PANORAMA POLÍTICO

De Colmar Von der Goltz, el alcohol en gel y el Estado que viene

miércoles, 18 de marzo de 2020 · 21:33

I. Liberales eran los de antes

En 1983, el presidente de Francia -el socialista Fracois Mitterrand- justificó la implementación de políticas neoliberales llegadas al viejo continente de la mano de la ultraconservadora Primera Ministra británica, Margaret Tatcher. El entonces líder galo le guiñó el ojo derecho a un proyecto provisional, una suerte de “paréntesis liberal” que sirviera para construir el mercado único europeo. Paréntesis que dura hasta hoy, bajo la hegemonía francoalemana.

Casi 40 años después, el socialismo europeo devenido en socialdemocracia quedó mimetizado en la ortodoxia económica con los conservadores, apenas azuzado desde los partidos de ultraderecha o de la izquierda roja. El escenario resultante: el mercado único europeo pierde a Gran Bretaña, uno de los países que podría haber liderado la unificación inconclusa, y la ola neoliberal arrasó con el Estado de Bienestar de la postguerra mundial, aniquilando los sistemas públicos.

Cuatro décadas de aplicación sostenida de neoliberalismo transformaron a Europa en tierra fértil para la pandemia, con Italia como cementerio de preferencia.

El coronavirus resultó el argumento más contundente para defender la necesidad de Estado. A tal punto que parece -probablemente en forma muy transitoria- haber convencido a los líderes neoliberales de adoptar las defenestradas políticas “populistas”. “Subcontratar nuestra alimentación, nuestra protección, nuestra capacidad y nuestro modo de vida” al sistema privado, “sería una locura”, repitió el hasta ayer liberal presidente de Francia, Emanuel Macron.

Francia anunció un dispositivo excepcional de aplazamiento de cargas fiscales y sociales, prórroga de vencimientos bancarios y ayuda a empresas con riesgo de quiebra, por 300 mil millones de euros.

España se apresta a sacar de sus reservas 200 mil millones de euros –el 20 por ciento de su producto interno bruto– en un paquete de medidas que incluyen el refuerzo de la prestación por desempleo y el lanzamiento de avales para garantizar la liquidez a las pymes.

Y no es todo: Ya hay proyectos para… ¡nacionalizar empresas privadas!, Alitalia entre ellas… ¡Horror, Perón y Chávez conquistan Europa!

La crisis mundial por la pandemia puso en jaque la noción misma de mundo globalizado. ¿De qué aldea global puede hablarse si al primer estornudo masivo se cierran las fronteras? Súbitamente, muchos autodeclarados “ciudadanos del mundo” empezaron a agitar su pasaporte verde gritando “soy argentino, exijo volver a mi país que cuenta con hospitales públicos”… en un vuelo de la aerolínea de bandera que hasta hace poquito querían regalarle a Fly Amarillo PRO.

Humoradas al margen, la pandemia marca una bisagra en la que el debate sobre el rol (o un nuevo papel) del Estado, ocupará inevitablemente la centralidad de lo que queda del siglo. El proceso tendrá sus contradicciones y conflictos. Cabe tener en cuenta que el capital financiero (parasitario) mundial que flota y succiona es de 250 mil billones de dólares. Si se repara en que el Producto Bruto Interno (PBI) de Estados Unidos es de 20 mil billones, queda claro que el poder mundial a desarticular está muy por encima de los estados nacionales.

II. Las armas del pueblo

En 1910, el mariscal alemán Colmar von der Goltz fue el enviado germano a las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo.  Von del Goltz fue un teórico con fuerte influencia en Argentina. En su libro “El pueblo en armas” plantea que una nación debe movilizar todos sus recursos, humanos, económicos e ideológicos, para poder imponerse en un enfrentamiento bélico moderno. Sostiene, además, que un país debe contar con la capacidad de fabricar sus propias armas, sin depender de otros. El militar del Imperio Alemán destacaba que desde la industria militar debía desarrollarse el resto de la industria nacional y que el Estado debía promulgar leyes sociales. “Un obrero explotado no será nunca un buen soldado ni defenderá su patria si no la considera propia. El Estado debe garantizar la educación y salud de los trabajadores, para poder contar luego con soldados sanos y alfabetizados”, sostenía Von del Goltz. Sus ideas sentaron el precedente del desarrollo de la industria nacional en Argentina y Juan Perón le imprimió marca propia al desarrollar su concepto de comunidad organizada.

