

Día del Locutor. Mario Luna: “La radio también debe educar”

(SN; Alta Gracia) El 3 de julio no es un día más en el calendario radial. Es el Día del Locutor, y en ese marco, Siempre Radio tuvo el privilegio de dialogar con una de las voces más emblemáticas de la radiofonía cordobesa: Mario Luna.
Para quienes crecieron con los sonidos de la tribuna, los goles gritados desde el viejo estadio Chateau Carreras o las formaciones de Talleres anunciadas con solemnidad, su timbre resulta inconfundible. “Siempre me llamó la atención esa voz”, recordó el periodista Marcelo Paez sobre su niñez, cuando el micrófono comenzaba a moldear su propio vínculo con la radio. “Después lo empecé a identificar en la radio. Y con los años, esa misma voz seguía ahí, acompañando”.
Mario Luna saluda desde el otro lado del teléfono con calidez. “¡Hermosa y querida ciudad Alta Gracia!”, dice. La pasión por el micrófono sigue intacta, aunque con una mirada crítica sobre el presente de la profesión. “Hay una pereza intelectual preocupante en algunos colegas”, reflexionó. “No todos, claro, hay honrosas excepciones. Pero se ha perdido el amor por el cuidado del lenguaje. Y eso debería ser una preocupación central en cualquier medio”.

Para Luna, la radio siempre tuvo una misión más profunda que entretener: “Los medios fueron creados también para educar. Y eso lo dicen hasta las leyes de radiodifusión”. Sin embargo, en un contexto cultural que diagnostica como “mediocre”, advierte que el compromiso con el lenguaje y la formación ya no ocupa el lugar que solía.
El recorrido de Mario Luna hacia el micrófono no fue lineal. Salteño de nacimiento, hijo de una familia de locutores, llegó a Córdoba en los años 60 para estudiar Ingeniería Electrónica. Pero un hecho político —el asesinato del estudiante Santiago Pampillón y la posterior huelga universitaria— cambió su destino. “Un día, un capitán del Ejército que dirigía la radio me paró en un pasillo y me dijo: ‘Si sos hermano de los Luna, vos también tenés que ser locutor’”. Esa orden terminó por abrir una puerta inesperada: leyó un boletín imitando la voz de su hermano… y ya no se alejaría del micrófono.
Hoy, Luna sigue formando nuevas camadas de locutores. “En ese proceso, también me sigo formando yo. La búsqueda de la excelencia es un ida y vuelta”, explicó. Aunque reconoce que son pocos los jóvenes que se acercan con verdadera vocación, celebra el compromiso de personas adultas que retoman un sueño postergado, muchas veces después de jubilarse o de criar a sus hijos.
También continúa al aire. Todos los domingos, de 10 a 13, comparte un programa en la nueva LV2 junto a Martín Bricio y Marcela Palermo. “Para los que extrañan la buena radio, ahí estamos”, dijo con orgullo. El ciclo se puede escuchar en cualquier parte del mundo a través de www.zonanucleo.com.
La entrevista cerró con un consejo de quien conoce como pocos los secretos del oficio: “Hay que cuidarse mucho la garganta en invierno. Las bajas temperaturas afectan las cuerdas vocales y la adicción. Y la voz, para nosotros, es todo”.
Mario Luna es mucho más que una voz. Es memoria viva, es historia del éter, es una escuela con micrófono. Y sigue, como siempre, generando.
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