


(Buenos Aires; SN, con información de NA) La crisis de la industria textil argentina profundizó su impacto sobre la producción y el empleo: desde diciembre de 2023 se perdieron 28.322 puestos de trabajo formales en la cadena que integran los sectores textil, confección, cuero y calzado.
Los datos surgen del último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), que muestra además una fuerte contracción de la actividad durante 2026. La producción acumuló una caída del 22,6% durante los primeros siete meses del año en comparación con el mismo período de 2025. En julio, la baja interanual alcanzó el 13%.
El deterioro fue sensiblemente mayor al del conjunto de la industria manufacturera argentina, cuya producción retrocedió 2,6% durante el mismo período.

Menos empleo y fábricas que cierran
La pérdida de puestos de trabajo se aceleró durante el último año. Según FITA, en junio quedaban 92.531 trabajadores registrados en los sectores textil, confección, cuero y calzado: 16.536 menos que un año atrás y 28.322 por debajo de diciembre de 2023.
El impacto resulta especialmente significativo porque esas actividades representan poco más del 8% del empleo industrial, pero concentraron el 31% de todos los puestos fabriles perdidos durante los últimos doce meses.
La crisis también se refleja en el número de empresas. En junio funcionaban 4.282 establecimientos textiles y de confección, 517 menos que un año antes. Esto equivale a un promedio de 43 cierres mensuales.
Más de la mitad de las máquinas, paradas
Otro indicador de la profundidad de la caída es el uso de la capacidad instalada. Las fábricas textiles trabajaron en julio apenas al 45,3% de su capacidad, frente al 58,2% registrado para el promedio de la industria. En otras palabras, más de la mitad de la capacidad productiva del sector permanece ociosa.
Desde FITA advirtieron sobre las dificultades para revertir el deterioro. “Recuperar el empleo y la capacidad productiva que se pierden es cada vez más difícil”, señaló Celina Pena, gerenta general de la entidad.
A la caída del consumo interno y el aumento de los costos operativos se suma la creciente competencia de productos importados. Empresarios del sector apuntan particularmente al avance de plataformas internacionales como Shein y Temu, que ofrecen indumentaria importada a precios con los que las pequeñas y medianas empresas locales encuentran dificultades para competir.
El fabricante y comerciante Camilo Alan describió el escenario como uno marcado por “mucha recesión y desocupación” y advirtió que las empresas tienen cada vez menos margen para aumentar precios sin profundizar la caída de las ventas.


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