“Con Nürburgring tuve mis 30 segundos de fama”

Henzo Comari, mecánico de Alta Gracia, miembro de la Misión Argentina en Alemania en 1969.
viernes, 13 de enero de 2012 · 00:00
Por Horacio López das Eiras Especial para Sumario hora2011@hotmail.com.ar Tenía 33 años al integrar aquella histórica delegación, cuando tres Torinos tronaron en “Las 84 horas de Nürburgring”. Hoy, con 75 años, sigue de mameluco engrasado. Se lo podría definir como un “veterano de antiguas batallas”. O como un viejo artillero, miembro de un ejército que hace 43 años cruzó la cordillera oceánica para dar combate en el corazón del territorio alemán. El general y estratega era Juan Manuel Fangio; el comandante y cerebro, Oreste Berta. Henzo Comari, era uno de los diez soldados que desde la trinchera asistía y controlaba al andar de la máquina taurina que en poco tiempo lograría convertirse en un símbolo argentino: simplemente, el Torino, o “Toro”. Los gladiadores del volante son próceres inscriptos en los manuales de la historia fierrera nacional: Copello, Cupeiro, Di Palma, Perkins, Galbato, Franco, García Veiga, Rodríguez Larreta y Rodríguez Canedo. ¿Les suena? De origen santafecino, Comari sabe que aquella gesta en Nurburgo ( Nürburgring en alemán) dejó marcado su apellido, de origen italiano, en las páginas de la historia. Páginas que el ha sabido recuperar y recopilar en un “libro” de fabricación casera, con la historia general y en capítulos específicos, de cómo fueron y lo que significaron aquellos días gloriosos, conocidos como “Las 84 horas de Nürburgring”. (Para quienes no habían nacido o eran muy pequeños, Ñurbunrbring tenía una cobertura que, salvando distancias, podría compararse con la que en estos días ocupa en los medios el Rally Dakar en nuestro país). “Sin dudas que en mi vida aquello fue un antes y un después”, dice con natural aplomo Comari. Y agrega con sonrisa de buen abuelo: “Fueron mis 30s de fama que dice Tinelli”. Esos 30s que representaron los días previos, durante y después de Alemania, potenciaron al eterno motorista. Pero aquellos laureles, no durmieron a Comari y su vocación de cirujano de autos lo sostiene en su taller de la primera cuadra de la calle Cuyo, en el barrio Caferatta. “No pongo la hora en que empiezo a trabajar porque se me va a llenar de gente y no doy abasto. Pero empiezo temprano hasta mas o menos las 9 de la noche”. Aunque ya jubilado, el hombre sabe que su corazón no tiene cura. Es un corazón que nació para latir a full en la entraña de su taller. (Leer nota completa en la edición impresa N° 496 del viernes 13 de enero de 2012)

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