Crisis textil: “Esto ya no es competencia, es un problema de modelo”

Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, advirtió que la apertura importadora y el derrumbe del consumo están destruyendo la cadena productiva. En Alta Gracia, la crisis ya provocó el cierre de Texto Fabril.
Economía14 de septiembre de 2026SNSN
Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer
Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer

(Alta Gracia; SN) – La crisis de la industria textil argentina ya provocó el cierre de alrededor de mil pequeñas y medianas empresas y la pérdida de 30.000 puestos de trabajo formales. El deterioro comenzó hace más de dos años, pero se profundizó durante 2026 por la caída del consumo, el avance de las importaciones y la ausencia de políticas destinadas a sostener la producción nacional.

Así lo advirtió Priscila Makari, directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, durante una entrevista con Siempre Radio 93.3. La especialista sostuvo que el problema atraviesa a empresas grandes, pequeñas, históricas y nuevas, sin distinción de tamaño o capacidad productiva.

“Ya perdimos alrededor de mil pymes y se perdieron 30.000 empleos formales”, afirmó Makari. La cadena textil emplea a unas 540.000 personas en todo el país y tiene presencia en casi todas las provincias.

En Alta Gracia, las consecuencias de la crisis quedaron expuestas con el cierre de Texto Fabril, la histórica fábrica ubicada frente a Plaza Mitre. El cierre dejó sin trabajo a unas 20 personas, además de otras nueve que ya habían sido desvinculadas durante los meses anteriores.

Industria textil -Ropa - ComercioIndustria textil en crisis: el 70% del mercado es importado y seis de cada diez máquinas están paradas

Un mercado dominado por las importaciones

La industria textil argentina mantuvo históricamente una participación cercana al 50 por ciento del mercado interno, mientras que la otra mitad correspondía a productos importados. Esa relación cambió de manera acelerada.

Actualmente, más del 70 por ciento del mercado está abastecido por productos provenientes del exterior, mientras seis de cada diez máquinas instaladas en las fábricas nacionales permanecen paralizadas.

“Un nivel de más del 70 por ciento importado no se vio nunca”, remarcó Makari. El avance de los productos extranjeros se produce, además, sobre un mercado interno más pequeño por la pérdida del poder adquisitivo.

La directora de Pro Tejer cuestionó que el Gobierno nacional haya reducido impuestos para productos importados desde países ubicados fuera del Mercosur sin aplicar una medida equivalente sobre la producción argentina.

Según explicó, las empresas nacionales deben competir con países que subsidian sus costos, tienen normas laborales más flexibles y aplican controles ambientales diferentes.

“Es una competencia muy desleal”, sostuvo.

“La gente no tiene plata”

Makari señaló que el avance importador no explica por sí solo la magnitud de la crisis. El otro componente central es el derrumbe de la demanda interna.

“Hoy en la Argentina no se está vendiendo ni nacional ni importado. La gente no tiene plata y eso es una realidad”, afirmó.

Los salarios y las jubilaciones perdieron terreno frente al aumento de los precios, mientras el desempleo continúa creciendo. Al mismo tiempo, los hogares deben destinar una porción cada vez mayor de sus ingresos a los alquileres, los alimentos, las prepagas y el transporte.

La combinación entre apertura importadora y caída del consumo dejó a las fábricas sin posibilidades de colocar su producción. Muchas redujeron turnos, suspendieron trabajadores o despidieron personal. Otras directamente cerraron.

“Las empresas obviamente lo último que quieren es despedir o achicar la producción, pero muchas ya tuvieron que hacerlo y otras no resistieron”, explicó Makari.

Plataformas sin controles y ropa usada

La directora de Pro Tejer también apuntó contra las plataformas internacionales que venden indumentaria directamente a consumidores argentinos.

Makari advirtió que esas empresas prácticamente no pagan impuestos y operan bajo un esquema que redujo los controles aduaneros sobre la composición de los productos, los precios declarados y posibles maniobras de subfacturación.

A ese escenario se sumó la autorización para importar ropa usada, vigente desde hace aproximadamente un año y medio.

“Está ingresando ropa desde el basural de Atacama, lo cual supone una competencia muy desleal y además un riesgo sanitario y ambiental para la Argentina”, denunció.

Mientras países como Francia avanzan con regulaciones para limitar el impacto de esas plataformas y Estados Unidos protege sectores industriales estratégicos, la Argentina eliminó controles y flexibilizó el ingreso de productos.

“No se trata de un darwinismo en el que sobrevive el más fuerte. Esto afecta a empresas grandes, chicas, productivas, con cien años de historia, nuevas, emprendedores y marcas con trayectoria. Ya es un tema de modelo”, afirmó.

Exportar fibras e importar ropa

Argentina cuenta con toda la cadena de valor textil: produce algodón, lana y fibras de camélidos, fabrica hilados y tejidos y tiene capacidad para confeccionar prendas terminadas con marcas propias.

Esa estructura permite multiplicar hasta 30 veces el valor de una fibra cuando se transforma en un producto terminado y se comercializa con una marca argentina.

Sin embargo, el proceso actual avanza en la dirección contraria. Crecen las exportaciones de materias primas y caen las ventas externas de productos elaborados. Al mismo tiempo, disminuye la importación de insumos para producir dentro del país y aumenta el ingreso de prendas terminadas.

“Estamos exportando nuestras fibras naturales sin agregado de valor e importando la prenda final. Es casi como volver al siglo XIX, cuando Argentina exportaba cuero e importaba zapatos”, comparó Makari.

La pérdida de esos eslabones representa menos empleo calificado, menos desarrollo científico y tecnológico y una menor capacidad para generar o sustituir divisas.

Sin señales de recuperación

La Fundación Pro Tejer trabaja junto con empresas, sindicatos, universidades y centros tecnológicos para sostener la cadena productiva. Sin embargo, Makari aseguró que no existen señales oficiales que permitan anticipar un cambio de rumbo.

“No se ven desde el Gobierno iniciativas para revertir esta situación y, por lo tanto, las expectativas sinceramente no son muy buenas para el sector”, afirmó.

La crisis que cerró mil pymes y eliminó 30.000 empleos formales continúa profundizándose. Alta Gracia ya conoce una de sus consecuencias: una fábrica histórica cerrada y decenas de familias que perdieron su fuente de trabajo.

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