Alta Gracia: pasamontañas, postas en la ruta y la cada vez más grande sombra del "entregador"

Un boquete quirúrgico en paredes de cemento duro y una huida tan planificada como el robo. Más detalles del golpe comando que mantiene en vilo a la ciudad.
Policiales17 de febrero de 2026Víctor HughesVíctor Hughes

(Alta Gracia; SN).- El asalto a la familia Di Motta ha dejado de ser un simple robo para convertirse en una cuestión de estado para la justicia local. El aire en los despachos judiciales se corta con un cuchillo: el golpe a la emblemática librería MORYDI es hoy la prioridad absoluta de la Brigada de Investigaciones y la fiscalía que conduce Alejandro Peralta Ottonello. No es para menos; la precisión del ataque sugiere que el enemigo no solo golpeó desde afuera, sino que quizás conocía los pasillos desde adentro.

Robo a Morydi Boquete 20260216Alta Gracia: El silencio de los boqueteros, un saqueo quirúrgico en el corazón de la ciudad
Robo a Morydi Boquete 20260216
Un boquete de un metro por un metro sobre una vieja y dura pared de 40 cm. Los peritos tratan de determinar con qué herramientas trabajó el grupo comando.

Rostros de lana y una sospecha latente

Otro detalle "de película" emergió de las grabaciones de las cámaras internas, un dato que fuentes confiables confirmaron a Sumario Noticias: los delincuentes operaron en todo momento usando pasamontañas.

En el submundo del hampa, el uso de capuchas tiene una doble lectura. Por un lado, la obvia protección contra los algoritmos de reconocimiento facial; por otro, el miedo visceral a ser reconocidos por las víctimas o empleados. Este "anonimato textil" refuerza la hipótesis que los investigadores barajan desde el minuto uno: la existencia de un entregador. Alguien que dio la llave invisible, el dato preciso del muro a perforar y la ubicación exacta del botín, y a quien los delincuentes no podían permitirse mostrarle la cara ni a través de un lente.

MorydiEl golpe y el botín

La posta de Villa Parque Santa Ana

La huida fue tan coreografiada como el ingreso. Tras arrastrar la pesada caja fuerte por el estacionamiento lindante, la banda se dividió en dos vehículos: un Fiat Cronos blanco y una pick-up.

Sin embargo, el rastro se volvió difuso en la ruta. Ambos vehículos, que contaban con pedidos de secuestro por robos previos, fueron hallados abandonados en Villa Parque Santa Ana, camino a Córdoba. Los delincuentes ejecutaron una "posta": dejaron atrás los autos "sucios" para trasbordar el botín y las armas a nuevas unidades, cuyas marcas y rumbos son ahora el enigma que la policía intenta descifrar mediante el rastreo de domos en la autopista.

El desafío de la piedra y el tiempo

Uno de los mayores enigmas para los peritos radica en la fuerza bruta necesaria para perforar el blindaje de otra época. Los delincuentes abrieron un boquete de un metro por un metro en una pared antigua de 40 centímetros de espesor, construida con materiales y un cemento cuya dureza supera con creces los estándares actuales.

La logística no fue solo de traslado, sino de demolición: los investigadores intentan determinar qué herramientas de alto poder utilizaron para vencer semejante resistencia. Se estima que la tarea demandó un tiempo considerable y debió generar un estruendo inevitable; sin embargo, el silencio de la zona en la madrugada parece haber sido el cómplice perfecto para un trabajo que, en teoría, debió despertar a toda la cuadra.

La pulseada con el acero

El esfuerzo dentro del local fue titánico. La caja fuerte no estaba simplemente apoyada sobre un rincón; se encontraba semiempotrada en la pared, un obstáculo diseñado precisamente para evitar su traslado. Este detalle abre una nueva línea de interrogantes para los sabuesos: ¿Entraron sin las herramientas necesarias para forzarla in situ o lo intentaron y el acero fue más fuerte? Al no poder vulnerar el cofre en el lugar, los delincuentes tomaron la decisión más arriesgada: arrancarla de su anclaje y llevársela a cuestas, sumando minutos críticos a una operación que ya era una carrera contra el reloj.

El silencio del cofre

Mientras los peritos buscan rastros biológicos en los vehículos abandonados, el hermetismo sobre la cifra sustraída es total. Se habla de un botín millonario, un monto que marea, pero la familia y los investigadores mantienen un silencio sepulcral para no entorpecer los movimientos de una causa que quema.

La cacería humana ha comenzado. Tanto en Alta Gracia como en la ciudad de Córdoba, las luces de los patrulleros no se apagan, buscando a los hombres sin rostro que profanaron la paz de la Avenida Belgrano.

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