Alta Gracia recuperó a Carlos D’Ambra, y abraza la postergada verdad

La identificación de sus restos pone fin a casi 50 años de incertidumbre y completa una historia atravesada por la memoria y la lucha familiar.
Derechos Humanos18 de marzo de 2026Jorge Conalbi AnzorenaJorge Conalbi Anzorena

(Alta Gracia; SN).- La identificación de los restos de Carlos Alberto “Nona” D’Ambra Villares marca un nuevo avance en la reconstrucción de las víctimas del terrorismo de Estado en Córdoba, al tiempo que cierra una búsqueda de medio siglo.

El anuncio fue realizado por el Juzgado Federal Nº 3 de Córdoba en una jornada atravesada por la emoción y la memoria. La confirmación estuvo a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que permitió a su familia y compañeros cerrar décadas de incertidumbre.

El hallazgo se produjo en el marco de excavaciones en el sitio conocido como Loma del Torito, en las inmediaciones del predio donde funcionó el centro clandestino “La Perla”. Allí, especialistas recuperaron fragmentos óseos que, tras el proceso de identificación, fueron restituidos a sus familiares.

Carlos D’Ambra nació el 12 de agosto de 1953 en Alta Gracia. Cursó sus estudios primarios en el colegio Anglo Americano y el secundario en el Liceo y el Colegio Nacional. Posteriormente se formó en el Instituto de Profesorado en Educación Física (IPEF). Ejercía como profesor y trabajaba en una fábrica de parabrisas. Militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores - Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).

El 20 de noviembre de 1976 fue secuestrado junto a su novia -Sara Waitman- en la terminal de ómnibus de la ciudad de Córdoba. Según testimonios y reconstrucciones judiciales, fue trasladado a los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio “Campo de la Ribera” y “La Perla”, donde permaneció desaparecido.

Tenía 23 años.

Santiago D´Ambra y Emi Villares de D´Ambra
Santiago D´Ambra, Emi Villares de D´Ambra y su lucha inclaudicable.

Una familia atravesada por el terrorismo de Estado

El caso de Carlos D’Ambra no puede comprenderse de manera aislada. Su historia forma parte de una trama familiar profundamente marcada por la represión ilegal en Argentina.

Su hermana, Alicia D’Ambra, también militante del PRT, fue secuestrada el 13 de julio de 1976 en Buenos Aires. Tenía 21 años y se presume que estaba embarazada. Permanece desaparecida, al igual que su hijo o hija que habría nacido en cautiverio, cuya identidad aún no fue restituida. 

Ambos eran hijos de Emilia Villares de D’Ambra, conocida como “Emi”, y Santiago D’Ambra, dos figuras centrales en la lucha por los derechos humanos en Córdoba. Tras la desaparición de sus hijos, iniciaron una búsqueda incansable que se extendió durante décadas, con presentaciones judiciales, denuncias y participación en organismos de derechos humanos.

Santiago D’Ambra fue testigo en el Juicio a las Juntas en 1985. Emilia D’Ambra se convirtió en una referente histórica de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas. Durante más de cuarenta años sostuvo el reclamo por verdad y justicia.

En Alta Gracia, la familia atravesó además el aislamiento social y el silencio. Durante años, la desaparición de sus hijos fue negada o invisibilizada en la comunidad. Con el paso del tiempo, la misma ciudad comenzó a reconocer su lucha y a incorporar la memoria como parte de su identidad colectiva. 

La propia Emi D’Ambra sintetizó ese recorrido al señalar que la búsqueda continuaría “mientras quede un nieto que no fue recuperado y un cuerpo enterrado como NN”.

Memoria, justicia y una búsqueda que continúa

En 2016, los responsables del secuestro y desaparición de Carlos D’Ambra fueron condenados en la megacausa “La Perla-La Ribera-D2”, uno de los juicios más importantes por crímenes de lesa humanidad en Córdoba. Ese proceso permitió reconstruir parte del circuito represivo y establecer responsabilidades penales.

La identificación de sus restos permite ahora completar un tramo de esa historia. También confirma su asesinato en el marco del terrorismo de Estado.

Durante la jornada de restitución, su compañera expresó: “Le dije que lo iba a esperar toda la vida.Hoy puedo decir que tengo un pedacito de él”. 

La identificación de Carlos D’Ambra cierra, en parte, un círculo de búsqueda que sus padres no llegaron a ver completo. Santiago falleció en 2007 y Emi el 7 de marzo de 2017. Unos meses antes, llegó a ver a los genocidas que asesinaron a su hijo, recibir una condena en el marco del juicio por la Megacausa La Perla.

Emi y Santiago murieron sin conocer el destino final de su hijo, sin poder recuperar sus restos ni responder todas las preguntas que sostuvieron durante décadas.

Sin embargo, su lucha persistente fue condición para que ese proceso fuera posible. La restitución de los restos se inscribe en ese camino colectivo de memoria, verdad y justicia.

Aún queda abierta la búsqueda por Alicia D’Ambra y por el nieto o nieta apropiado durante la dictadura.

La historia de la familia D’Ambra, atravesada por la desaparición de dos hijos y la búsqueda de un nieto, sintetiza una de las dimensiones más profundas del terrorismo de Estado: la destrucción de vínculos familiares y la persistencia de la memoria como forma de reparación.

La identificación de Carlos no clausura esa historia, pero establece una verdad que durante décadas fue negada.

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