

Sajonia-Anhalt: la ultraderecha de AfD arrasa y sacude el mapa político de Alemania
SN
(Berlín; SN). Alternativa para Alemania (AfD) consiguió este domingo una victoria histórica en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt y confirmó el fuerte avance de la ultraderecha en el este del país. Las primeras proyecciones de la cadena pública ARD le otorgaron alrededor del 44,5% de los votos, muy por delante de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, que quedó en torno al 18,5%.
La magnitud del resultado abre un escenario inédito para la Alemania de posguerra: si AfD consigue construir una mayoría parlamentaria y formar gobierno, se convertiría en la primera fuerza de extrema derecha en conducir uno de los estados alemanes desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
El resultado representa además un duro golpe para Merz. La CDU, que durante décadas fue la principal fuerza política de Sajonia-Anhalt, quedó a más de 25 puntos de AfD. Die Linke se ubicaba alrededor del 9,5% y el Partido Socialdemócrata (SPD), cerca del 8%, según las primeras proyecciones difundidas tras el cierre de las urnas.

La incógnita pasa ahora por la distribución definitiva de las bancas. AfD necesita alcanzar la mayoría absoluta para gobernar sin aliados, ya que los principales partidos alemanes mantienen hasta ahora el llamado "cordón sanitario" o Brandmauer, por el cual rechazan integrar gobiernos con la formación ultraderechista.
Una ultraderecha bajo vigilancia
El resultado adquiere una dimensión particular por las características de AfD y, especialmente, de su organización en Sajonia-Anhalt.
La filial regional está clasificada por los servicios de inteligencia internos del estado como una organización de extrema derecha confirmada. Las autoridades sostienen que impulsa una concepción de ciudadanía basada en criterios étnicos incompatible con la Ley Fundamental alemana.
A nivel nacional existe una disputa judicial más compleja. AfD continúa considerada un "caso sospechoso de extremismo de derecha", una categoría cuya legalidad fue ratificada judicialmente en 2024. En 2025, la inteligencia federal avanzó y la calificó como organización de extrema derecha confirmada, pero en febrero de 2026 un tribunal de Colonia ordenó suspender temporalmente esa clasificación más severa mientras se resuelve el proceso judicial de fondo.
La trayectoria de dirigentes importantes del partido alimenta las advertencias sobre su radicalización.
Uno de los casos más notorios es Björn Höcke, jefe de AfD en Turingia. En 2017 calificó al monumento a las víctimas del Holocausto ubicado en Berlín como un "monumento de la vergüenza". Además, fue condenado en 2024 en dos oportunidades por utilizar públicamente una consigna vinculada con las SA, la organización paramilitar del nazismo. Un tribunal alemán consideró, además, que existen bases fácticas verificables para que Höcke pueda ser denominado "fascista" en el marco de la libertad de expresión.
También generaron fuertes polémicas declaraciones del cofundador de AfD Alexander Gauland, quien minimizó en el pasado los doce años del régimen de Adolf Hitler dentro de la historia alemana, y del dirigente Maximilian Krah, quien sostuvo en 2024 que no todos los integrantes de las SS debían ser considerados automáticamente criminales.
AfD, sin embargo, no puede ser definida simplemente como un partido nazi. Especialistas en extremismo advierten que equiparar automáticamente los movimientos actuales de extrema derecha con el nazismo histórico resulta conceptualmente incorrecto. Sí existe abundante documentación sobre corrientes ultranacionalistas, posiciones racistas y dirigentes que reivindican o relativizan aspectos del pasado nacionalsocialista dentro de la formación.
El salto electoral
Lo ocurrido este domingo muestra, además, que las controversias y la vigilancia de los organismos de inteligencia no impidieron el crecimiento electoral.
Sajonia-Anhalt se transformó en uno de los principales bastiones de AfD. Antes de las elecciones, todas las encuestas anticipaban una ventaja amplia, aunque el desempeño proyectado en las urnas terminó consolidando un salto extraordinario para una fuerza que aspira abiertamente a romper el aislamiento político construido a su alrededor.
Su candidato regional, Ulrich Siegmund, había planteado durante la campaña el objetivo de formar el primer gobierno encabezado por AfD en Alemania. El partido propone, entre otras medidas, endurecer radicalmente la política migratoria, aumentar las deportaciones, establecer centros específicos de detención para extranjeros alcanzados por órdenes de expulsión e imponer obligaciones laborales a solicitantes de asilo.
La victoria también expresa un fuerte voto de castigo hacia los partidos tradicionales en una región atravesada por problemas económicos, pérdida de población y descontento con el Gobierno federal.
La dimensión política excede, por eso, las fronteras de Sajonia-Anhalt. El avance de AfD vuelve a poner a prueba una de las grandes barreras construidas por la democracia alemana después de 1945: hasta dónde pueden llegar electoralmente las fuerzas situadas en los márgenes de la extrema derecha y qué harán los partidos tradicionales cuando el cordón sanitario ya no alcance para impedirles acercarse al poder.
La respuesta comenzará a conocerse cuando termine el escrutinio y quede definida la composición del Parlamento regional. Pero el dato político central ya quedó escrito en las urnas: casi uno de cada dos electores de Sajonia-Anhalt eligió a AfD.


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