EDICIÓN IMPRESA

La humedad no da tregua

El deterioro en el edificio del obraje jesuítico avanza a grandes pasos. Esperan fondos para refaccionarlo.
viernes, 26 de abril de 2019 · 10:58

Por Julia Conalbi
De Nuestra Redacción

Cuando culminaba noviembre de 2000, la Estancia Jesuítica de Alta Gracia fue incluida, junto a las otras que se encuentran en la provincia de Córdoba, en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. El nombramiento supuso una sacudida en la política turística de la ciudad, que debió aprovechar el impulso que este reconocimiento suponía para promocionar la localidad como un destino que rescata su historia colonial. Además, fueron necesarias algunas medidas urbanísticas para adecuar la imagen de acuerdo a las exigencias de la Unesco para mantener la distinción. Estas apuntaban a poner en valor las fachadas históricas y cuidar los edificios que habían sido incluidos en la lista: la Residencia Jesuítica –hoy Museo Nacional de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers -, la Parroquia de la Merced, el edificio del Obraje y el Molino Jesuítico.

De esos cinco edificios, solo el primero puede presumir de gozar de un buen estado de conservación. La Parroquia de la Merced fue centro de una gran polémica que llegó hasta la Justicia luego de que el párroco Marcelo Siderides ordenara en 2012 levantar los pisos del templo. El Obraje sufrió un gran deterioro, principalmente a causa de las humedades en sus paredes y durante 2015 los estudiantes de esa institución iniciaron una campaña en redes sociales para denunciar el deplorable estado edilicio del colegio. En cuanto al Molino Jesuítico, fue donado por su propietario, Miguel Redondo, a la Municipalidad de Alta Gracia en 2004 y en 2007 se entregó en comodato a la Asociación de Amigos del Museo para su conservación. En mayo de 2015, Redondo amenazó con revocar la donación si no se hacían obras y entonces se llevaron a cabo algunas tareas de mantenimiento.

El edificio del obraje que pertenecía a la Estancia Jesuítica, es un caso puntual ya que no pertenece ni al Estado ni tampoco a un particular, sino a la Curia Eclesiástica de Córdoba. Cuatro décadas antes de que se incluyera la ciudad en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, en 1960, por iniciativa de un grupo de padres y del párroco Domingo Viera, se había creado el Instituto Técnico de Enseñanza El Obraje. En el año 2000, el edificio que se incluyó en la lista era utilizado como institución escolar, con el desgaste que lógicamente implica en una construcción de tres siglos. Además, aparte de la base colonial, se realizaron reformas apuntando, por ejemplo, a agregar aulas de acuerdo a la necesidad de la escuela.  El nivel medio de la institución funcionó allí hasta mediados del año pasado, cuando luego de que gran parte de la sociedad colaborara para que se culminen las obras en el nuevo edificio, erigido sobre calle Rawson.

El edificio conserva parte de la antigua construcción destinada a la actividad textil de la estancia, aunque ha sufrido grandes cambios, tal como señala Carlos Page en el trabajo “El espacio arquitectónico de negros en las estancias jesuíticas del Paraguay: las viviendas y los obrajes” Publicado por REDE-A Revista de Estudos Afro-americanos de la Universidad Salgado de Olivera: “El edificio del obraje de Alta Gracia sufrió a lo largo de los años importantes modificaciones, que tendieron a adaptar su estructura funcional a nuevos usos. Así por ejemplo en la década de 1930, cuando era párroco de la ciudad el P. Ramón Amado Liendo, se “jerarquizó” su fachada donde se agregó un frontis ondulante como en sus aberturas interiores. Mientras que en el techo, por sobre la puerta del zaguán de ingreso, se colocó un cupulín emulando la cúpula de la iglesia. El embellecimiento se debió a que a partir de entonces se lo destinaría a casa de Ejercicios Espirituales y escuela parroquial, tal como lo había querido por voluntad testamentaria José Manuel Solares”. 

Luego de que se trasladara el instituto a otro edificio, se abre el debate acerca de cuál debería ser el destino del antiguo obraje. ¿Tendría que ser un museo que muestre a los visitantes cómo funcionaba en la época de la Estancia Jesuítica? ¿Debería cumplir otra función? Una vez que se trasladó la escuela a otro edificio, en 2018, el cura párroco Marcelo Siderides envió un proyecto a la Comisión Nacional de Museos para restaurar el edificio. Consultado sobre el tema, el actual párroco de La Merced, Marcos Cabrera explicó a Sumario, el diario de los viernes, que los planes para el edificio son “restaurarlo, frenar el deterioro, para cuidarlo. Solamente nos falta esperar a que nos envíen los fondos para ello. Los tiempos no siempre son los que uno desearía. Pero en ese sentido, el primer gran paso fue sacar el colegio de ahí”. Aunque no precisó qué se proyecta realizar en el edificio una vez que finalicen las obras de restauración.

Mientras tanto, la humedad carcome gran parte de la fachada del Obraje y el Molino Jesuítico continúa cerrado al público. Dos emblemas del Patrimonio de la Humanidad que quedaron relegados de la política turística de la ciudad.

Molino Jesuítico
En 2004, Miguel Redondo donó parte de su terreno a la Municipalidad de Alta Gracia para que el Molino Jesuítico fuera exhibido como parte del Patrimonio de la Humanidad. La acción se realizó  “Respondiendo a la voluntad de sus abuelos, que de niño le expresaban la necesidad de que tal acervo histórico y cultural fuera preservado para el patrimonio de la ciudad y el disfrute de la comunidad, resolvió donar la porción de la propiedad, donde se levanta el Molino”, expone el texto sobre los motivos de la cesión. Sin embargo, en 2015 intimó a la Municipalidad y a la Asociación de Amigos del Museo a realizar obras de mantenimiento. Dichos trabajos se llevaron a cabo, pero hasta la actualidad el molino no puede visitarse.

Parroquia de la Merced
En 2012, el cura párroco Marcelo Siderides llevó adelante la restauración de la iglesia. Una gran polémica se desató a partir de que se ordenara levantar los pisos del templo. Las baldosas removidas databan de entre los años 1780 a 1806. El párroco fue citado a declarar ante la Justicia y luego de un proceso que duró más de un año, resultó sobreseído. A fines de 2018, el cura fue trasladado a Despeñaderos y Marcos Cabrera asumió en su lugar.

Galería de fotos

0%
Satisfacción
20%
Esperanza
20%
Bronca
60%
Tristeza
0%
Incertidumbre
0%
Indiferencia

Comentarios