

Salud mental: “No hay que entregarle al futuro toda nuestra posibilidad de estar vivos”
SN
(Alta Gracia; SN).- “Cuando termine este trabajo voy a descansar”, “cuando tenga un poco más de plata voy a viajar” o “cuando esté más tranquilo voy a hacer eso que realmente me gusta”. Las frases cambian, pero detrás de todas aparece una misma conducta: dejar la vida para después.
La licenciada y profesora en Psicología Laura Moschella abordó este tema durante su columna de salud mental en Siempre Radio 93.3, como parte de un recorrido que comenzó con la carga mental y continuó con el mandato de “poder con todo”.

Esta vez, el eje fue “la vida en pausa” y la pregunta que atravesó toda la reflexión fue tan sencilla como incómoda: “¿Cuánto de nuestra vida estamos dejando para después?”
Para plantear el tema, Moschella relató la historia de una mujer que esperaba permanentemente el momento perfecto. Pensaba que descansaría al terminar un trabajo, que viajaría cuando tuviera más dinero y que comenzaría una actividad que disfrutaba cuando finalmente estuviera tranquila.
Sin embargo, cada objetivo alcanzado traía nuevas responsabilidades, horarios y preocupaciones. El tiempo pasaba y aquel momento para comenzar a disfrutar volvía a quedar postergado.
Hasta que alguien le hizo una pregunta: si mañana no tuviera nada urgente que resolver, si nadie necesitara de ella y pudiera disponer de todo el día, ¿qué elegiría hacer?
La mujer pensó en caminar, encontrarse con alguien, leer un libro o visitar un lugar que le gustara. Pero ninguna respuesta terminaba de convencerla: llevaba tanto tiempo organizando su vida alrededor de obligaciones y metas que ya no sabía con claridad qué deseaba.
Cuando una crisis obliga a detenerse
Moschella explicó que estas preguntas muchas veces aparecen después de una pérdida, una enfermedad, un accidente o alguna situación que altera los planes.
Es entonces cuando la fragilidad de la vida y el paso del tiempo dejan de sentirse como algo lejano. Surgen los recuerdos de encuentros postergados, actividades abandonadas y momentos que no fueron disfrutados porque siempre había algo aparentemente más urgente.
“¿Y si mi vida siguiera exactamente como es hoy durante los próximos años, estaría conforme con la manera en la que estoy viviendo?”, propuso como ejercicio.
La psicóloga aclaró que formularse esta pregunta no significa considerar que todo lo realizado hasta el momento estuvo mal. Tampoco supone abandonar responsabilidades, dejar de trabajar o renunciar a los objetivos personales. Se trata de detenerse por un momento y observar si la rutina se está atravesando en “piloto automático”.
“Llegamos a fin de año, miramos todo lo que pasó y muchas veces no tenemos demasiado registro”, explicó.
No esperar una tragedia para mirar el presente
Uno de los riesgos de vivir únicamente en función de una meta futura es perder conciencia sobre todo lo que sucede durante el camino.
Moschella ejemplificó esta situación con quienes se esfuerzan durante meses o años para comprar un vehículo, construir una casa o alcanzar determinado objetivo. La meta finalmente se cumple, pero al mirar hacia atrás casi no quedan recuerdos del período previo porque toda la atención estuvo concentrada en llegar.
“No tenemos que esperar un diagnóstico o la pérdida de alguien para preguntarnos si estamos viviendo el presente”, señaló.
La propuesta no pasa por abandonar los proyectos. Por el contrario, la profesional remarcó que el deseo de cambiar, crecer o alcanzar nuevas metas es uno de los motores de la vida. El desafío está en encontrar un equilibrio que permita construir el futuro sin descuidar completamente aquello que ya existe.
“No hay que entregarle al futuro toda nuestra posibilidad de estar vivos”, resumió.
Los pequeños permisos cotidianos
Disfrutar el presente tampoco requiere necesariamente realizar un gran viaje, abandonar el trabajo o concretar proyectos costosos. Puede comenzar con acciones mucho más pequeñas: tomar un mate sin mirar la hora, reencontrarse con alguien, iniciar una actividad o reservar un momento para algo que genere bienestar.
Para cerrar, Moschella dejó dos preguntas dirigidas a los oyentes: “¿Qué es eso que venís dejando para más adelante?” y “¿Qué estás esperando para darte permiso de hacer algo que hoy también necesitás?”
Los planes, las obligaciones y los sacrificios seguirán formando parte de la vida. La clave, sostuvo, es que en el intento por alcanzar aquello que vendrá no termine desapareciendo aquello que está ocurriendo ahora.


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