Llegar al verano: por qué las dietas rápidas casi siempre terminan mal

Con la llegada de la primavera reaparecen las dietas extremas y el ejercicio desmedido. La licenciada en Nutrición Susana Aranda recomendó dejar de medir los cambios solamente por la balanza y construir hábitos sostenibles.
Sociedad14 de septiembre de 2026SNSN
Balanza - Susana Aranda

(Alta Gracia; SN) – La proximidad de la primavera activa cada año la misma urgencia: bajar rápidamente los kilos acumulados durante meses y llegar al verano con una transformación física inmediata. El apuro conduce a dietas extremas, entrenamientos excesivos y promesas difundidas por influencers que ofrecen resultados mágicos.

La licenciada en Nutrición Susana Aranda advirtió que intentar resolver en pocas semanas una situación construida durante años suele terminar en frustración y en el posterior abandono de los cambios.

“Pensar que en un par de meses resuelvo algo que lleva quizás años gestándose lo único que va a traer como consecuencia es una frustración”, explicó durante su columna en Siempre Radio 93.3.

Para la especialista, el primer error consiste en colocar el peso como única medida del estado de salud. La cantidad de kilos representa solamente una parte de un proceso que también incluye la alimentación, la actividad física, el descanso, el vínculo con la comida y las condiciones cotidianas de cada persona.

Susana aranda
Susana Aranda

La urgencia por llegar al verano

Aranda señaló que durante esta época aumenta la cantidad de personas que intentan realizar en pocos meses los cambios que postergaron durante todo el año.

La necesidad de obtener resultados rápidos facilita la aparición de dietas drásticas y restricciones difíciles de sostener. Las redes sociales, además, multiplican propuestas sin respaldo profesional que prometen descensos inmediatos de peso.

“Hay tanto dando vuelta que es muy fácil hacerse de una propuesta mágica para el descenso de peso. Y a veces trae muy malas consecuencias”, afirmó.

Una alimentación basada únicamente en limitar calorías puede producir resultados durante un período corto. El problema aparece cuando la restricción resulta incompatible con la vida familiar, laboral y social.

“Algo que uno enfrenta como un cambio de hábitos tiene que ser llevadero a largo plazo. En realidad, tiene que ser llevadero para siempre, porque debe formar parte del estilo de vida”, sostuvo.

Cuando el plan no puede mantenerse, llega el abandono y aparece el denominado “efecto rebote”.

Dieta extrema o gimnasio desmedido

La nutricionista identificó dos errores frecuentes y ubicados en extremos opuestos. El primero consiste en reducir drásticamente la comida sin incorporar movimiento ni actividad física.

El segundo es comenzar a entrenar de manera intensa con la expectativa de gastar todas las calorías consumidas, sin revisar las cantidades, la calidad de los alimentos ni conductas como el picoteo.

“Rara vez voy a gastar en la actividad física un exceso calórico importante”, explicó Aranda.

El gimnasio no reemplaza el cuidado de la alimentación, de la misma manera que una dieta restrictiva no sustituye los beneficios del movimiento. Abordar solamente uno de esos aspectos deja incompleto el proceso y aumenta la posibilidad de abandonar.

“De una forma o de la otra termino frustrado porque no estoy mirando un panorama completo, sino solamente uno de los elementos”, resumió.

Los cambios que no muestra la balanza

Aranda también cuestionó la costumbre de evaluar todo el proceso únicamente a partir de los kilos perdidos.

Una persona puede sostener durante tres meses distintos cambios y considerar insuficiente haber bajado un kilo y medio o dos kilos. Sin embargo, durante ese tiempo pudo haber reducido el picoteo, incorporado frutas y verduras, aumentado el consumo de agua o mejorado su comportamiento frente a la comida en reuniones sociales.

“No mira que ahora está tomando más agua, que se le mejoró el funcionamiento intestinal o que antes se desbordaba en una situación social y ahora se frena, mira y elige”, ejemplificó.

Esos avances permiten construir una relación más saludable y duradera con la alimentación. Para la profesional, incluso pueden resultar más importantes que el número inmediato que muestra la balanza.

“Esas conductas son más valiosas que los kilos bajados, porque si permanezco con ellas, a lo largo del tiempo voy a tener buenos resultados”, afirmó.

Influencers y soluciones mágicas

Las redes sociales se convirtieron en una fuente permanente de dietas, rutinas y consejos sobre descenso de peso. En ese escenario conviven profesionales acreditados con personas que utilizan el marketing para vender métodos sin sustento.

Aranda consideró que los más jóvenes pueden resultar especialmente permeables a las promesas de los influencers. Quienes ya atravesaron diferentes dietas o intentos de descenso suelen ser más precavidos y valoran el acompañamiento personalizado.

La especialista observó que las consultas profesionales disminuyeron en algunos casos, principalmente por las dificultades económicas. El acceso gratuito e inmediato a consejos en las redes también influye sobre quienes buscan una respuesta rápida.

Frente a la llegada de la primavera, Aranda recomendó actuar sin apuro, establecer objetivos concretos y recurrir al acompañamiento profesional.

“No hay que sacar cosas locas de las redes sociales ni pretender hacer en dos meses lo que no se hizo en un año. Hay que ponerse metas claras, concretas, tranquilas y llevaderas a lo largo del tiempo”, concluyó.

Te puede interesar
Lo más visto
Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email