


(Buenos Aires; SN).- La crisis política desatada por las denuncias contra Manuel Adorni expuso las fracturas internas de La Libertad Avanza y obligó a Javier Milei a salir con una grosera defensa de uno de sus funcionarios más cercanos. En medio de un contexto económico complejo y de caída en la imagen presidencial, el mandatario buscó blindar a su jefe de Gabinete y portavoz político con una frase que sintetizó el momento: “Ni en pedo se va Adorni”.
La frase presidencial llegó luego de una semana marcada por nuevas revelaciones sobre gastos millonarios en muebles para un departamento en Caballito y cuestionamientos por viajes y movimientos patrimoniales del funcionario. La situación derivó en denuncias, pedidos de investigación y una creciente presión pública sobre la Casa Rosada.
Sin embargo, lejos de tomar distancia, Milei decidió convertir la defensa de Adorni en una demostración de fortaleza política. El Presidente entiende que el funcionario representa mucho más que un integrante del gabinete: es la voz de la gestión, el principal ejecutor de la estrategia comunicacional libertaria y uno de los dirigentes de mayor confianza del círculo presidencial.

La reacción oficial dejó además al descubierto las tensiones internas que atraviesan al oficialismo. Según trascendió, desde la Casa Rosada hubo pedidos coordinados para que ministros y dirigentes salieran públicamente a respaldar a Adorni en redes sociales. La mayoría obedeció. Pero Patricia Bullrich tomó distancia, evitó una defensa enfática y reclamó que el funcionario presente su declaración de ingresos y que debe hacerlo de forma “contundente y rápida porque sino el proyecto sufre, eso es lo más importante”. En la Rosada leen el gesto como una señal política.
La relación entre Bullrich y el núcleo duro libertario atraviesa uno de sus momentos más delicados. Mientras busca consolidarse electoralmente en la Ciudad de Buenos Aires con la intención de “representar a los porteños”, la exministra de Seguridad intenta preservar autonomía dentro de un oficialismo cada vez más cerrado alrededor de Karina Milei y del propio Adorni.
El escándalo impacta en un momento especialmente sensible para el Gobierno. En la Casa Rosada reconocen un cambio de clima político y preocupación por el desgaste de la figura presidencial. A la deriva económica y al malestar social se suman ahora las denuncias sobre privilegios, gastos y posibles inconsistencias patrimoniales dentro de una administración que hizo de la “casta” uno de sus principales enemigos discursivos.
La situación también alimentó sospechas cruzadas dentro del oficialismo. Sectores libertarios apuntan a operaciones internas y mencionan disputas de poder entre funcionarios cercanos a Santiago Caputo, Karina Milei y Bullrich. El episodio dejó en evidencia una administración atravesada por internas permanentes, donde cada crisis amplifica la pelea por influencia alrededor del Presidente.
Mientras tanto, Milei eligió redoblar la apuesta. La estrategia presidencial parece orientada a evitar cualquier señal de debilidad, aun cuando el costo político aumente. En ese escenario, la continuidad de Adorni se convirtió en una bandera de resistencia para un Gobierno que enfrenta uno de sus momentos de mayor fragilidad desde la llegada al poder.


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