

Villa La Bolsa: la escuela Atahualpa Yupanqui cumplió 15 años de lucha y comunidad
SN
(SN; Villa La Bolsa) La Escuela Atahualpa Yupanqui de Villa La Bolsa celebra sus 15 años de vida con una historia que refleja tanto el crecimiento de la comunidad como el esfuerzo de docentes, familias y vecinos que durante años lucharon para que el proyecto educativo se consolidara.
La institución comenzó a funcionar en 2011 con una sola alumna. Con el paso de los años fue creciendo hasta convertirse en un espacio educativo que hoy reúne a unos 250 estudiantes, provenientes no solo de Villa La Bolsa sino también de localidades cercanas como La Serranita, Anisacate, Alta Gracia e incluso Ciudad de América.
Detrás de ese crecimiento hay una historia marcada por reclamos, organización comunitaria y momentos difíciles que pusieron a prueba la persistencia de quienes apostaron por la escuela.

De una casita y aulas contenedores a un edificio propio
La actual directora de la institución, Viviana Eusebi, llegó a la escuela en 2014. En ese momento el establecimiento funcionaba en condiciones muy precarias.
“Cuando ingresé la escuela funcionaba en una casita muy chiquita y tenía un aula contenedor. El Paicor funcionaba en la cochera”, recordó.
La comunidad educativa esperaba desde hacía años la construcción del edificio propio. Según explicó Eusebi, el proyecto estaba previsto para 2012 o 2013, pero las obras se demoraron y la situación generó preocupación entre las familias.
Finalmente, el edificio fue inaugurado en septiembre de 2015, un momento que parecía marcar el comienzo de una etapa de estabilidad para la institución.
Sin embargo, pocas semanas después ocurrió un hecho inesperado.
El 7 de noviembre de ese mismo año, una fuerte tormenta provocó el derrumbe del techo del edificio recién inaugurado. Los desagües no estaban correctamente colocados y la acumulación de agua y granizo provocó el colapso del cielo raso.
“Se cayó el techo completamente”, recordó la directora.
La situación obligó a suspender el uso del edificio y a reorganizar las clases en distintos espacios de la localidad.

Clases en distintos lugares del pueblo
Durante ese período los alumnos debieron continuar las actividades en distintos espacios prestados de la comunidad.
Algunas clases se trasladaron a la biblioteca de Villa La Bolsa, otras al centro de jubilados, mientras que otros grupos funcionaron en la cooperativa de agua y en diferentes dependencias comunitarias.
Recién en abril de 2016 la escuela pudo volver a utilizar su edificio.
Aun así, los problemas no terminaron allí. Durante los años siguientes continuaron registrándose filtraciones y fallas estructurales que obligaron a nuevas reparaciones y a suspender clases en algunas ocasiones.
Con el tiempo, las obras permitieron mejorar la infraestructura. Según explicó Eusebi, recientemente se renovó completamente el techo del sector original del edificio y se sumaron tres aulas nuevas para acompañar el crecimiento de la matrícula.
Una escuela que creció junto con el pueblo
Cuando Eusebi comenzó a trabajar en la institución, la escuela tenía 76 alumnos y funcionaba únicamente en turno mañana. Con el crecimiento de la matrícula fue necesario abrir también el turno tarde e incorporar programas como Paicor y Jornada Extendida.
“Pasamos de ser una escuela muy chiquita, con plurigrado, a ver hoy el patio lleno de chicos y familias. Eso emociona mucho”, expresó.
Actualmente el establecimiento reúne estudiantes de distintas localidades del sur del valle de Paravachasca. Incluso, en algunos momentos, llegaron alumnos desde Parque Santa Ana.

El papel clave de las familias
Uno de los rasgos que marcó la historia de la escuela fue la participación activa de las familias.
Liliana Flores, madre de Mora y Simón — dos de los primeros alumnos de la institución— recordó que el proyecto educativo se construyó literalmente desde cero.
“Había que construir la escuela en todo sentido: el edificio, la comunidad y el proyecto educativo”, explicó.
En los primeros tiempos, docentes y directivos recorrieron casa por casa para invitar a las familias a sumarse a la nueva institución.
Reclamos, movilizaciones y organización
Las dificultades en la infraestructura y las demoras en la construcción del edificio llevaron a que los padres comenzaran a organizarse para reclamar soluciones.
Las familias presentaron notas al Ministerio de Educación, juntaron firmas y realizaron gestiones ante autoridades provinciales y locales.
Incluso llegaron a reunir más de 500 firmas para exigir que se cumpliera la promesa de construir la escuela.
Uno de los episodios más recordados ocurrió cuando el entonces gobernador José Manuel de la Sota visitó la zona.
Los padres decidieron apostarse sobre la ruta con un gran pasacalle que decía “Promesa incumplida”, para reclamar el avance de la obra.
“Éramos padres, madres, abuelos y vecinos. Estábamos convencidos de que nuestros hijos no podían seguir estudiando en esas condiciones”, recordó Flores.
Los reclamos incluyeron visitas a la Legislatura, reuniones con funcionarios y la difusión del conflicto en medios de comunicación de Alta Gracia, Córdoba e incluso de alcance nacional.

Un vínculo comunitario que marcó una época
A pesar de las dificultades, las familias recuerdan aquellos años como un período de fuerte unión comunitaria.
Las madres y padres organizaban actividades para los chicos, salidas al río y encuentros comunitarios que fortalecieron el vínculo entre las familias.
“Nos sentíamos una familia. Nos organizábamos entre varios padres y nos hacíamos cargo de todos los chicos”, relató Flores.
Entre las actividades que recuerdan con emoción también figuran viajes educativos, como visitas a Tecnópolis, que marcaron momentos importantes para los estudiantes.

Una escuela que hoy es orgullo de la comunidad
Hoy, quince años después de su creación, la Escuela Atahualpa Yupanqui es considerada una institución clave para la comunidad educativa de Villa La Bolsa y las localidades cercanas.
Los festejos por el aniversario incluyeron un repaso histórico con fotografías, la participación de exdocentes, exalumnos, autoridades comunales y madres que participaron en la lucha por el edificio.
Para muchos de quienes formaron parte de ese proceso, la escuela representa mucho más que un edificio.
“Sentimos que la escuela es parte de nuestras vidas. No es algo que vino a instalarse en el pueblo, sino una construcción que hicimos entre todos”, expresó Flores.
Los desafíos que siguen
A pesar de los avances, la institución aún enfrenta desafíos. Uno de los principales reclamos actuales es la necesidad de más docentes para poder ampliar la jornada escolar y garantizar mejores condiciones de enseñanza.
Además, desde la comunidad educativa remarcan la importancia de continuar acompañando el crecimiento del sistema educativo en la zona, que incluye también al jardín de infantes Oscar Sala y al secundario local, que todavía lucha por la construcción de su propio edificio.
Mientras tanto, la escuela celebra sus primeros 15 años con una certeza compartida por quienes la vieron nacer: que su historia es, ante todo, una historia de comunidad.





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