

En Alta Gracia el dolor ardió en silencio
Jorge Conalbi Anzorena(Alta Gracia; SN) La ciudad aún dormía cuando el infierno tocó la puerta equivocada. Eran cerca de las cuatro y media de la mañana de este sábado 26 de julio. En un rincón oscuro del barrio Liniers, calle Pueyrredón casi Esmeralda, una casa endeble hecha de más coraje que cemento empezó a iluminarse de un modo fatal.
Los vecinos dicen que el fuego nació rápido, como si lo hubieran estado esperando. Primero fue una chispa -tal vez una vela, tal vez algo tan siniestro como la pobreza- y luego el aire se volvió humo, y el humo devoró el sueño de dos nenas de dos y cuatro años.
Para cuando llegaron los bomberos, ya no quedaba mucho por rescatar. Solo llamas, escombros, gritos cortados y la silueta rota de una madre intentando volver sobre sus pasos, buscando revertir lo irreversible. Tenía 22 años y las piernas quemadas. Los brazos también. Pero lo más quemado era lo que no se veía: la desesperación no deja cicatriz, pero tampoco cura.

Las versiones no tardaron en circular. Que la madre no estaba. Que había salido. Que volvió corriendo. Que entró igual. Que lo hizo por ellas. Que no alcanzó. Que estaba haciendo tortas porque era el cumpleaños de una de las pequeñas. Las palabras sobran cuando el fuego ya dijo todo lo que tenía que decir.
Al lugar llegó media ciudad: bomberos, policías, peritos, vecinos, curiosos, periodistas, incluso los que no querían mirar pero no pudieron evitarlo. Entre las ruinas humeantes, el Gabinete de Policía Judicial levantaba anotaciones como quien intenta entender un crimen sin testigos.
Las niñas murieron ahí, en la misma casa donde habían jugado, dormido. El incendio dejó más que cenizas: dejó preguntas. ¿Qué pasó? ¿Por qué? ¿Quién debía estar? ¿Quién no estaba?
Algunos dicen que fue un accidente. Otros, que la precariedad también mata. La Justicia, de momento, guarda silencio. La causa fue caratulada como “Muerte de etiología dudosa”. Dicen que eso es lo que se escribe cuando el dolor está demasiado fresco.
Un patrullero que iba en busca de refuerzos se estrelló unas cuadras más lejos, casi como si la tragedia necesitara un eco para hacerse notar. No hubo heridos graves, solo más confusión en una noche que ya no necesitaba más sobresaltos.
En Alta Gracia, el amanecer del sábado fue más gris que de costumbre. Las sirenas callaron, pero el silencio sigue haciendo ruido.
Porque hay historias que, aunque se apaguen, siguen ardiendo.

Foto: Gentileza Mi Valle


Anisacate: un hombre borracho amenazó a su esposa con un revólver

Falda del Carmen: brilló el acero en la cerradura y... cayó en un cerrojo

Dique Chico: murió un niño de dos años tras ser hallado en una pileta

Esquina caliente: otro episodio de violencia en Sarmiento y Vélez Sarsfield

Alta Gracia: plomo de madrugada y un presunto asalto que terminó en el quirófano


Subsidios energéticos: piden actualizar datos para no perder el beneficio


Anisacate: histórica participación en elecciones de la cooperativa y triunfo del oficialismo

Alta Gracia: Encuentro literario reunirá a autores locales durante Semana Santa






