

Alta Gracia no tiene “argentinos de bien” que reivindicar

El discurso de odio que crece en la Argentina no tiene como blanco principal al migrante extranjero como en Europa o Estados Unidos, a dónde los “argentinos de bien” miran como ejemplo a seguir todavía. Tiene como blanco, criollo, mestizo por definición, al propio compatriota: al que vive en un barrio popular, al que cobra un plan social, al que milita en un sindicato, al que es feminista, ambientalista, peronista, indígena o simplemente pobre. La categoría que los reúne a todos —“negros villeros”, “planeros”, “kukas”, “vagos”, “adictos”, “zurdos”— no describe un origen étnico distinto. Describe una posición de clase y una disidencia política que se presenta como amenaza para un “argentino de bien” cuya definición nunca se explicita, porque no necesita explicitarse: alcanza con no ser ninguna de esas cosas.

Si la historia misma de nuestras comunidades fue construida por personas que hoy serían objeto de desprecio o exclusión en determinados discursos, entonces la idea de una comunidad fundada por una élite moral homogénea carece de sustento histórico.
(*) Politóloga / Especialista en Gestión y Comunicación política -UCC
BIBLIOGRAFIA




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