Alta Gracia no tiene “argentinos de bien” que reivindicar

El discurso que hoy divide entre los “argentinos de bien” y el “negro villero”, el “planero”, el “kuka”, la “feminazi” o el “zurdo” no discrimina por nacionalidad. Discrimina por clase y género. Y este pueblo, con su propia historia, es la prueba de que ese argentino “puro” nunca existió acá tampoco.
Opinión26 de julio de 2026 María Alicia Noero (*)
Antigua AG Iglesia, Estancia, Ranchería coloreada IA
Antigua imagen de la Iglesia y la Estancia de Alta Gracia, intervenida con IA.

El discurso de odio que crece en la Argentina no tiene como blanco principal al migrante extranjero como en Europa o Estados Unidos, a dónde los “argentinos de bien” miran como ejemplo a seguir todavía. Tiene como blanco, criollo, mestizo por definición, al propio compatriota: al que vive en un barrio popular, al que cobra un plan social, al que milita en un sindicato, al que es feminista, ambientalista, peronista, indígena o simplemente pobre. La categoría que los reúne a todos —“negros villeros”, “planeros”, “kukas”, “vagos”, “adictos”, “zurdos”— no describe un origen étnico distinto. Describe una posición de clase y una disidencia política que se presenta como amenaza para un “argentino de bien” cuya definición nunca se explicita, porque no necesita explicitarse: alcanza con no ser ninguna de esas cosas.

Rita Segato, en"Contra-pedagogías de la crueldad" (2018), describe este mecanismo con precisión: el poder no necesita argumentar por qué un cuerpo es descartable, alcanza con exhibirlo como tal, repetidamente, hasta que la crueldad hacia ese cuerpo deje de necesitar justificación. Antonio Gramsci, en los "Cuadernos de la cárcel" (1929-1935), agrega la otra mitad: ningún relato de este tipo se sostiene solo con el poder del Estado. Necesita que buena parte de la sociedad lo acepte como sentido común, aunque esa sociedad esté hecha, en los hechos, exactamente de la gente que el relato desprecia.

Ahí es donde Alta Gracia tiene algo concreto para decir, no como excepción sino como evidencia de cualquier pueblo colonizado emancipado de América Latina. El Tajamar, hoy paseo familiar en el centro del pueblo, se construyó en 1659 con trabajo forzado de personas esclavizadas de origen africano, sobre tierra que antes fue de comunidades comechingonas diezmadas por la conquista. La estancia que hoy es Patrimonio de la Humanidad no tiene un origen de “gente de bien” fundacional: tiene un origen de mano de obra esclava, indígena despojada y, después, inmigración italiana, española y sirio-libanesa que en su momento también fue mirada con desconfianza. El “argentino de bien” que hoy se opone al “negro villero” no tiene, en esta historia, ningún antepasado que reivindicar limpiamente. Los antepasados de este pueblo son, en su enorme mayoría, la gente que ese discurso hoy señala.

Esto no es un dato anecdótico ni un gesto de orgullo local. Es un desmentido factual, verificable, a la premisa sobre la que se arma el discurso de la superioridad de clase: que hay, en algún lado, un origen limpio y meritorio que el pobre, el disidente o el militante social no tienen. No lo hay. Ni en Alta Gracia ni en ningún otro pueblo del país hecho, como este, de mezcla forzada y trabajo no reconocido.

El relato del “argentino de bien” no se derrota con indignación moral ni con la acusación de que discrimina —eso todavía discute en su propio terreno—. Se le saca apoyo mostrando, con historia verificable y no con consigna, que la limpieza de origen que supone no existió nunca, tampoco en el pueblo que hoy podría reivindicarla. Esa es la única función real de este relato: no convencer al que ya lo sostiene, sino quitarle a ese discurso la base de sentido común que necesita para crecer sin que nadie se la discuta.

Si la historia misma de nuestras comunidades fue construida por personas que hoy serían objeto de desprecio o exclusión en determinados discursos, entonces la idea de una comunidad fundada por una élite moral homogénea carece de sustento histórico.

(*) Politóloga / Especialista en Gestión y Comunicación política -UCC

BIBLIOGRAFIA
- Segato, Rita. *Contra-pedagogías de la crueldad*. Prometeo, 2018.
- Gramsci, Antonio. *Cuadernos de la cárcel*, 1929-1935.
- Municipio de Alta Gracia — historia del Tajamar (construcción en 1659, mano de obra esclava africana).
- Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers — historia de la estancia y su población esclavizada.

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