LA NOTA DEL DOMINGO

Sorpresa y... modelo de gestión altagraciense

Por Jorge Conalbi Anzorena
domingo, 21 de marzo de 2021 · 00:00

El triunfo de Martín Barrionuevo en la interna radical de hace una semana implicó un terremoto político en el Comité de Circuito Alta Gracia de la Unión Cívica Radical. Se trató de una victoria anunciada que solamente sorprendió al oficialismo partidario, que subestimó el hondo malestar de los afiliados con una conducción que ya cumplió una década en la tundra que el llano le reserva a los opositores.

El descontento de las bases radicales no sólo se expresó en el triunfo del joven opositor. La masiva ausencia a las urnas también fue un mensaje: apenas votó el 25 por ciento del padrón.

El resultado de las urnas radicales no pudo ser mejor para la estrategia del gobierno de Alta Gracia. Barrionuevo prácticamente saca de la carrera por la intendencia a la generación post Mario Bonfigli, ya que Germán Rodríguez, Roberto Brunengo y Amalia Vagni quedaron en el vagón de los derrotados, y van… Por su parte, Leandro Morer -quien jugó a la prescindencia durante buena parte del proceso- a último momento se subió ese tren de los vencidos.

Con semejante camada de dirigentes cacheteada por un candidato primerizo, el ministro Facundo Torres Lima siente cumplido su sueño de “jubilar virgen” (haciendo referencia a la ausencia de victorias) al natural recambio generacional del radicalismo, hoy refugiado en la nostalgia por los lejanos triunfos de Audino Vagni y Mario Bonfigli.

Aunque Hacemos Por Alta Gracia no deba descartar que Barrionuevo pudiera esconder una próxima sorpresa y una posible amenaza, en principio el torrismo siente que tiene el camino despejado.

A poco más de dos años de los próximos comicios municipales, el oficialismo altagraciense respira con cierta calma en camino hacia 2023. Dos son las mayores preocupaciones. El escenario provincial que depare la sucesión del gobernador Juan Schiaretti y un eventual triunfo opositor a nivel provincial, por un lado, y… una interna propia, por el otro, de imprevisibles realineamientos.

Es que, en el mar de la ingeniería electoral y una no-política signada por la mera ambición de ser elegido en algún cargo, todo es posible. ¿Acaso alguien se sorprendería de un eventual abrazo reconciliador entre Walter Saieg y Facundo Torres Lima?, ¿o de un también eventual sorpresivo retorno del ministro de gobierno a la Intendencia que dejó en manos de Marcos Torres Lima?... Ninguna, absolutamente ninguna hipótesis, puede ser descartada. Y no se debe “al arte de lo posible”, sino a un declamado pragmatismo que, en definitiva, oculta tras la voluntad de llegar por llegar la resignación de administrar un Estado, en función del lobby que imponga las reglas de juego.

En este sentido, resulta altamente esclarecedor el informe “Los puntos de dolor en Córdoba”, una reciente investigación cualitativa -utilizando la metodología de grupos focalizados- realizada por la Consultora JWC Investigación Social y Política, que dirige la licenciada Marina Llaó.

JWC invitó a diferentes ciudadanos/as laboralmente activos, de nivel socioeconómico medio, y edad entre 40-65 años, a manifestar sus opiniones sobre la gestión provincial, profundizando en aquello que no les gusta, mencionado espontáneamente por los participantes, para ahondar sobre sus motivos. Se realizaron con tal fin cuatro encuentros de modalidad virtual.

El estudio -cuya versión completa puede leerse aquí- advierte que “en Córdoba suelen replicarse y ampliarse las discusiones nacionales por encima de las locales. En los medios de comunicación, por ejemplo, hay silencio en torno a la discusión sobre el proyecto político de quienes gobiernan la provincia”. Y revela que cuando en las consultas se logra llegar al plano provincial, “en el balance de gestión emerge un malestar. Aparecen con frecuencia enojos, irracionalidades, y fuertes contradicciones”.

El trabajo caracteriza a Hacemos Por Córdoba como “una fuerza que se traduce en la trama de sentidos como una gestión que se ocupa de brindar soluciones pragmáticas, desanclada de un sistema nacional de partidos y dependiente del nombre propio que la encarna (Juan Schiaretti). Un ejemplo de esto se palpa con claridad en lo que el gobernador dio por llamar, en el acto de apertura de sesiones ordinarias, como el Modelo de Gestión Cordobés (MGC). Este modelo, además de ser una estrategia discursiva en pro de despersonalizar la marca política y separar la gestión de su figura para abrir un espacio en el cual pueda delegar el liderazgo, es también un rótulo proveniente del marketing que tiene por objetivo quitarle todo carácter político a las acciones y decisiones de gobierno. La pura rendición de cuentas, desalmada de política, quizás explique el “escaso interés” que despierta en la ciudadanía”.

Y vale la pena detenerse en la conclusión del trabajo: “Si bien confirmamos que hay un notable malestar con temas como el recorte de las jubilaciones, la situación de los empleados provinciales, el endeudamiento provincial, el ordenamiento territorial y la atención ciudadana; todo ese malestar está pulverizado, no se ancla en un solo tema ni instala un clima de opinión lo suficientemente potente en su crítica. Es decir, el malestar no alcanza a configurar una agenda crítica. Esto sucede en parte porque, transversalmente, están las diferencias ideológicas entre quienes hacen sus señalamientos críticos. No emergen ordenadores políticos sobre el cual pivoten las críticas, con miras a reconvertir el malestar. Por eso podemos decir que, en Córdoba, ´lo que no mata hace más fuerte´, ya que la crítica siempre queda a disposición del gobierno. Es decir que, llegado el caso, el gobierno puede corregir su performance tomando (algunos de) estos puntos y cambiar la estrategia para aliviar los puntos de dolor (como si se tratase de un tablero de gestión, con palancas y botones). A favor de esta idea de que ´el gobierno tiene la sartén por el mango´, recordemos que los oficialismos disponen del acceso privilegiado a la información técnica necesaria para las tomas de decisiones, además de contar con los recursos del aparato de gobierno. En conclusión, la crítica puede que sea muy virulenta en lo emocional, pero no hace mella. Tampoco está capitalizada por algún espacio opositor. Esto sucede porque la gestión no está politizada, ya que la discusión ideológica en Córdoba está desplazada a un lugar de insignificancia”.

La investigación cualitativa de JWC, si bien aborda el escenario provincial, es absolutamente trasladable al plano local, a tal punto que el Intendente Marcos Torres Lima hace propia la consigna de gestión “no para” del gobierno provincial. Con dos aspectos a su favor: la oposición legislativa -tal cual lo demostró tras la apertura de sesiones del Concejo Deliberante- no supera el escenario de la gestión, sin develar “puntos de dolor” locales a la hora de evaluarla. Por otra parte, más allá de la irrupción de Barrionuevo como dirigente a tener en cuenta, el actual gobierno no parece tener en el horizonte mayores amenazas que las propias.

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