

Comer tarde también pesa: cómo el horario de las comidas afecta al organismo
SN
(Alta Gracia; SN).- La elección de los alimentos no es el único factor que influye sobre la salud y el control del peso. La hora en la que desayunamos, almorzamos o cenamos también puede modificar la manera en que el organismo procesa los nutrientes.
Durante su columna en Siempre Radio 93.3, la nutricionista Susana Aranda abordó los principios de la crononutrición, un campo que estudia la relación entre los horarios de alimentación y los ritmos circadianos.
Estos ritmos son ciclos de aproximadamente 24 horas que regulan numerosas funciones del cuerpo y se encuentran vinculados, entre otros factores, con la exposición a la luz y la oscuridad. No solamente intervienen en el sueño: también influyen sobre la digestión, la actividad física y el metabolismo de la glucosa y las grasas.

“Cada vez se ve más que este ritmo circadiano nos predispone para que en determinadas horas del día estemos mejor preparados para hacer actividad física, hacer la digestión o metabolizar ciertos nutrientes”, explicó Aranda.

El cuerpo no responde igual durante todo el día
La especialista señaló que durante la mañana y las primeras horas de la tarde el organismo suele encontrarse mejor preparado para procesar los hidratos de carbono.
Por esa razón, si una persona va a consumir una comida abundante en harinas o almidones —como pizza, empanadas, sándwiches o una picada— resultaría más conveniente hacerlo al mediodía que durante la noche.
El problema es que la organización cotidiana suele empujar esas comidas hacia la cena. La falta de tiempo, las reuniones sociales y el cansancio llevan muchas veces a concentrar por la noche la mayor cantidad de calorías del día.
“Comer una comida copiosa y después irnos a acostar es de lo peor que podemos hacer para ayudar al control del peso”, sostuvo Aranda.
La evidencia científica coincide en que el horario de las comidas interactúa con los ritmos circadianos y puede modificar la respuesta de la glucosa, el apetito y el metabolismo. Estudios controlados observaron que comer más tarde puede aumentar el hambre y generar cambios compatibles con una mayor acumulación de grasa, incluso cuando la cantidad de alimentos se mantiene constante.
Cenar liviano y dejar pasar dos horas
Para trasladar la crononutrición a la vida cotidiana, Aranda recomendó mantener horarios regulares y procurar que las comidas más abundantes se realicen mientras todavía hay luz solar.
“A medida que empieza a caer la luz, la comida debería ser más liviana. Tendríamos que tener cenas a base de verduras y alguna proteína, sin tantas harinas o almidones”, explicó.
También aconsejó cenar lo más temprano posible y dejar pasar al menos dos horas antes de acostarse. Esa separación puede favorecer la digestión y evitar que la comida más abundante coincida con el período de descanso.
La primavera, con jornadas más largas, ofrece una oportunidad para reorganizar gradualmente los horarios y adelantar la cena, aunque no existe una hora límite universal que sirva para todas las personas.
El picoteo nocturno
Otro hábito que Aranda pidió revisar es el consumo de alimentos después de cenar. Permanecer frente al televisor hasta tarde puede despertar el deseo de comer algo dulce, aunque no exista hambre real.
“Hay personas que terminan de cenar a las nueve, se quedan mirando televisión hasta las doce y empiezan a buscar qué pueden picar. Eso es muy perjudicial para el metabolismo de los hidratos de carbono”, afirmó.
En esos casos, el problema no solamente está en el horario, sino también en la incorporación de calorías adicionales y alimentos que generalmente contienen grandes cantidades de azúcar o grasa.
Qué ocurre con el ejercicio y los trabajos por turnos
Mantener una rutina estable resulta especialmente difícil para quienes trabajan con horarios rotativos. Según explicó Aranda, los cambios permanentes pueden alterar las comidas, el descanso, la presión arterial y diferentes funciones metabólicas.
Respecto de la actividad física, señaló que el cuerpo puede encontrarse mejor preparado durante determinados momentos del día, pero aclaró que eso no debería convertirse en una excusa para abandonar el ejercicio.
“Si no podemos hacerlo a la mañana y solamente podemos a la tarde, es mejor hacerlo que no hacer nada”, remarcó. No obstante, advirtió que una rutina intensa muy cerca de la noche puede mantener al organismo activado y retrasar el sueño.
La recomendación general es sencilla: sostener horarios relativamente regulares, concentrar las comidas principales durante el día, cenar liviano y evitar el picoteo nocturno. El horario puede ayudar, pero no reemplaza una alimentación equilibrada ni contempla por sí solo las necesidades particulares de cada persona.


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