OPINIÓN

El trabajo y la Constitución, en su día

Por Jorge Horacio Gentile (*)
sábado, 1 de mayo de 2021 · 01:27

El 1° de mayo se conmemora en Argentina el día del trabajo, pero también, y a partir de la ley 25.863, el Día de la Constitución.
Día del Trabajo
En noviembre de 1984 se celebró el IV Congreso de la Federación Americana del Trabajo en Chicago, EEUU, en el que se pidió reducir la jornada laboral a 8 horas, y si no se cumplía con ello para el 1° de mayo de 1886, se declararían una huelga. Al no conseguirse lo solicitado se hizo la huelga y un desfile el 1° de mayo de 1886, en el que se reunieron a más de 350.000 obreros en New York, Chicago y Cincinnati. En la represión fallecieron 4 obreros. Por ello el presidente Andrew Johnson promulgó una ley que estableció la jornada laboral de 8 horas.
Desde entonces, el 1° de mayo es el Día del Trabajo en muchos países. En Argentina ese día de 1890 se conmemoró por primera vez, y el 28 de abril de 1930, el presidente Hipólito Yrigoyen instituyó el 1° de mayo como “fiesta del Trabajo en todo el territorio de la Nación”.
Día de la Constitución
Cuando el 1° de mayo de 1853 el convencional cordobés, Juan del Campillo, terminó de escribir de puño y letra en el “Gran Libro” (de contabilidad) la “Constitución de la Confederación Argentina”, la misma fue firmada y jurada por los 23 convencionales constituyentes, después de su presidente Facundo Zubiría, sin saber que en el siglo XXI, dicha Carta –con algunas reformas- seguiría vigente, siendo las 2ª más antigua de América, después de la de EE UU (de 1787).
Después de las firmas Zuviría dijo: “Acabáis de ejercer el acto más grave, más solemne, más sublime, que es dado a un hombre en su vida mortal: “fallar sobre los destinos prósperos y adversos de su Patria; sellar su eterna ruina o su feliz porvenir. El cielo bendiga el de esta nuestra infortunada Patria. Acabáis también de sellar con vuestra firma, vuestra ignominia en su eterna maldición. Dios nos salve de ellas, siquiera por la pureza de nuestras intenciones.”
“Los pueblos impusieron sobre nuestros débiles hombros todo el peso de una horrible situación y de un porvenir incierto y tenebroso. En su conflicto, oprimidos con desgracias sin cuento nos han mandado a darles una Carta Fundamental que cicatrice sus llagas y les ofrezca una época de paz y de orden; que los indemnice de tantos infortunios, de tantos desastres. Se la hemos dado cual nos ha dictado nuestra conciencia. Si envuelve errores, resultado de la escasez de nuestras luces, cúlpense ellos de su errada elección. Con las Carta Constitucional que acabamos de firmar, hemos llenado nuestra misión y correspondiendo a su confianza, como nos ha sido posible. Promulgarla y ordenar su cumplimiento ya no es obra nuestra. Corresponde al Director Supremo de la Nación, en sello de su gloria, en cumplimiento de los deberes que ella le ha impuesto y que él ha aceptado solemnemente. A los pueblos corresponde observarla y acatarla so pena de traicionar su misma obra; de desmentir la confianza depositada en sus representantes y contrariarse a sí mismo presentándose en ludibrio de las Naciones que los rodean.
(…)Quiero ser el primero en dar a los pueblos el ejemplo de acatamiento a su soberana voluntad expresada por el órgano de sus representantes en su mayoría, porque, señor, en mayoría está la verdad legal. Lo demás es anarquía y huya ésta para siempre del suelo argentino; y para que huya de él, preciso es que antes huya de este sagrado recinto; que huya del corazón de todos los representantes de la Nación; que no quede en él un solo sentimiento que las despierte o autorice en los pueblos.(…)
El 1º de mayo de 1851; el vencedor de Caseros firmó el exterminio del terror y del despotismo. El 1º de mayo de 1853 firmamos el término de la anarquía; el principio del orden y de la ley. Quiera el cielo seamos tan felices en nuestra obra como él fue en la suya”.

Córdoba, abril de 2021.
(*) Profesor emérito de Derecho Constitucional de la UNC y UCC y fue diputado de la Nación.

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