La noche de los "justos": El regreso del peligroso mesianismo de Javier Milei

Opinión28 de enero de 2026Salvadora OnrubiaSalvadora Onrubia
Milei, Javier Derecha Fest 20260127

No fue un discurso político; fue un manifiesto de exclusión. Lo que sucedió este martes 27 de enero en la Derecha Fest de Mar del Plata no debe leerse como una anécdota de color. Cuando Javier Milei bramó ante su núcleo duro que “se le viene la noche a los zurdos”, no estaba haciendo una metáfora económica. Estaba, con una violencia verbal que hiela la sangre, trazando una línea de fuego entre quiénes tienen derecho a existir en su Argentina y quiénes deben ser borrados del mapa social.

El fin de la tregua táctica

Estas características autoritarias y mesiánicas no son nuevas. Ya habitaban en el Milei de la campaña de 2023, aquel que agitaba motosierras y trataba de "excremento" a quien pensara distinto. Sin embargo, durante la contienda electoral de 2025, se vio a un Milei contenido, un prestidigitador del discurso que archivó sus expresiones más virulentas para seducir al electorado moderado.

Pero el disfraz cató. Tras la victoria electoral que le fabricó Donald Trump desde Estados Unidos -un triunfo que Milei siente como propio y que ha revitalizado su narrativa de "fuerzas del cielo"- el presidente argentino decidió volver a sus fuentes. Sintiéndose respaldado por un nuevo orden global de derechas radicales, Milei recuperó el tono de cruzado moral, convencido de que su "misión divina" ya no necesita de filtros democráticos.

Del grito al decreto: La institucionalización del miedo

Lo más alarmante es que esta retórica no queda en el aire. El "se les viene la noche" tiene hoy un correlato jurídico aterrador. Mientras el Presidente canta en los escenarios, firma decretos que parecen extraídos de las épocas más oscuras de la historia argentina:

La SIDE como policía política: El reciente decreto que faculta a los agentes de inteligencia para realizar detenciones es una herida mortal al consenso democrático de 1983. Convertir a los espías en ejecutores de capturas es resucitar una policía secreta bajo el mando directo del Ejecutivo.

El fin de las garantías constitucionales: Los aprestos para modificar legislaciones que permitan allanamientos y detenciones sin orden judicial representan un salto al vacío totalitario. Si el Estado puede entrar en tu casa o privarte de la libertad sin la intervención de un juez, la Constitución se convierte en papel mojado.

El autoritarismo como política de Estado

Al dividir el país entre “justos y pecadores”, Milei abandona la investidura presidencial para calzarse la túnica de un inquisidor. Esta deshumanización del oponente es el preámbulo necesario para el uso de la fuerza. Si el "zurdo" es un pecador que causa la decadencia nacional, entonces cualquier medida -incluyendo el espionaje y la detención arbitraria- queda justificada en nombre de la "libertad".

Este es el verdadero peligro del momento: un Presidente que se siente ungido por un contexto internacional favorable y que está decidido a demoler los controles republicanos que le estorban. La "batalla por las almas" de la que habló en Davos es, en realidad, una batalla contra la diversidad de pensamiento y el debido proceso.

Naturalizar este fenómeno significa un severo retroceso. La democracia no es solo el triunfo en las urnas; es el respeto irrestricto a los límites del poder. Cuando el grito de un escenario se transforma en un decreto que habilita la persecución, la libertad de todos -no solo de los señalados- está en la cuerda floja.

La "noche" que Milei profetiza no caerá solo sobre sus opositores. Si se tolera que el mesianismo reemplace a la ley y que la inteligencia estatal reemplace a la justicia, la oscuridad alcanzará a todos por igual.

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