Malvinas: Milei desempolva el manual de Galtieri y vuelve a apostar por Washington

Cuarenta y cuatro años después de la guerra, reaparecen la unidad nacional, el poder militar y la confianza en Estados Unidos como ejes del reclamo argentino.
Opinión04 de septiembre de 2026Jorge Conalbi AnzorenaJorge Conalbi Anzorena
Galtieri Milei Malvinas
Galtieri Milei Malvinas


A cuarenta y cuatro años de la Guerra de Malvinas, Javier Milei volvió a colocar la cuestión de las islas en el centro de la escena política argentina. Lo hizo con anuncios concretos, un camaleónico cambio de retórica y una apelación a la unidad nacional que inevitablemente trae ecos de 1982.

Salvedad imprescindible: la diferencia histórica. Leopoldo Fortunato Galtieri encabezaba una dictadura que condujo al país a una guerra contra el Reino Unido. Milei gobierna bajo un régimen democrático y aseguró que utilizará herramientas diplomáticas, económicas, judiciales y legales para sostener el reclamo argentino.

Una vez establecida esa diferencia esencial, aparecen coincidencias llamativas en la construcción política de Malvinas, entre las que sobresale la utilización de una causa que atraviesa las fronteras partidarias para convocar a la unidad nacional en momentos de dificultades internas.

Una causa por encima de las diferencias

Durante la cadena nacional del jueves 3 de septiembre prácticamente desapareció el presidente que divide a los argentinos entre "de bien" y "zurdos", "mandriles", "econochantas" y demás integrantes del extenso catálogo de adversarios construido durante estos años.

En su lugar apareció un Presidente hablando de Nación, soberanía, recursos estratégicos, Fuerzas Armadas y unidad: "Las Malvinas son argentinas, por historia y por derecho", comenzó Milei. Después definió el reclamo como una causa que "no pertenece a un gobierno ni a un partido político" sino que constituye "una causa nacional". El mensaje terminó de cerrar el círculo cuando convocó a la dirigencia política, económica y social a expresarse con una misma voz.

La transformación resulta particularmente significativa porque se produce cuando el Gobierno atraviesa un profundo deterioro de su aprobación pública, un contexto que también fue destacado por medios internacionales al analizar el súbito protagonismo adquirido por Malvinas en la agenda presidencial.

Y allí aparece inevitablemente 1982.

Primera coincidencia: Galtieri también necesitaba unidad

La dictadura que comandaba Galtieri atravesaba entonces su peor momento desde el golpe de Estado de 1976. El programa económico estaba agotado, crecía el conflicto social, la actividad política recuperaba las calles y las denuncias por las violaciones de los derechos humanos habían destruido buena parte de la legitimidad internacional del régimen. Tres días antes del desembarco en Malvinas, el 30 de marzo de 1982, una multitudinaria movilización convocada por la CGT había sido brutalmente reprimida.

El 2 de abril todo cambió.

La recuperación de las islas produjo una extraordinaria movilización popular alrededor de una reivindicación histórica que pertenecía al conjunto de la sociedad y no a la dictadura.

El régimen intentó apropiarse de ese sentimiento.

No significa que Milei sea Galtieri ni que la Argentina de 2026 pueda equipararse con aquella dictadura. La comparación apunta a otra cuestión: el Presidente parece haber descubierto durante el Mundial la formidable potencia política y emocional de la causa Malvinas. La señal estuvo allí, sobre el césped, después de que Argentina eliminara a Inglaterra: los jugadores desplegaron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” y la imagen recorrió el país. Milei, paradójicamente, intentó inicialmente tomar distancia del episodio, insistió en que no debía mezclarse fútbol y política y semanas después volvió a cuestionar a los futbolistas por aquel gesto. Pero la masiva repercusión de la bandera había dejado una evidencia difícil de ignorar: pocas causas tienen semejante capacidad para atravesar diferencias políticas, sociales e ideológicas y construir un “nosotros” nacional. Menos de dos meses después, Milei colocó Malvinas en el centro de su discurso y convocó a los argentinos a dejar de lado sus diferencias detrás de la reivindicación soberana. Lo que Galtieri había comprendido -y utilizado- en 1982, Milei parece haberlo descubierto en 2026 mirando un Mundial de fútbol.

Segunda coincidencia:  De Reagan a Trump

La dictadura argentina había construido una estrecha relación con la administración de Ronald Reagan. El régimen colaboraba con la estrategia estadounidense en América y Galtieri llegó a ser considerado un aliado importante de Washington en la región.

Estados Unidos también era -y continúa siendo- el principal aliado estratégico del Reino Unido.

Horas antes del desembarco argentino, Reagan llamó personalmente a Galtieri. Los documentos históricos del Departamento de Estado muestran que el mandatario estadounidense le advirtió que Margaret Thatcher respondería militarmente y trató de convencerlo de evitar el uso de la fuerza.

Galtieri siguió adelante.

Cuando fracasaron las negociaciones, Washington abandonó definitivamente su pretendida neutralidad: suspendió la ayuda económica y militar a la Argentina y brindó respaldo político, logístico y militar al Reino Unido.

