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Jorge Conalbi Anzorena

En junio de 1990 Jorge Lanata aceptó ser entrevistado por Mariano Grondona. En ese momento, el periodista tenía 29 años y hacía tres que había fundado Página/12, el diario que marcó un hito histórico en la historia del periodismo gráfico argentino, influenciando a todo el resto, al menos durante dos décadas.
El entonces director del matutino en el que se referenciaba el progresismo, los movimientos de Derechos Humanos y buena parte de la izquierda, se sentó a la mesa de uno de los exponentes comunicacionales del Terrorismo de Estado. En efecto, Grondona no sólo fue un eficaz vocero del relato dictatorial, sino que fue el redactor del famoso Comunicado Número 1 de la Junta Militar que asaltó el poder en marzo de 1976.
Hasta ese momento, Lanata y Página/12 se habían transformado en una referencia ineludible para nuestra generación de periodistas. Era imposible no admirar el estilo desenfadado y el humor de un medio que clavaba el cuchillo hasta el hueso a la hora de denunciar los abusos de poder y la corrupción menemista.
Dos fueron los elementos que transformaron aquella entrevista en una bisagra.
El primero: significó el ingreso de Página/12 al ecosistema de medios “serios”. Su fundador y director se sentaba a conversar con la máxima referencia del establishment periodístico argentino. Ese diario ya no sería un producto marginal en el mundo de la prensa gráfica. Ya no constituiría la alternativa al sistema, sino que ingresaba al mismo por la puerta grande.
Y el segundo, la declaración del propio Lanata autodefiniéndose ideológicamente como “un liberal de izquierda, que es una cosa bastante rara”.
Poco a poco, a partir de entonces, el periodista y Página/12 comenzaron a mutar a tal punto que Lanata -quizá quien mejor había radiografiado hasta entonces el entramado de poder del Grupo Clarín- terminó transformándose en el ariete de ese grupo económico en su guerra contra el kirchnerismo.
El “liberal de izquierda” cada vez tuvo menos de izquierda y más de liberal, hasta convertirse en fetiche de encumbrados referentes de la derecha.
Y a la misma vertiginosa velocidad que el éxito crecía y los premios de las corporaciones se amontonaban, la creatividad desaparecía y la investigación periodística era reemplazada por operaciones y/o carpetazos.
Hoy murió Jorge Lanata. Su paso por el periodismo argentino, su aporte y la marca que dejó resultarán ineludibles.
Muchos de nosotros nos despedimos de él hace tiempo. Quizá lo fuimos haciendo sin darnos cuenta, de a poco.
Empezamos a velarlo en 1990, conservando el respeto y la admiración que hasta entonces le tuvimos.

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