A veces, paridad no necesariamente significa igualdad

viernes, 17 de julio de 2020 · 09:33

Este miércoles, luego de que el Concejo Deliberante aprobara el pedido de licencia de Pablo Ortiz para pasar a ser Secretario de Servicios Públicos, asumió en su banca Mónica Prada. Tras la asunción, los ediles celebraron que, por primera vez en la historia, el legislativo local contaba con paridad de género.

Si bien no deja de ser loable y positivo la cada vez mayor presencia de mujeres en los distintos puestos de decisión y poder de la política, tampoco implica una verdadera equidad de género. En 2015, María Eugenia Vidal llegó a ocupar el cargo de gobernadora de la provincia de Buenos Aires y no tuvo a una sola ministra en su gabinete a lo largo de todo el mandato. Durante el debate de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en la Cámara de Diputados en 2018, si se cuenta solamente el voto de las diputadas, el resultado fue 49 en contra, 50 a favor y 1 abstención. En el Senado, el resultado de esa votación entre las representantes de las provincias fue de 14 a favor, 14 en contra y 1 abstención.

Hasta las cuestiones más mínimas son motivo de fuertes discusiones en materia de igualdad de género. La vicepresidenta Cristina Fernández debió llamar la atención de varios senadores –y senadoras también- cuando se empeñaron en llamarla “presidente” en las sesiones, a pesar de su identidad de género femenina. Es recordado el “Presidenta-ta-ta” José Mayans y que cuando él replicó: “No tiene sexo la palabra presidente” le respondió: “Eso lo dicen los machistas”. Lo mismo sucede con el “Gracias senador”, dirigido a Silvia Elías. Hasta la Real Academia Española intervino en el debate, cuando un usuario de Twitter consultó sobre el tema y desde la cuenta oficial de la institución respondieron: “En referencia a una mujer, la opción más adecuada hoy es usar la forma «presidenta», femenino documentado en español desde el s. XV y presente en el diccionario académico desde 1803”.

Sin embargo, los arcaísmos persisten. Es marcada la “e” final con la que las concejalas Amalia Vagni y Lucía Allende se refieren a la presidenta del Concejo Deliberante, aunque la Cristina local no genera debate señalando una preferencia por “presidente” o “presidenta”. También, son pocos los ediles que se refieren a sus pares mujeres como “la concejala”.

“Lo que no se nombra, no existe” señalaba George Steiner y en el legislativo local, el uso de los sustantivos femeninos está bastante oculto. Y no necesariamente es en las voces de las concejalas entre quienes más fuerza adquiere. Basta mencionar la pobre defensa del proyecto de ordenanza que propone la creación de un curso sobre violencia de género como condición para casarse realizada por Ana María Busse el pasado 8 de julio. “Es importantísimo, si bien el Gobierno Municipal viene trabajando arduamente con la Dirección de Políticas de Género y la Secretaría de Salud y Familia, es necesario que hagamos extensivo en la ciudad de Alta Gracia la Ley Micaela, para que terminemos con el flagelo de la violencia en todo contexto, la violencia de género hacia las mujeres. Es sumamente necesario que la Ley Micaela se extienda a todos los ciudadanos de nuestra ciudad” explicó brevemente la concejala luego de leer el proyecto de ordenanza. Más allá de que las capacitaciones en el marco de la Ley Micaela son el caballito de batalla de la dirección a la que Mónica Prada renunció, plantear esa argumentación es desconocer el contenido de la Ley Micaela: capacitar en materia de género a los agentes del Estado. Se trata de una legislación para evitar la violencia machista entre quienes deben impartir las leyes o trabajar para aplicarlas en cualquiera de las dependencias estatales. No es una ley pensada para la universalidad de la población, como lo hay otras, por ejemplo la de Educación Sexual Integral que debe aplicarse en todos los niveles educativos. Además, creer que un curso prematrimonial llegará a toda la población es suponer que cada uno de los habitantes de la ciudad en algún momento se casarán. Aydeé Palavecino, Silvia Maddalena y Johanna Altamirano no estaban casadas, ni tampoco lo estaban sus femicidas.

Al terminar su exposición, la Presidenta del Concejo debió preguntarle a Busse si mocionaba el pase a una comisión, ya que ella no había pedido ni eso ni el tratamiento sobre tablas y posteriormente, Roca también debió consultarle a qué comisión deseaba pasarlo.

La tan celebrada paridad de género en el Concejo Deliberante solo será efectiva cuando haya empates y Roca deba intervenir. Porque si se cuenta solamente a los concejales, son cinco hombres (Pedro Spinetti, Manuel Ortiz, Duilio Silva, Ricardo González y Marcelo Jean) contra cuatro mujeres (Amalia Vagni, Lucía Allende, Mónica Prada y Ana María Busse).

Mónica Prada llegó al Concejo Deliberante y fue celebrada su asunción en la banca por su trayectoria en Atención al Vecino y en la Dirección de Políticas de Género. Además, su incorporación achicó la brecha entre hombres y mujeres en el recinto. Sin embargo, al ser entrevistada en Siempre Radio 93.3 a minutos de jurar como concejala, evitó explícitamente la palabra feminista. “No diría feminista, pero sí soy una referente de los derechos de las mujeres en Alta Gracia” respondió cuando se le consultó si se define como la concejala feminista en el recinto tras su labor en género. En una entrevista realizada por Sumario, el diario de los viernes, al ser elegida presidenta del Consejo de la Mujer, explicó que no trabajarían todo el tiempo en cuestiones de violencia de género y destacó otras propuestas, como una ordenanza de protección animal: “No es que vamos a trabajar solamente en lo que es Ni Una Menos, ni en lo que es el feminismo. No. Nosotros somos bastante amplios y lo vamos a seguir siendo. Vamos a ver cómo se suceden las cosas y estamos bastante abiertos para escuchar propuestas y ver qué podemos hacer en pos de la comunidad y de las mujeres de Alta Gracia, de Córdoba y de Argentina. Hace poco salimos en medios de toda la Argentina con la campaña de los perritos, que fue algo maravilloso [Por la campaña de eximición de impuestos municipales a quienes adoptaran perros callejeros]” remarcó Prada hace un año.

La violencia de género, los femicidios y las desigualdades entre hombres y mujeres alcanzaron cifras alarmantes. La necesidad de un Concejo Deliberante, una Legislatura Provincial y cámaras de Diputados y Senadores dispuestos a defender los derechos de las mujeres es imperiosa. La paridad de género debería implicar una paridad en cuanto a derechos. Aunque no siempre es una consecuencia directa.

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