Opinión

Pasitos pequeños, pero firmes

Por Julia Conalbi
sábado, 8 de agosto de 2020 · 09:10

El 8 de agosto de 2018, en la provincia de Córdoba, no había protocolo de Interrupción Legal del Embarazo (ILE) amparado en causales estipuladas por una ley que ya tiene casi un siglo de antigüedad. Tampoco existía, para esa fecha, producción estatal de misoprostol en ningún lugar de la Argentina. Hace exactamente dos años, era uno solo el laboratorio que estaba autorizado en el país a distribuir la droga que permite interrumpir un embarazo en el primer trimestre. Aún no se había conformado –o no tenía visibilidad pública- el grupo de Socorristas de Paravachasca y quienes desearan abortar debían contactarse con la organización Socorro Rosa Córdoba o acudir a la clandestinidad sin ningún tipo de cuidado. La información sobre cómo abortar de manera segura estaba escondida y no era posible encontrarla con facilidad en internet.

El 8 de agosto de 2018, una mujer que quisiera abortar en la provincia de Córdoba no tenía un protocolo de ILE que la amparara si la gestación era fruto de una violación, ponía en riesgo su salud o su vida. En la mayoría de las localidades del interior, tampoco había organizaciones que tendieran redes para evitar que quienes por diversos motivos no desearan parir murieran en la clandestinidad. El misoprostol era de difícil acceso incluso para quienes perdían espontáneamente un embarazo deseado.

 

Ya está listo el proyecto de legalización del aborto

 

Hace dos años, Lucía, una niña tucumana de once años no había tenido que suplicar “Quiero que me saquen esto que me puso adentro el viejo” en una larga odisea para reclamar su derecho al aborto luego de una violación. Tampoco María a sus doce había tenido que sufrir el destrato de profesionales de la salud que alteraron las fechas para impedirle el acceso a la ILE. Ivana Micaela estaba viva en 2018, sin saber que moriría a sus 22 años intentando terminar con un embarazo no deseado. A V. V. G., víctima de la clandestinidad en La Plata, le quedaba poco más de un año de vida. La ilegalidad hace que sea imposible contar a ciencia cierta la cantidad de niños, padres, madres, hermanos, parejas y amigos que perdieron un ser querido por el aborto clandestino.

El 8 de agosto de 2018, la Cámara de Senadores de la Nación Argentina determinó por siete votos de diferencia que las prácticas ilegales seguían en pie. Es difícil –por no decir imposible-, encontrar notas periodísticas que den cuenta de muertes por abortos clandestinos entre habitantes de barrios privados o sectores exclusivos. Son innumerables los informes que dan cuenta de víctimas que vivían en barrios periféricos o marginales, que no tenían más recursos que una aguja de tejer, una percha o un tallo de perejil. "Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en Sanatorios hacen fortunas sacándoles la vergüenza del vientre a las ricas. Con el divorcio decían que era el fin de la familia. Y sólo fue el fin de la vergüenza de los separados ilegales. Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar" manifestaba en 1997 René Favaloro. Incluso, a pesar de considerar que el aborto es “un acto criminal”, el inventor del by pass opinaba que su legalidad y la educación sexual eran las únicas vías para salir de la hipocresía y que descendiera la cifra de interrupciones de embarazos.

 

Diputadas y referentes de movimientos feministas renovaron su apoyo al aborto legal

 

Las leyes no salen porque sí. Se aprueban, se sancionan y se promulgan porque hay sectores que las reclaman, las impulsan, las defienden. La gran marea verde que se movilizó por las calles de todo el país hace dos años y que no se detuvo, manifestó su apoyo a la legalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. La Campaña Nacional por el Aborto Legal sumó adherentes y sus gritos cobraron más fuerza. En dos años, se avanzó a pasos pequeñitos, pero firmes, hacia la búsqueda de la legalidad del aborto. Cada muerte por clandestinidad estruja el corazón al pensar qué poquito faltó, pero también impulsa a luchar porque sea la última.

Sin embargo, los sectores de las iglesias evangelistas y defensores del aborto clandestino, también mueven sus piezas para evitar que 2020 sea el año en el que la ley se promulgue. El discurso de apertura de sesiones de Alberto Fernández puso en alerta a los sectores antiderechos. La Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) tomó al 8 de agosto como día de “Acción por las dos vidas” y convocó a movilizaciones en todo el país para esta jornada. “Nos produce desasosiego que el Gobierno nacional insista en girar un proyecto de ley de aborto y no respete una decisión que fue votada constitucionalmente por el Senado de la Nación, el 8 de agosto de 2018” plantea la alianza en un documento en el que manifiesta sus intenciones de fosilizar y enquistar las leyes vigentes sin acceso al debate democrático y parlamentario.

 

Analía Subirá: "Los abortos clandestinos son un flagelo"

 

La legislación solo es posible si hay movimientos y sectores que impulsan a que se trate y se apruebe. En pandemia, también mueren mujeres por el delito de pretender decidir sobre sus cuerpos y no tener dinero para pagar una práctica segura. Cada día de demora en el tratamiento y sanción de una ley de aborto seguro y gratuito se refleja en vidas que se pierden. Y es la marea verde la que se encarga de gritarle a los diputados, senadores y gobernantes que en el siglo XXI, las mujeres deberían poder decidir sobre sus cuerpos.

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