Nora Cortiñas: “Yo quiero toda la Justicia, no un pedacito”

domingo, 15 de marzo de 2020 · 10:00

(José de la Quintana, de nuestra redacción) Sin prisa, pero sin pausa. Con el paso lento, porque está a días de cumplir noventa años. Con un caminar constante, porque nunca descansó y siempre siguió andando, luchando toda una vida contra las injusticias. En la cabeza, el pañuelo blanco de la causa que la llevó a ser una de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo. En el medio del pecho, colgado de su cuello, un retrato de su hijo Gustavo. En la muñeca izquierda, el pañuelo verde, porque sabe asumir como propias las desigualdades que no la perjudican directamente, pero son parte de la sociedad en la que vive. Observando cada rincón de uno de los galpones del ex Batallón de Artillería 141 de José de la Quintana, Nora Cortiñas se aclaró la garganta y se aprestó a hablar con el centenar de personas que fue a ese inhóspito lugar a verla y escucharla.


Entre un espeso bosque nativo que durante años avanzó sin límites entre las construcciones, se erigen los edificios que fueron escenario del horror pasado y que en el presente están resignificados. El grupo de Trabajadores Unidos por la Tierra tomó posesión del Ex Batallón de Artillería 141 a principios de 2019 y realiza trabajos de producción de alimentos en el marco de la economía popular. La entrada está apenas señalizada, en medio de una curva de la ruta E56. Una vez avanzando en el ingreso, se ven las garitas de vigilancia, el portón metálico y un cartelito despintado que indica que no se puede ingresar sin la autorización de la Fábrica Militar de Río Tercero. A su lado, un enorme letrero invita a pasar al “Refugio Libertad”.


Cuartel militar. Represión. Memoria. Economía Popular. Cualquiera de los sintagmas anteriores podría corresponder al ex Batallón 141. Ese caluroso martes de marzo por la siesta, fue la memoria la que convoca. “Guardianes de la memoria. Guardianas de la vida”, con ese título, la actividad convocó a revalorizar la importancia del lugar como ex centro clandestino de concentración; se le entregó además a Cortiñas un proyecto realizado por los Trabajadores Unidos por la Tierra, en la que se pedía el reconocimiento del sitio. Participaron de la actividad Pablo Pimentel, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza; Adrián Camerano, periodista que investigó lo sucedido en el ex Batallón 141 y Martín Hisa, miembro de La Creciente y Unión de Trabajadores de la Economía Popular que viajó a Bolivia como parte de una delegación argentina en solidaridad con el país vecino.


La alocución de Nora Cortiñas demostró que el paso del tiempo no ha mermado la lucidez de la mujer, sino al contrario. Con claridad y energía, abordó la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, las cuestiones pendientes en materia de derechos humanos y la política económica actual.

43 años de lucha
Frente a un auditorio de alrededor de un centenar de personas, Cortiñas relató el inicio de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. En un espacio que es pretendido ser un sitio de la memoria, la mujer reveló también sus sensaciones al estar allí. “Hoy estamos en este espacio que me conmueve de pensar qué pasó por acá. Cuánta gente pasó por acá. A cuanta gente le mataron los ideales, los sueños. Pienso que cuando se recupera el espacio, le ponemos vida, los niños que juegan… es decir le robamos al terror para hacerlo esto para vivir otras generaciones” explicó y recordó que si bien es la primera vez que visita el ex Batallón 141, en Córdoba ya estuvo en otras oportunidades en La Perla y en el D2.


Mucho se ha hablado de que con su perseverancia y lucha constante, las Madres de Plaza de Mayo consiguieron sus objetivos al poder ver a los responsables de la desaparición de sus hijos tras las rejas. Sin embargo, Cortiñas remarcó que eso fueron algunos logros, pero que jamás tuvieron éxito en su lucha. “Las Madres siempre salimos a la calle teniendo una meta: saber qué pasó con nuestros hijos e hijas. Nosotros, si ustedes miran la vida que caminamos, dirán: <>. No pensábamos nosotras hace cuarenta años que el Terrorismo de Estado era tan tremendo que algún día íbamos a tener un poco de justicia. Siempre digo que el éxito en esa lucha hubiera sido abrazarnos con nuestros hijos e hijas. Todo lo demás que tuvimos son logros de la lucha, de salir a la calle, de tener la ilusión. Pero el éxito hubiera sido encontrarlos, abrazarlos, verlos crecer con sus hijos, con sus nietos…” destacó.


Al hablar del pasado, Cortiñas lo relaciona estrechamente con tiempos más lejanos y con el presente también. Para ella, los reclamos de 1976 son parientes de los de 1600 y de los de 2020. Los reclamos por la igualdad de derechos y el reparto de las riquezas son constantes desde hace varios siglos. “Nosotros venimos persiguiendo la Justicia desde hace muchos años. Hace 43 años que las madres estamos en la calle, fuimos envejeciendo en la Plaza, fuimos envejeciendo caminando. Uno de mis hijos fue detenido desaparecido desde 1977. Como él, hubo miles de jóvenes en esa década del 70. La Argentina es un país con gente llena de ilusiones. Por décadas, cada generación va teniendo sus ilusiones y va forjando un ideal. En la Argentina, la resistencia existe desde hace 500 años y hoy todavía, hay sectores que siguen luchando. Especialmente quiero señalar a las comunidades originarias. Siempre con la ilusión de que algún día se les termine ese peregrinar exigiendo tener lo que les corresponde. Siempre trabajando para hacer una Argentina vivible. Tienen sus tierras, ahora ya se las sacan todos los días y ellos luchan por eso” remarcó.

