Bouwer: parecía amor, pero la traición se coló en la visita

Crónica de una caída anunciada entre los muros del Complejo Penitenciario.

Policiales12 de enero de 2026Víctor HughesVíctor Hughes
FPA Dtenida Bouwer 20260111

(Bouwer; SN).- El aire en el Complejo Carcelario N.º 1 de Bouwer siempre huele a encierro y a cuentas pendientes, pero el pasado fin de semana, el ambiente estaba cargado de algo más: una traición que se cocía en las sombras. No fue el azar lo que detuvo a la mujer de 28 años en la puerta del infierno de acero y hormigón; fue el eco de voces anónimas que, delaroras que marcaron el 0800 888 8080.

La sospechosa caminaba con el paso ensayado de quien lleva un secreto pesado. Sin embargo, para los sabuesos de la Fuerza Policial Antinarcotráfico (FPA) y los centinelas del Servicio Penitenciario, su nerviosismo era una confesión sin palabras. El operativo conjunto no fue una casualidad, sino una emboscada técnica contra el tráfico que no conoce de muros.

El botín en la piel
Bajo la piel y la ropa, ahí donde el pudor se mezcla con la desesperación, la mujer que había obtenido una visita íntima, ocultaba un arsenal químico destinado a "aliviar" la condena de alguien. El recuento final fue un mazazo de realidad: 445 dosis de cocaína -esa nieve amarga que mueve los hilos del submundo- y 86 dosis de marihuana, el bálsamo verde que se convierte en moneda de cambio tras las rejas.

La detención fue quirúrgica. El personal penitenciario interceptó el cargamento antes de que cruzara el umbral de las celdas, y la FPA tomó las riendas de una investigación que recién comenzaba a mostrar sus garras.

Pero el drama no terminó en los fríos  pasillos de Bouwer. El hilo invisible del narcotráfico llevó a los sabuesos hasta una esquina de la localidad de Pilar, allí donde la calle 25 de Mayo choca con San Martín.

En un allanamiento que rompió la calma de la zona, los agentes registraron cada rincón de una propiedad vinculada a la detenida. No buscaban fantasmas, buscaban pruebas, y el secuestro de elementos vinculados a la causa terminó de cerrar el círculo sobre una organización que pretendía convertir la visita familiar en un mercado de estupefacientes intramuros.

La mujer, cuya identidad quedó bajo el resguardo de las actas judiciales, ya no espera en la fila de visitas. Ahora, por disposición de la Fiscalía de Lucha contra el Narcotráfico, duerme bajo el mismo techo de cemento que sus familiares, pero esta vez, del otro lado de la reja. La Justicia ya tiene sus nombres; la calle, una vendedora menos.

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