Ante la recesión global que se propaga a la velocidad del coronavirus, el presidente Alberto Fernández desempolvó el peronismo y rápidamente comenzó a producirse alcohol en gel y barbijos en las instalaciones de las fuerzas armadas. Además, el Presidente apeló a una de las debilidades que mejor seduce a la sociedad argentina y ofreció su propia versión de mano dura, prometiendo inflexibilidad contra especuladores y violadores de las cuarentenas. Su imagen se fortaleció con la crisis.

La batería de medidas impulsadas por el Gobierno Nacional para dinamizar la economía terminó con la parálisis de gestión impuesta por la renegociación de la deuda. A esta altura, el default dejó de ser el fantasma que amenaza a la administración y Fernández se transformó en el estadista que conduce a propios y extraños (sentó a Horacio Rodríguez Larreta a su lado a la hora de los anuncios más importantes), diluyendo los amagues opositores y disciplinando de arriba hacia abajo a todo el país. Poco espacio para el pataleo.

Resta ver si el Jefe de Estado logra crear las condiciones para que esta excepcionalidad se transforme en la oportunidad de barajar y dar de nuevo en el convulsionado escenario global… y jugar con mejores cartas.

III. Recalculando

Con veloces reflejos el gobernador Juan Schiaretti pegó un golpe de timón y reorientó sus planes de gestión. Imagina su tercer mandato signado por la lucha contra la pandemia y también en ese terreno buscará posicionarse junto a los vencedores. Necesita a Córdoba con niveles de contagio inferiores al del resto del país y hasta ahora los números lo ayudan.

La lucha contra el coronavirus también ayuda a Schiaretti a cerrar la interna peronista. El equipo de interlocutores designado para negociar con el albertismo ya logró el primer objetivo: suspender la interna prevista para el 26 de abril, por un lado, y sacar de la discusión la presidencia del Partido Justicialista Córdoba, que ejercerá el Gobernador.

A la hora de elegir, Schiaretti integró su equipo de negociadores con integrantes de la vieja guardia delasotista: Oscar González y Jorge Montoya, entre otros dirigentes que han compartido espacios políticos desde hace dos décadas con Carlos Caserio, principal referente del albertismo en la provincia.

Si bien en la primera reunión se coincidió en que la discusión por los cargos en la futura estructura del PJ Córdoba no podía darse en el actual contexto de emergencia sanitaria nacional, también lo es que el acuerdo que “cierra” con cierta comodidad por arriba, encuentra serias dificultades en algunos departamentos. Santa María es uno de ellos. Y si bien podría imaginarse un apretón de manos forzado por las cúpulas nacional y provincial, hoy resulta impensable que haya paz entre los cuadros medios y la militancia de base. Ni siquiera el Intendente de Gracia -Marcos Torres Lima- figura entre los más adeptos a aceptar entendimiento alguno.

Por su parte, Walter Saieg retomó la iniciativa. El Secretario de Transporte de la Nación anuda desde Buenos Aires los acuerdos políticos con los que pretende conservar su hegemonía en el departamento, más allá de la imposibilidad de repetir mandato de muchos de los jefes comunales que aún le responden. Recientemente, Saieg logró la designación de una de sus principales espadas, Daniela Ferrari, al frente de la Delegación Alta Gracia del PAMI. Fuerte señal política de su peso en el escenario nacional.

El coronavirus impone la paz, pero los actores velan sus armas esperando la hora de las definiciones. Desde la cúspide, los acuerdos locales serán los más difíciles de anudar.

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