LA NOTA DE DOMINGO

Para ponerle el pecho a las balas

Por Jorge Conalbi Anzorena
domingo, 16 de mayo de 2021 · 00:01

Alta Gracia registró el pasado viernes 14 el récord de casos detectados desde el comienzo de la pandemia de la Covid 19. Los 71 contagios registrados en la ciudad ese día, son una cifra que debe llevar la preocupación al espanto. No sólo por la cantidad, sino porque de continuar el crecimiento de la curva de infecciones se abre la puerta al escenario más temido: el colapso del sistema sanitario, ya desgastado tras un año de lucha contra la enfermedad, la falta de recursos humanos y el maltrato salarial.

A este peor momento se llega sin red. Quienes pudieron soportaron el 2020 quemando ahorros. Otros, aguantaron el embate con las ayudas del Estado, y otros quedaron en el camino. Y aunque en el gobierno nacional el debate interno ha llevado al enfrentamiento sobre qué medidas tomar ante el nuevo contexto, está claro de antemano que serán de menor cuantía y frente a una situación más grave.

Se suma, el gravísimo relajamiento social. Recorrer Alta Gracia equivale a pasar revista a calles llenas de gente, sin cuidado de la distancia social, muchas veces sin tapabocas y sin nadie que controle, a diferencia del año anterior, cuando los miembros de Defensa Civil colaboraban en hacer respetar las normas sanitarias. Ni hablar de lo que ocurre puertas adentro de los supermercados y algunos almacenes de barrio.

Ante semejante actitud, ni siquiera la masiva llegada de vacunas prevista para principios de junio podría ser suficiente para evitar el colapso del sistema sanitario que ya asoma.

Hasta ahora, Argentina ha logrado un buen porcentaje de vacunación cuando se la compara con el resto del mundo, y si bien la perspectiva no está entre las mejores, se ubica bastante arriba de las peores, tal como se puede apreciar en el siguiente gráfico.

 

Fuente: BBC

Días atrás, Siempre Radio entrevistó a Hugo Rosales, editor del periódico Hechos, de Villa del Rosario, quien desde hace más de un año está en Jerusalém, Israel. El periodista relató su experiencia en aquella zona de guerra, pero también abordó, y por momentos pareció que hasta con mayor preocupación, "la guerra contra el bicho". Resultó interesante escuchar qué medidas adoptó el país que hoy se erige como ejemplo mundial por haber frenado la epidemia... sin que una Corte Suprema o la oposición política intenten evitarlas:

"Cuando acá golpeó la segunda ola, se produjo una impresionante escalada de contagios a pesar de todos los controles. La economía de este país está quebrada, el 40 por ciento de los negocios quedó en la lona, cuatro veces se amagó a iniciar las clases y las cuatro veces hubo que suspenderlas debido a los contagios en la época en que se venía el frío. Encima, ante la fuerte presión para que se abrieran actividades y se recuperara la economía, no se advirtió el paso de la segunda a la tercera ola, se levantaron algunas restricciones, lo que produjo un verdadero colapso, con más de diez mil casos diarios -número que teniendo en cuenta la población de este país (nueve millones de personas) marcaba un récord mundial. Y se decidió mantener el encierro total hasta que llegaran las vacunas. Sacaron el ejército a las calles, estaban en la puerta de tu cada y no te dejaban caminar ni 100 metros. Era necesario para cuidar la salud. Se perdió absolutamente todo el año en todos los aspectos y se fortaleció la cultura del cuidado: acá no se encuentra a nadie que se quite el barbijo. Y se logró controlar porque acá no entraron las variantes, excepto la británica, pero no hay ninguna otra porque no se puede entrar ni salir. Hoy se ha llegado al 60 por ciento de la población vacunada y los cuidados todavía son extremos: ahora, en situación de guerra, hasta para entrar en un refugio público hay que exhibir el pasaporte verde de vacunado, porque hay unos refugios para vacunados y otros para no vacunados. Y los no vacunados no pueden andar sin barbijo. Hoy, con más de la mitad de la población vacunada, los cuidados siguen siendo extremos", describió Rosales.

 

"Una sucesión de eventos desafortunados"

Marcos Torres Lima atraviesa el momento más complejo desde que asumió el gobierno de Alta Gracia en diciembre de 2019.

Cuidadoso de gestionar y administrar evitando sorpresas o sobresaltos, el Intendente tiene para exhibir lo que las encuestas le exigen: un distrito en con escasas restricciones y menos controles sanitarios, exportación de iniciativas sanitarias con impronta propia, más de 10 mil vacunas aplicadas en la ciudad, obra pública en marcha, salarios públicos al día y finanzas municipales que permiten planificar cortes de cinta … Con estos indicadores objetivos, el Intendente debería dormir tranquilo y atender un único frente: el sanitario.

Sin embargo, los problemas surgen de la política.

Como en la película "Una sucesión de eventos desafortunados”, se fue generando un clima que envalentonó a la oposición, minó la capacidad de respuesta del bloque de concejales oficialistas y -sin funcionarios de gabinete con capacidad de ponerle el pecho a las balas- expuso innecesariamente al Intendente.

La inoculación a una vecina con dosis de diferentes vacunas fue el último traspié, y amenaza con transformarse en el próximo escenario de conflicto, aunque en este caso, al menos una vez el Intendente dejó que su responsable de Salud Pública, Martín Cugneo, fuera el encargado de salir a dar explicaciones.

Hasta los últimos cambios en el gabinete -generados a partir de las renuncias de Oscar Maccari y Jonás Veronese- se convirtieron en munición opositora. El caso de Veronese -que según trascendidos se originó en una presunta denuncia de personal a su cargo- impactó de lleno en el titular del gobierno local. El otro caso es diferente: el propio Secretario de Servicios Públicos Pablo Ortiz, habría pedido el desplazamiento de Maccari, hombre de su entorno político, por diferencias entre ellos que con el tiempo se fueron haciendo más cuantiosas y abultadas.

Paralelamente, el aliado Ortiz, pareció haber logrado la independencia de la Secretaría a su cargo y comenzó en la última semana una copiosa (aunque de pésima factura y calidad) campaña de comunicación, incluyendo una fuerte presencia en redes sociales, la creación de un sitio propio y acciones bien parecidas a un lanzamiento anticipado de campaña.

El Intendente confía en la fórmula que desde hace más de dos décadas garantiza los triunfos de Hacemos Por Córdoba: la confluencia de los sectores más altos con los más bajos. En Alta Gracia, el “torrismo” es cabal expresión de esa suma.

Sin embargo, las amenazas internas hoy son claramente más peligrosas que las externas. El quiebre del peronismo en 2019 implica una herida aún abierta, que sigue asomando incluso en los actos en donde Facundo Torres Lima y Walter Saieg han compartido. De un tiempo a esta parte, el exviceintendente Juan Manuel Saieg comenzó a ejecutar una agenda de reuniones con históricos referentes barriales del peronismo. Por su parte, tras su paso por la Nación, Walter apeló a su característico sigilo para reactivar contactos políticos.

Independientemente de que se concrete una contienda electoral interna -vía Paso o de otras características- y más allá de su resultado formal, la capacidad de daño del peronismo enojado debería constituir la principal preocupación del Intendente. Las amenazas internas, demandan respuestas más políticas que técnicas. En el gabinete municipal, el único político es Pablo Ortiz… y no se queda quieto.

 

 

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