

Brasil: Bolsonaro huyó a Estados Unidos y busca en Trump el aval para un golpe
Jorge Conalbi Anzorena
(Miami; SN, con información de elDiarioAR, Infobae, Clarín, El Destape y La Nación).- Flávio Bolsonaro comenzó a construir una justificación política para desconocer el resultado electoral brasileño y disputar el poder por fuera de las instituciones democráticas. Su autoproclamación como presidente electo, las denuncias de fraude sin pruebas y su traslado a Estados Unidos, donde agradeció el recibimiento de Donald Trump, configuran una secuencia que puede interpretarse como la preparación discursiva para un golpe de Estado.
El hijo del expresidente Jair Bolsonaro perdió el balotaje del domingo 25 de octubre frente a Luiz Inácio Lula da Silva por más de 4,4 millones de votos. Sin embargo, tras su fuga a Estados UInidos, difundió una carta en la que se atribuyó una victoria que las urnas le negaron.
La declaración representa una escalada política. Bolsonaro pretende instalar que existe una presidencia legítima distinta de la surgida del escrutinio y trasladar esa disputa al escenario internacional, especialmente a Washington, que hasta ahora no ha felicitado a Luis Inacio "Lula" Da Silva por su resonante tri9unfo en el balotage.

La hipótesis de una estrategia golpista queda expuesta de esa combinación de desconocimiento electoral, deslegitimación de la Justicia y búsqueda de respaldo extranjero.
La primera pieza: inventar un fraude para desconocer las urnas
La carta de Bolsonaro comienza con una afirmación de enorme gravedad institucional: se presenta ante los brasileños y la comunidad internacional como el verdadero presidente electo.
El dirigente sostiene que las elecciones estuvieron atravesadas por irregularidades y apunta contra el juez Cristiano Zanin, del Supremo Tribunal Federal, a quien responsabiliza por una supuesta manipulación de millones de votos.
El argumento, sin embargo, tropieza con los propios registros electorales.
Según informó Infobae, Bolsonaro cuestionó una prórroga de la votación y vinculó esa decisión con más de diez millones de sufragios que atribuyó a Lula entre la primera y la segunda vuelta. Pero el Tribunal Superior Electoral registró apenas 34.000 votos emitidos después de las 17, una cifra que desmiente la relación causal que intenta establecer.
El presidente de Brasil logró la reelección obteniendo más de 4,4 millones de votos de diferenc ia sobre Bolsonaro. Es decir, Lula ya era presidente electo antes de que se extendiera el horario de votación.
La segunda pieza: Washington como centro de operaciones políticas
La fuga de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos agrega una dimensión internacional a la crisis política brasileña.
El senador huyó de Brasil por la frontera argentina, pasó por Puerto Iguazú y abordó un avión privado que realizó una escala en Guayaquil antes de llegar a Miami. Su salida se produjo después de que la Justicia brasileña ordenara la entrega de sus pasaportes, en el marco de una investigación por presunto lavado de dinero.
La huida adquiere especial relevancia política por el destino elegido y por los agradecimientos posteriores a Donald Trump y Javier Milei.
Según La Nación, el operativo culminó con su llegada a Florida bajo la aprobación expresa del gobierno estadounidense. Clarín también informó sobre la participación del gobierno argentino en su salida.
Desde territorio norteamericano, Bolsonaro agradeció a Trump por recibirlo y a Javier Milei por su intervención.
La elección de Estados Unidos como destino adquiere así un significado político. Washington podría ofrecerle protección, visibilidad y una plataforma internacional desde la cual disputar la legitimidad del próximo gobierno brasileño.
Para una estrategia de desestabilización, el respaldo de una potencia extranjera podría resultar fundamental. La apuesta que sugieren sus movimientos es conseguir que Trump otorgue reconocimiento político a su reclamo y aumente la presión sobre las instituciones brasileñas.
La tercera pieza: convertir al acusado en víctima y al vencedor en usurpador
La carta contiene otro elemento revelador: Bolsonaro presenta a las instituciones brasileñas como parte de un supuesto régimen autoritario y se describe como víctima de una persecución política.
Incluso utiliza la expresión golpe de Estado para acusar a sus adversarios y a la Justicia.
La maniobra permite construir un argumento peligroso: si las autoridades son consideradas ilegítimas, cualquier acción destinada a desplazarlas podría presentarse como una recuperación de la democracia.
Es precisamente allí donde aparece la lógica de una eventual aventura golpista: crear primero la justificación política para una ruptura institucional y después buscar los apoyos necesarios para concretarla.
Existe, además, una contradicción dentro de la propia derecha brasileña: el Partido Liberal que postuló a Bolsonaro ya reconoció la victoria de Lula, mientras su excandidato insiste en proclamarse vencedor y anuncia que dirigirá la oposición desde Estados Unidos.
Milei, un aliado que ya intervino
El papel del gobierno argentino introduce un interrogante adicional.
Bolsonaro agradeció públicamente a Milei por su coraje y su sentido de la legalidad. Ese reconocimiento llega después de una fuga de Brasil que, según las reconstrucciones recogidas por SN contó con colaboración argentina.
El agradecimiento de Bolsonaro a Milei coloca al gobierno argentino dentro de una trama internacional cuyo alcance político necesita urgente esclarecimiento.
El factor Trump y el peligro para la democracia brasileña
Donald Trump ya expresó públicamente su disposición a permitir el ingreso de Bolsonaro y su familia a Estados Unidos. El Departamento de Estado había anunciado la concesión de visas y el presidente estadounidense consideró favorablemente su llegada.
Hasta la publicación de esas informaciones, la Casa Blanca no había anunciado el reconocimiento de Bolsonaro como vencedor electoral, pero tampoco se ha pronunciado sobre la victoria de Lula.
Un golpe que comienza con las palabras
Los golpes de Estado contemporáneos pueden prepararse mediante campañas de deslegitimación institucional, denuncias de fraude y construcción de autoridades paralelas. La fuerza puede aparecer después, cuando existe un clima político que pretende justificar su utilización.
En Brasil, Flávio Bolsonaro ya dio varios pasos en esa dirección: desconoce una derrota electoral, se proclama vencedor, acusa a los tribunales de conspiración, abandona el país y busca respaldo en el gobierno de la principal potencia del continente.
La advertencia política es concreta: el discurso del fraude puede convertirse en el fundamento de una tentativa de ruptura democrática.
Todavía falta conocer hasta dónde está dispuesto a llegar Bolsonaro y cuál será la respuesta de Trump. También resta determinar si sus aliados brasileños acompañarán esta estrategia o aceptarán las reglas institucionales.
Mientras tanto, Lula conserva la legitimidad surgida de las urnas y el resultado reconocido por las autoridades electorales.
La democracia brasileña -y del conjunto delo continente por el antecedente que supondría- enfrenta así una amenaza que comienza con una declaración unilateral de victoria y podría agravarse si una potencia extranjera decide convertirla en instrumento de presión política.


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