
Cada escándalo merece ser investigado. Pero mientras seguimos expedientes judiciales durante años, casi nunca evaluamos con la misma intensidad las políticas públicas que terminan definiendo cuánto ganamos, cuánto debemos, cómo vivimos y qué país dejamos. Tal vez el problema no sea hablar demasiado de corrupción, sino demasiado poco de resultados.




















































