La nota del día

Una discusión sin fin

Por Julia Conalbi.
lunes, 25 de octubre de 2021 · 06:51

El ordenamiento urbano implica decisiones y debates que, en algunos aspectos, es muy difícil saldar con consenso. Históricamente, a la crítica por falta de propuestas para jóvenes en Alta Gracia se le contraponían las quejas de vecinos de calle Sarmiento, que sufrían los ruidos, el tránsito y también algunos daños de las personas que concurrían a los locales bailables allí ubicados. En 2018, el conflicto por la instalación del Resto Bar Coco llegó hasta la justicia.

Un año más tarde, se instaló un boliche bailable en la Avenida Martín Miguel de Güemes (conocida como Camino de los Lecheros) y, para muchos, pareció que la ubicación, alejada del centro de la ciudad, era una solución. Sin embargo, pasaron apenas unas semanas desde su inauguración hasta que los vecinos de barrio Portales del Sol, donde está ubicado el local, comenzaron a protestar porque el ruido de la música no dejaba descansar. En viviendas ubicadas a cuatro o cinco cuadras del establecimiento, se escuchaban los parlantes del boliche durante la madrugada. Los reclamos pusieron sobre el tapete la necesidad de controlar que se cumplan las medidas necesarias para aislar el sonido y no interferir con la vida cotidiana de los vecinos.

El pasado domingo por la madrugada, un hecho que afectó a una familia de ese mismo barrio volvió a despertar una discusión que llevaba casi dos años dormida, favorecida por la pandemia y el cierre de los boliches. Un Citroen C3 fue robado de la puerta del domicilio de sus propietarios. Las cámaras de seguridad de la casa muestran cómo, alrededor de las 3:30 -luego de la hora del cierre de los boliches- un grupo de jóvenes, con vasos descartables en sus manos, se acerca al vehículo, ingresa y se va en el coche.

El automóvil fue encontrado a las 6:00, en proximidades al Primer Paredón, con las llaves colocadas y chocado en la parte lateral y frontal. El reclamo de los vecinos volvió a recaer alrededor de la instalación del local bailable en la zona, la ausencia de controles que se realizan cuando los jóvenes salen del boliche y la falta de seguridad.

Como sucede habitualmente en muchos aspectos, la mayoría está de acuerdo en que haya propuestas para adolescentes y jóvenes, pero nadie quiere vivir al lado del boliche. Por otro lado, se instala la discusión acerca de las medidas que se toman para proteger la integridad de quienes concurren a esos locales. Muy lejos de estar saldado, el debate recién comienza.

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