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title: "Inflación: los muertos que mata Caputo gozan de buena salud"
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description: "El IPC de febrero volvió a marcar 2,9%. Analistas anticipan subas similares o mayores en marzo y el Gobierno ya tiene relato listo: la guerra en Medio Oriente."
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date_published: "2026-03-12T18:37:00-03:00"
date_modified: "2026-03-12T18:57:31-03:00"
tags:
  - "Gobierno de Milei"
  - "inflación"
  - "IPC Febrero"
  - "Luis Caputo"
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category_name: "Economía"
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# Inflación: los muertos que mata Caputo gozan de buena salud

**(Buenos Aires; SN).-**La inflación volvió a marcar 2,9% en febrero. No bajó. No sorprendió. Tampoco cambió la tendencia. El dato confirmó algo que empieza a incomodar incluso a quienes defendieron con entusiasmo el experimento libertario: el objetivo excluyente del Gobierno nacional sigue sin cumplirse.

Desde la asunción de Javier Milei, la política económica se presentó como una cruzada de un solo punto. El Presidente repitió hasta el cansancio que el combate contra la inflación era la prioridad absoluta. Ajuste fiscal, recorte del Estado, caída del consumo y salarios licuados: todo tenía una justificación. Bajar los precios.

Pero los números cuentan otra historia.

El índice de febrero quedó incluso por encima de lo que esperaban algunos analistas, que estimaban una cifra cercana al 2,7%. En términos interanuales, la inflación ronda el 33%, una marca que muestra que la desaceleración prometida todavía no aparece.

No es un episodio aislado. Los precios vienen registrando variaciones mensuales cercanas al 3% desde hace 10 meses, después de una etapa en la que el Gobierno celebró haber perforado el 2%. La tendencia dejó de ser descendente. Se estabilizó en un nivel incómodo, similar al que tanto le criticaban a Alberto Fernández (antes del plam platita de Sergio Massa).

Y cuando la inflación deja de bajar, la política económica queda desnuda.

Porque la administración libertaria eligió una estrategia extrema. El ajuste fiscal más fuerte en décadas. Tarifazos. Licuación del gasto público. Paralización de la obra pública. Desregulación económica a gran escala.

El argumento era simple: soportar el dolor para eliminar el problema.

El problema sigue ahí.

Mientras tanto, los informes privados ya anticipan que marzo podría traer un nuevo repunte. El encarecimiento de servicios regulados, la presión sobre alimentos y el traslado de costos energéticos empiezan a empujar nuevamente el índice.

Y justo cuando el relato económico empieza a mostrar grietas, el contexto internacional ofrece un salvavidas discursivo.

La guerra en Medio Oriente -con su impacto sobre el petróleo y la energía- ya aparece en los análisis como un factor que podría presionar los precios globales. Una explicación perfecta para justificar lo que en la Argentina sigue siendo un fenómeno estructural.

Es probable que en los próximos meses se escuche ese argumento con frecuencia.

La culpa será del petróleo.  
O de la guerra.  
O del mundo.

Nunca de la política económica.

Sin embargo, el dato incómodo persiste: el Gobierno que llegó prometiendo resolver lo que consideraba el problema central de la economía argentina todavía no logró que la inflación baje de manera sostenida.

Y si el tan perseguido objetivo no se cumple, la pregunta es inevitable.

¿Para qué sirvió tanto sacrificio?

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