

La libertad de mercado que cierra persianas: empresas que caen en la era Milei
La escena se repite en distintas ciudades del país: una persiana baja, un cartel de liquidación, empleados que se enteran por WhatsApp que la empresa donde trabajaban ya no existe. El discurso oficial habla de “reformas estructurales” y “sinceramiento económico”. La realidad cotidiana se parece más a una larga lista de empresas que desaparecen.
La quiebra de Garbarino, decretada por el Juzgado Nacional en lo Comercial N.º 7, se convirtió en el símbolo más reciente de ese proceso. La histórica cadena de electrodomésticos, que en su mejor momento llegó a emplear a más de 5.000 personas, no logró aprobar un acuerdo con acreedores y terminó en liquidación definitiva.
La caída de la empresa funciona como una metáfora del modelo económico en curso: primero se vacían los locales, después se vacían los bolsillos de los consumidores y finalmente se vacían las fábricas.

Una lista cada vez más larga
Garbarino no aparece sola en el obituario empresarial. La enumeración crece semana a semana.
La fabricante de neumáticos Fate anunció el cierre de su planta principal y el despido de alrededor de 920 trabajadores.
La empresa Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), productora de yogures y postres vinculados a SanCor, también terminó en quiebra y dejó cerca de 400 trabajadores sin empleo en sus plantas de Buenos Aires y Córdoba.
A la lista se suman conflictos en firmas como Lácteos Verónica, Granja Tres Arroyos y ADS, con deudas salariales y tensiones laborales.
Mientras tanto, empresas grandes y medianas reducen personal o cierran líneas de producción. El fenómeno alcanza sectores diversos: alimentos, industria pesada, comercio minorista y consumo masivo.

La economía real, en números rojos
Los números acompañan el clima de cierre generalizado. Informes recientes señalan que la industria argentina atraviesa una recesión profunda, con una caída promedio cercana al 7,9% respecto de 2023.
Desde el inicio del actual ciclo económico desaparecieron miles de empresas empleadoras y se perdieron decenas de miles de puestos de trabajo en el país.
El diagnóstico que surge incluso desde sectores empresariales resulta menos entusiasta que el relato oficial. La Unión Industrial Argentina advirtió que muchas compañías, en especial pymes, atraviesan un momento crítico por la caída del nivel de actividad y las dificultades para financiarse.
El laboratorio libertario
El gobierno describe el proceso como una “transición inevitable”. La teoría sostiene que, luego de una poda dolorosa, florecerá una economía más eficiente.
En la práctica, el experimento se parece a una poda que arranca el árbol completo.
La apertura de importaciones, la caída del consumo y la retracción del mercado interno golpean a empresas que dependen de las ventas locales.
El resultado aparece a simple vista: menos fábricas, menos comercios y más trabajadores en la fila del desempleo.
La economía del “sálvese quien pueda”
El discurso libertario prometía una potencia económica. Hasta ahora, la revolución parece concentrarse en otro rubro: el de los remates judiciales y las liquidaciones por quiebra.
Cada cierre se presenta como un caso aislado. Pero cuando las persianas bajadas empiezan a formar fila, la explicación deja de ser individual.
Tal vez el mercado sea libre.
Las empresas, en cambio, parecen cada vez menos.



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