 2020. 


En este sentido, el cumplimiento de las leyes de protección ambiental y uso de los suelos es fundamental, junto con la prevención y la Justicia. “Los terrenos de propiedad privada están regidos por el uso del suelo. La propia flora de las zonas de bosque nativo tiene una capacidad de adaptarse y de regenerarse. Lo más importante es insistir con la reforestación compensatoria en los cascos urbanos y la prevención para que no vuelva a ocurrir. Además, hay que pedirle a la Justicia que actúe rápidamente en las causas por incendios de manera que el castigo sea ejemplificativo y no volvamos a tener estas acciones” sintetizó Scotto.
Sin un Nunca Más al ecocidio, el fuego de los incendios siempre arderá sobre la piel del bosque cordobés.
 

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