A 50 años del Golpe: memoria activa para cuidar la democracia

Opinión24 de marzo de 2026 Por Manuel Ortiz.

Hoy se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en la Argentina, un período oscuro que quebró nuestra historia y dejó marcas profundas en toda la sociedad.
A medio siglo de aquel 24 de marzo, la reflexión sobre lo sucedido no solo sigue siendo necesaria, sino urgente. En un contexto donde resurgen discursos que relativizan o incluso niegan lo ocurrido, sostener la memoria activa se vuelve una responsabilidad colectiva. Porque la memoria no es un ejercicio del pasado: es una herramienta del presente para cuidar la democracia.
Resulta preocupante que, después de tanto tiempo, todavía tengamos que escuchar interpretaciones que hablan de una “guerra” o que buscan justificar lo injustificable. Cuando el Estado, que debe garantizar la legalidad, actúa al margen de ella, lo que existe es terrorismo de Estado. Y sobre eso, como sociedad, hemos construido consensos que no deberían ponerse en duda.
Cuando una comunidad deja de recordar —o comienza a relativizar hechos tan dolorosos— empieza a debilitar los cimientos que la sostienen. Por eso es fundamental generar espacios de memoria, especialmente para las nuevas generaciones, que no vivieron esta etapa pero necesitan comprenderla para dimensionar su gravedad.
No se trata de mirar hacia atrás con rencor, sino con responsabilidad. De entender que el “Nunca Más” no puede ser solo una consigna, sino un compromiso real y activo de toda la sociedad. Los pueblos que no preservan su memoria corren el riesgo de repetir sus peores tragedias.
Decir que en aquellos años se llevó adelante un plan sistemático de persecución, tortura, robo de bebés y asesinatos, incluso en nombre de supuestos valores, no es una postura política: es decir la verdad.
Este aniversario, además, está atravesado por un hecho reciente que vuelve a interpelarnos: la identificación de Carlos D´Ambra entre los restos de los doce desaparecidos hallados en La Perla. Este avance en las investigaciones por crímenes de lesa humanidad no solo aporta verdad, sino que también permite a las familias continuar sus procesos de memoria, duelo y reparación. Alta Gracia también comparte ese dolor: el de padres que murieron sin saber qué pasó con sus hijos y el de una familia que, 50 años después, pudo finalmente llorar a su ser querido.
No nos moviliza el revanchismo ni la venganza. Nos movilizan la memoria, la verdad y la justicia. Y es desde esos valores que debemos seguir construyendo una sociedad más justa, más democrática y profundamente comprometida con su historia.
A 50 años del Golpe, mantener viva la memoria no es solo un deber con el pasado: es una decisión sobre el futuro que queremos.

Manu Ortiz.

Emilia DAmbra
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