Un caminar constante
Un 30 de abril de 1977, Nora Cortiñas junto a otras madres comenzó a caminar alrededor de la Plaza de Mayo. Una vuelta… otra… y el andar nunca se detuvo. Los juicios le llevaron “un poco de Justicia”, pero aún no sabe qué ocurrió con su hijo Gustavo. No sabe cómo fueron sus últimos momentos de vida. No tiene restos a los que rendirle ningún tipo de culto. “Estamos peleando para que se abran los archivos. Nos dicen que no hay archivos. Pero sí hay. Los militares no destrozan todo después de una dictadura cruel como tuvimos. Se reservan algo por si alguna vez tienen que salir a la calle y tienen que matarnos. Si los jueces revisaran las adopciones que dieron, se sabría qué familias tienen a los nietos. Hay mucho para hacer todavía” sentenció. Y sin embargo, sabe que cuando eso acabe, siempre habrá algo más. Porque las vueltas del caminar, para ella, nunca terminan. “Si yo ya logré justicia para mí, entonces tengo que salir a buscarla para los otros. Yo ya voy a cumplir noventa años, pero no me puedo quedar en mi casa un día que hay una marcha porque me levanté cansada o quise hacer algo en mi casa, a lo mejor acomodar algo” remarcó Cortiñas.

Las asignaturas pendientes
Nora Cortiñas fue clara y contundente en su hablar el pasado martes 10 de marzo. No hubo éxitos, hubo algunos logros, pero queda mucho por hacer. La Justicia es una de las materias pendientes que ella señala en el accionar nacional. No solamente en relación a los juicios, sino al sistema en su conjunto. “Lo ideal que ya no hubiera ninguna figura de ese entonces [por la última dictadura militar]. Muchos tendrían que estar en una cárcel. No queremos venganza, pero no tendrían que estar libres. Hace poco fuimos a hacer un escrache a un genocida, José Maidana, que le dieron domiciliaria cuando cumplió dos tercios de la condena. Mientras él quedó libre, los desaparecidos que él desapareció siguen desaparecidos ¿Por qué tienen que estar libres si los desaparecidos siguen desaparecidos? Si además no dan ninguna información. Y yo quiero toda la Justicia, quiero toda la verdad, quiero toda la memoria. No quiero un pedacito. No, quiero toda”.

La economía nacional
En un discurso breve pero lleno de contenido, la Madre de Plaza de Mayo se refirió también a la política económica actual. Su principal crítica es la postura a favor del pago de la deuda externa en un país con un gran nivel de pobreza. “Hay que mejorar todo ¿Cómo se termina el hambre? No se termina repartiendo tarjetas para ir a comprar al supermercado. Se termina si el Gobierno recapacitara, dejara un tiempo sin pagar ni un peso de la deuda externa, averiguara qué es lo que nos quieren cobrar y no pagara ni un peso de lo que es estafa. Ningún país se fundió por no pagar la deuda externa, al contrario. Acá mismo en Argentina, se dejó de pagar la deuda un tiempo y luego se recompuso la economía” puntualizó.

¿Qué pasó en este lugar?
Nora Cortiñas escuchó el relato sobre las investigaciones que se realizaron para conocer lo sucedido en el ex Batallón 141; la lucha por declararlo espacio de la memoria; las actividades de los Trabajadores Unidos por la Tierra… Pero no se quedó con las narraciones indirectas. Miró a todos los presentes y los interpeló: “Quiero saber qué ocurrió acá, podemos reconstruirlo entre todos. Cuéntenme qué vivieron, qué vieron, qué supieron cada uno de ustedes”. Los espectadores, en silencio, se miraron unos a otros. Resultaba imperioso que alguien dijera algo a medida que el silencio se hacía más incómodo. Pero nadie lo hacía. Entonces, Cortiñas empezó a preguntar a algunos de los presentes en particular: “Yo vine después del 2000 a vivir acá. Me enteré por el diario” respondió un hombre. “A mí me contaron, lo que sé es porque me lo contaron” explicó una chica demasiado joven como para haber vivido en la última dictadura. 


Margarita Zeniquel se levantó de su silla y pidió la palabra. La mayoría de los presentes supo que el suyo era uno de los relatos que Cortiñas querría oír. “Yo estuve acá el 25 de marzo de 1976. Me trajeron detenida con mi hijo, que tenía 40 días” explicó ante un público en respetuoso silencio. “El problema es que en este pueblo, nadie quiere hablar” remarcó otro vecino.

La enfermería
A unos doscientos metros del galpón en el que brindó la charla, se encuentra otro edificio en el que se encontraba la enfermería del cuartel. Es el lugar señalado por algunos testigos como el sitio desde el que trasladaban a las personas hacia un destino incierto. Ese fue el sitio elegido para colocar un cartel que señalice: “Aquí funcionó un centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica”. Nora Cortiñas, Pablo Pimentel, Martín Hisa y Adrián Camerano estuvieron encargados de descubrir el letrero. Luego, quienes lo desearon, pudieron recorrer el lugar.
 

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