

Mi abuelo era menotista
Franco Muñoz(SN; Despeñaderos) Mi abuelo era menotista. Recuerdo cuando cada fin de semana nos sentábamos frente a la tele a ver los partidos del domingo y el nono Carlos contaba la formación que lo identificaba, con tres volantes bien dinámicos, el ocho a la derecha y el 10 a la izquierda, lo wines eran wines, con desborde pero también con gambeta y solo ocupados en esos metros finales para provocar las alegrías propias y desgracias rivales.
Su posición en la cancha era diez, pero era derecho, por lo que su juego se caracterizaba por el enganche hacia adentro. Tengo una foto de él haciendo jueguitos en la cancha del club “El Cardenal” de Río Tercero. Me la regaló mi abuela hace unos años y está en mi pieza de la infancia, junto a algún retrato bostero por ahí. 
Cesar Luis Menotti, además de su exitosa carrera como entrenador campeón del mundo, fue un jugadorazo, al menos esto me dijo mi abuelo. En las imágenes se lo ve con la casaca canalla y el dorsal número ocho. Un tipo alto, de tranco largo en la cancha. Físicamente el nono Carlos y Menotti eran muy parecidos, hasta mi abuela una vez me dijo que le hacía acordar a él y por ende a mi también.

Me enteré de su fallecimiento mientras sacaba fotos en un partido de fútbol de mi pueblo, Despeñaderos. Acá se jugaba el clásico local entre Unión y Alianza. La voz del estadio, Oscar Tabares, anunció el minuto de silencio por su reciente pérdida y, mientras caminaba hacia el centro del campo para retratar a los equipos, se me cayeron las lagrimas. La muerte de Menotti me recordó a mi abuelo viviendo el fútbol y ahora estaba yo solo un domingo adentro de un campo de juego. De este lado del alambrado hablaba con los vecinos presentes en el clásico y todos ellos sintieron la partida de Menotti como un referente de nuestro fútbol, pero sobre todo de nuestra cultura. Sin ir más lejos, esta noche alguien me dijo que el flaco Menotti era capaz de empezar una charla hablando de su juego en equipo pero terminaba citando a escritores, como Jose Ingenieros hablando del éxito o a Adolfo Bioy Casares.

Habrá que estar atentos. Se nos fue un imprescindible. El tiempo corre y hoy le tocó al flaco, pero su filosofía es lo que queda y eso es lo bueno. Yo me imagino a mi abuelo haciendo algún lugar por ahí para agradecerle, quien no te dice que hasta arman un mediocampo juntos, uno de ocho y otro de diez, como en lo nuevos tiempos. Buen viaje, flaco.



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