Palabras para la historia en el Museo del Che

Por Jorge Conalbi
Director Periodístico
viernes, 22 de enero de 2010 · 00:00
Espera ahí. Inadvertido para el que ingresa. Infranqueable para quien sale. Como una ceremonia ineludible, prácticamente la totalidad de los visitantes del Museo del Che se detienen a su impronta en el libro de visitas. Villa Nydia se transformó en museo en julio de 2001. Cinco años después, la histórica visita de Fidel Castro y Hugo Chávez catapultó hacia el mundo la casa donde el guerrillero del mito pasó su infancia. Desde la apertura a la fecha se llenaron 52 tomos, el 53º está a medio camino, pero el actual promedio de 400 visitas diarias promete enviarlo pronto al archivo donde lo esperan sus antecesores. “Muchas veces los turistas piden ver los libros, o para encontrar algo que ellos mismos escribieron en anteriores visitas o cosas escritas por familiares”, dice Víctor Durando, guía de la institución municipal. “Hay otros que están un rato mirando y buscando, y después de un tiempo preguntan dónde están las firmas de Fidel y Chávez”, agrega. En realidad, los líderes latinoamericanos no firmaron el libro, sino una hoja en blanco que está guardada en el Archivo Municipal. Una copia de ese documento histórico está exhibido en la sala que recuerda a los más célebres visitantes que tuvo el museo. El libro no sólo contiene los testimonios de los visitantes. También es un imán para los propios funcionarios y empleados del museo, quienes lo consultan a menudo, según aseguró Durando, “porque suele haber sugerencias, correcciones y también algunas críticas”. No es lo único. En una de las hojas del documento están las firmas de los trabajadores de Villa Nydia saludando el fin de año y celebrando el comienzo de 2010, como si ellos también fueran atrapados por una historia que los atrae y envuelve. A modo de anécdota, el guía relató que años atrás los empleados del museo advirtieron mensajes escritos en hebreo, por visitantes israelíes, que obviamente nadie podía traducir. Comenzó a llamarles la atención que en la sucesión de esas leyendas, sus autores tachaban parte de las anteriores. Finalmente, según contó Durando, una traducción reveló el misterio escondido en el extraño alfabeto: se trataba de disputas políticas –con insultos incluidos- entre partidarios de distintas tendencias. Enrique Martín, uno de los amigos de infancia del Che, suele hablar para los visitantes de la casa. Y el libro vuelve a ser un instrumento de saludos y agradecimientos para él. Allí la gente lo colma de buenas consideraciones y elogios, propios y ajenos. Palabras que no lleva el viento Si bien hay escritos de todo tipo, se advierten tres grandes grupos de ellos. Obviamente está el de los mensajes dirigidos al museo: casi todos son muy elogiosos y destacan la importancia que reviste para el visitante haber estado en ese lugar. Son testimonios concretos de una satisfacción esperada. “Me he dado un baño de dignidad”, escribió un turista de Buenos Aires. Otro grupo de mensajes lo componen cientos de poemas, o fragmentos de poesías, frases célebres o paridas ahí nomás, bajo la inspiración liberada entre esos muros del Barrio Pellegrini. Pero el que llama la atención es casi religioso. Se trata de una suerte de cartas o misivas dirigidas al propio Che Guevara, alabándolo y destacando las cualidades que lo convirtieron en la imagen más reproducida de la historia, después de la de Cristo. “Quisiera ser como vos aunque sea sólo un día”, “Tu ejemplo me guía y acompaña cada uno de los días de mi vida”, “Fuiste el mejor de todos”… la lista de frases de este tenor es interminable. Parecen escritas como imaginando que después de las 20 horas, cuando las puertas de Villa Nydia se cierran, el gigantesco Comandante emergerá desde los fondos de la casa, encenderá un habano, tomará el libro y se sentará a leer las palabras de sus fieles.

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