La "relación especial" tenía límites y aparecieron cuando Buenos Aires chocó con Londres.

Cuarenta y cuatro años después, Milei vuelve a colocar una parte importante de su estrategia sobre Malvinas en Washington.

El Presidente argentino celebró públicamente que Donald Trump haya sugerido una eventual revisión de la posición estadounidense sobre las islas y presentó esas declaraciones como consecuencia de la alianza construida entre ambos gobiernos.

Según Milei, Washington sabe que tiene en la Argentina "un socio confiable, alineado con los valores occidentales" y estratégicamente relevante.

La historia, sin embargo, obliga al menos a formular una pregunta.

¿Hasta dónde llega una alianza con Washington cuando los intereses argentinos entran en contradicción con los intereses británicos?

Galtieri descubrió la respuesta de la peor manera.

Milei carga además con una contradicción que el dictador obviamente no tenía. El actual Presidente argentino ha expresado reiteradamente su admiración por Margaret Thatcher y quizá aún repose en el despacho presidencial el retrato de "la dama de Hierro", que tanto ha llamado la atención de sus visitantes.

La paradoja resulta extraordinaria: el mandatario argentino que convirtió a Thatcher en una de sus referencias políticas es también quien ahora anuncia sanciones económicas, reconstrucción de capacidades militares y una ofensiva diplomática.

Hasta hace relativamente poco, además, la política de Milei hacia Londres había tenido un tono considerablemente más sumiso.

Tercera coincidencia:  la mirada internacional

Galtieri creyó en 1982 que había encontrado una ventana de oportunidad internacional.

La Junta evaluó que el Reino Unido podía no estar dispuesto a pagar el enorme costo económico y militar necesario para recuperar unas islas ubicadas a miles de kilómetros de Londres.

La lectura resultó catastróficamente equivocada.

Milei también considera ahora que existe una oportunidad histórica.

"En el mundo corren vientos de cambio favorables a nuestro reclamo", aseguró.

Su razonamiento incluye el supuesto declive británico, la creciente importancia estratégica del Atlántico Sur y, fundamentalmente, un factor que conecta directamente 2026 con 1982: Estados Unidos.

El fantasma de 1982

En el único discurso que el Presidente cerró gritando "Viva la Patria" en lugar de "Viva la Libertad Carajo", reaparecieron varios componentes conocidos.

  • Una crisis doméstica.
  • Malvinas convertida en causa capaz de unir a una sociedad políticamente fragmentada.
  • La reivindicación del poder militar como condición necesaria para ejercer soberanía.
  • La convicción de que el escenario internacional ofrece una oportunidad excepcional.
  • La percepción del Reino Unido como una potencia en declive.
  • Y, finalmente, la esperanza de que una relación privilegiada con Washington pueda inclinar la balanza a favor de Buenos Aires.

Son demasiadas coincidencias como para ignorarlas y demasiadas diferencias como para afirmar que la historia simplemente se repite.

En 1982, la dictadura confundió deseos con relaciones de poder. Creyó que Londres no reaccionaría con suficiente fuerza y sobreestimó brutalmente el valor de su amistad con Washington.

El resultado fueron 649 argentinos muertos.

Cuarenta y cuatro años después, Milei sostiene que nuevamente soplan "vientos de cambio" sobre el Atlántico Sur.

La historia de Malvinas aconseja mirar cuidadosamente hacia dónde sopla el viento antes de confiar demasiado en él.

Y al mover un profundo y legítimo sentimiento nacional, cabe preguntarse si ahora Milei tiene margen para volver atrás.

Te puede interesar
Vigilancia Tecnoautoritarismo

¿Quiénes vigilan a los vigilantes?

María Alicia Noero (*)
Opinión23 de agosto de 2026
Amnistía Internacional denuncia que la expansión de la vigilancia estatal en Argentina avanza con escaso control político y ya genera autocensura, temor y menor participación en protestas ciudadanas.
Marcha La Patria No Se Vende 20260806

La soberanía del pueblo argentino

Por María Alicia Noero (*)
Opinión09 de agosto de 2026
La muerte del Indio, Malvinas en Atlanta y la memoria de Maradona confluyeron en una escena de dignidad, pasión popular y memoria antiimperial.
Mane Chiotti

Política de politólogas

Por Mgter Mané Chiotti
Opinión06 de agosto de 2026
Frente a la antipolítica y la crisis de representación,  la autora de la presente columna reivindica el valor de la ciencia política y los proyectos colectivos.
Alta Gracia Antigua Iglesia, Estancia, Ranchería (Foto Museo Estancia)

Alta Gracia no tiene “argentinos de bien” que reivindicar

María Alicia Noero (*)
Opinión26 de julio de 2026
El discurso que hoy divide entre los “argentinos de bien” y el “negro villero”, el “planero”, el “kuka”, la “feminazi” o el “zurdo” no discrimina por nacionalidad. Discrimina por clase y género. Y este pueblo, con su propia historia, es la prueba de que ese argentino “puro” nunca existió acá tampoco.
Lo más visto
Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email