Alta Gracia: una mañana gris, vecinos enojados y dos "after" desbaratados

Las fiestas clandestinas desafiaron la lluvia: cobro de entradas, alcohol y música sin permisos terminaron en clausuras y actas municipales.

Sociedad01 de febrero de 2026Víctor HughesVíctor Hughes
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(Alta Gracia; SN).- El rastro de la tormenta todavía estaba fresco cuando el primer convoy oficial enfiló hacia el Camino al Valle Buena Esperanza. Eran las 9:40 de la mañana de un domingo que nació plomizo, tras una noche donde la lluvia calmó el infierno abrasador de los días previos. En ese rincón de Alta Gracia, la calma de la resaca climática había sido reemplazada por el murmurlo de noventa personas, la música adueñándose de varias cuadras a la redonda y el brillo opaco de sesenta vehículos que custodiaban una casa particular, salpicados por el barro del camino.

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Al cruzar el umbral, la escena distaba mucho de una reunión familiar de domingo. La dueña de casa, una mujer de 36 años, intentó sostener el guion bajo el cielo encapotado: "es solo un cumpleaños". Pero el aire estaba cargado de otras evidencias. Los inspectores no tardaron en detectar el intercambio de dinero por entradas, la presencia de hombres de seguridad sin registro oficial y un equipo de sonido que retumbaba desafiando la humedad del ambiente. La música se apagó, y lo que empezó como una celebración terminó con el frío trazo de una lapicera sobre un acta municipal.

En el "Viejo Hípico"

Mientras el primer operativo se dispersaba bajo una luz cenicienta, otro frente se abría en el Barrio Santa Teresita. En el Pasaje La Morada, el complejo "Viejo Hípico" se había transformado en un epicentro de hedonismo clandestino que desafiaba al mal tiempo. La convocatoria, gestada en los pasillos digitales de Instagram bajo el nombre de Anto Gavaz, había logrado reunir a más de 250 personas atraídas por la promesa de una barra libre y una pileta que, a esa hora, solo reflejaba el gris del cielo.

A las 11:40, la policía y el personal municipal irrumpieron en el predio. Se encontraron con una infraestructura profesional que intentaba pelearle a la humedad: carpas dispuestas estratégicamente, livings de relax y una hilera de setenta autos que daban cuenta de que ni la lluvia copiosa de la madrugada había frenado la movilización. El encargado, un joven de 27 años hermano de la mujer a cargo de la otra fiesta, repitió la vieja fórmula del festejo privado, pero los baños químicos y la barra de bebidas lo desmentían en silencio. No había habilitación ni seguros; solo la intención de lucrar bajo el radar del Estado mientras las nubes seguían amenazando.

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Villar, el regreso de "El Sheriff" 

La fiscalización estuvo a cargo de la cúpula de la Departamental Santa María, con la Subdirectora Natasha Reche Mendoza a la cabeza, acompañada por el Director de Inspección General de la Municipalidad Ariel Cortéz y por el Asesor Letrado Daniel Villar, quien se encargó de ponerle palabras al trasfondo de estos operativos en una mañana donde el clima no fue el único obstáculo.

Villar explicó que la clandestinidad no es una etiqueta caprichosa, sino una falta de respeto a la seguridad pública. "La clandestinidad se da por la Falta de Habilitación -como requerimiento de prevención y seguridad que deben asegurarse en estos tipos de eventos. En estos lugares se le vende alcohol a cualquiera y no se cumple ninguna medida de prevención", sentenció.

El funcionario -que suele moverse como un pez en el agua que disfruta este tipo de procedimientos con los que se ganó el apodo de "El Sheriff"- destacó que el Viejo Hípico no tiene permiso para este tipo de espectáculos y que las quejas de los vecinos, que inundaron el 911 durante la madrugada gris, fueron la mecha que encendió el operativo.

A pesar de la pesadez del clima, los organizadores no opusieron resistencia. Permitieron el ingreso de las autoridades y firmaron los documentos que ahora los dejan a merced de la Ordenanza de Espectáculos Públicos y el Código de Convivencia Provincial. Se descuenta que la multa será varias veces millonaria.

La fiesta terminó, y mientras el cielo seguía cerrado, la resaca administrativa apenas comenzaba.

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