La nota del día

Aislarse, un privilegio de clase

Por Julia Conalbi.
viernes, 14 de enero de 2022 · 11:14

El teléfono suena y Ana atiende de inmediato la llamada de su hermana. "¿Cómo estás? Te llamo para avisarte que me levanté con fiebre. Fui a hisoparme y di positivo", le explica la mujer desde el otro lado de la línea. "No te preocupes, Ceci. Cuidate y que te sea leve", responde Ana con tranquilidad. Inmediatamente, escribe a su trabajo para avisar que es contacto estrecho y posteriormente se comunica con la Dirección de Políticas Sanitarias para pedir el certificado correspondiente. Es empleada en la administración pública provincial. Tiene que cargar los datos en el Ciudadano Digital y le conceden automáticamente la licencia. 

 

"El Carlos dio positivo, loco", comenta con preocupación Diego a sus compañeros. Hacen trabajos de construcción y saben que son contacto estrecho del colega que aquel miércoles no fue a trabajar. "Habrá que mantener más distancia y tener cuidado", opinó Fernando. En plena ola de calor, están trabajando en un techo al rayo del sol. El uso del barbijo es imposible con las altas temperaturas. Saben que deberían aislarse por ser contacto estrecho de su compañero enfermo, pero no tienen la posibilidad de hacerlo. Si no trabajan un día, no cobran. Si faltan cinco días, se quedan sin la plata de toda la semana, indispensable para las compras del supermercado.

 

Camila le escribe a su jefe. Trabaja en una oficina en una empresa privada de Alta Gracia. El jueves amaneció con fiebre y dolor de cuerpo, se realizó un hisopado que dio negativo y después hizo una consulta con un médico de su obra social. El profesional de la salud le dio un certificado de covid positivo por los síntomas y le recetó siete días de aislamiento. Su jefe observa la situación y le dice que puede no ser coronavirus. Que vuelva a hisoparse el lunes y que si da negativo, regrese a trabajar.

 

Las distintas realidades laborales convierten al aislamiento, ya sea por contacto estrecho o por suposición de caso positivo, en un privilegio de quienes tienen un trabajo en relación de dependencia, en blanco y con posibilidades flexibles a la hora de solicitar licencias o realizar teletrabajo. Quienes trabajan como independientes o en condiciones de precarización laboral, muchas veces no dependen de su propia responsabilidad para cumplir con las recomendaciones para evitar los contagios. 

En marzo de 2020, cuando comenzó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, el Gobierno nacional advirtió la situación de quienes no contaban con la posibilidad de cumplirlo porque de lo contrario perdían todos sus ingresos. Así se implementaron medidas paliativas como el Ingreso Familiar de Emergencia y la Asistencia al Trabajo y la Producción. Justamente, eran herramientas destinadas a ayudar, por un lado a los trabajadores informales que dejaban de contar con el sustento económico y por otro a las empresas que no podían abrir sus puertas por las restricciones. 

Casi dos años más tarde, la ola de Ómicron produjo una cantidad de contagios inimaginable. La campaña de vacunación favoreció para lograr que esos casos no generaran un colapso en el sistema sanitario, aunque sí quedó desbordado el servicio de testeos en todo el país. Aunque los casos no fueron graves, sí se produjo una enorme cantidad de aislados tanto por casos positivos como por contactos estrechos. Esa situación produjo un impacto en la prestación de servicios y en el comercio. En la Municipalidad de Alta Gracia, la cantidad de aislados alcanzó esta semana el 17 por ciento. En un supermercado de la ciudad, la cola para abonar en las cajas era eterna mientras por los altoparlantes pedían disculpas por las demoras, explicando que gran parte del personal se encontraba en aislamiento. Los carteles que indican "Cerrado hasta..." se multiplican en muchísimos comercios, no necesariamente por vacaciones.

Mientras la medida del Gobierno es achicar el tiempo de aislamiento de casos positivos -que pasó de catorce días a siete- y eliminarlo para los contactos estrechos, los cuentapropistas no siempre tienen esa opción. Aislarse y cuidarse de contagiarse y propagar el virus se convierte en un privilegio de clase, al que solo pueden acceder algunos.

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