

“Cada 3 de noviembre vuelvo a 1995”: la memoria de un bombero de Río Tercero
SN
(Alta Gracia; SN).- Treinta y un años después, Jorge Alacevich todavía puede reconstruir cada momento de aquella mañana. El sonido de la sirena, el ingreso a la Fábrica Militar, el humo, el silencio previo a la explosión y la desesperación por regresar al cuartel quedaron grabados en su memoria.
“Llega el 3 de noviembre y me levanto en otro mundo. Retrocedo 31 años y vuelvo a ese día”, relató el bombero riotercerense en diálogo con Siempre Radio 93.3.
Alacevich tenía 34 años cuando ocurrieron las explosiones. Había ingresado años antes al cuartel y el 2 de junio de 1995 había completado su formación como bombero. Apenas cinco meses después enfrentó lo que definió como su “bautismo de fuego”.

“Nos dijeron que era un incendio en la carpintería”
Aquella mañana debía comenzar su trabajo en un banco a las 10, pero decidió pasar antes por el cuartel porque estaba prevista la visita de estudiantes de una escuela primaria.
“Se sintió la explosión, sonó la sirena y salimos en el primer grupo. Éramos siete, pero yo siempre digo que salimos ocho porque teníamos a Dios con nosotros”, recordó.

Los bomberos ingresaron por la portería número uno de la Fábrica Militar. Allí, un hombre les indicó hacia dónde debían dirigirse. La primera información que recibieron señalaba que se había producido un incendio en el sector de carpintería.
El grupo descendió hacia una zona cubierta por el humo y comenzó a colocarse los equipos autónomos. Todavía no sabía que estaba ingresando al escenario de un atentado que cambiaría para siempre la historia de Río Tercero.
“A las nueve y tres minutos aproximadamente se sintió el silencio. No es novelesco: fue un silencio ensordecedor. Después vino la explosión”, relató.
La onda expansiva desplazó varios metros uno de los móviles. Uno de los bomberos tenía la mano sobre la puerta y terminó con la manija en su poder.
El grupo logró encontrar una de las cavidades utilizadas durante los simulacros militares y permaneció refugiado allí durante varios minutos. Nadie hablaba.
“Siempre digo que fueron horas, pero deben haber sido diez o quince minutos. Después, sin decirnos nada, nos pusimos de pie, tiramos los equipos dentro del camión y salimos como pudimos”, reconstruyó.
Esquirlas y bolas de fuego
Durante el regreso al cuartel, los bomberos comenzaron a advertir la magnitud de lo ocurrido. Elementos incandescentes atravesaban el aire y caían alrededor del vehículo.
“Eran como bolas de fuego. Después nos explicaron que eran esquirlas. Nosotros habíamos ido a apagar un incendio de madera y todavía no entendíamos que había volado la Fábrica Militar”, señaló.
Cuando lograron salir del predio y detuvieron brevemente el móvil, observaron las marcas y perforaciones que las esquirlas habían dejado sobre la carrocería.
“En ese momento nuestra única realidad era salir como pudiéramos y llegar al cuartel para saber cómo seguía todo”, recordó.

“Cada 3 de noviembre vuelvo a ese día”
Alacevich sostuvo que el paso del tiempo no logró borrar las imágenes de aquella mañana.
“Hay fechas que no se borran y hay heridas que tampoco cicatrizan. Son recuerdos que voy a llevar hasta los últimos días de mi vida”, afirmó.
Este año decidió no participar de algunos de los actos conmemorativos. Aunque valoró los homenajes y la necesidad de mantener viva la memoria, cuestionó que la fecha pueda quedar atravesada por discursos políticos alejados del dolor de las víctimas.
“Mi dolor no es festivo. Es un día para abrazar el dolor de un padre que perdió a su hija, de dos hijas que perdieron a su papá, de una hermana que perdió a su hermana y de las familias que quedaron marcadas para siempre”, expresó.
“No descreo de quienes quieren hacer un homenaje, pero a veces se transforma más en un acto político que en el dolor de lo que uno vivió”, agregó.
Un atentado para ocultar el tráfico de armas
Las explosiones comenzaron a las 8:55 del 3 de noviembre de 1995. Murieron siete personas, más de 300 resultaron heridas y numerosos barrios quedaron destruidos.
La Justicia determinó que no se trató de un accidente. La explosión fue intencional y tuvo como objetivo ocultar pruebas del tráfico ilegal de armas a Croacia y Ecuador durante el Gobierno de Carlos Menem. En 2021, la Corte Suprema dejó firmes las condenas contra tres militares retirados por la voladura de la fábrica.
Este lunes, Río Tercero volvió a recordar a Romina Torres, Laura Muñoz, Aldo Aguirre, Leonardo Solleveld, Hoder Dalmasso, Elena Rivas de Quiroga y José Varela, las siete víctimas fatales del atentado.
Alacevich aseguró que ninguno de los bomberos que ingresó aquella mañana busca reconocimientos. “Era una tarea que había que cumplir. Fuimos sin saber qué estaba pasando, pero creo que, si lo hubiéramos sabido, también habríamos ido. Para eso te preparás y esa es tu vocación”, concluyó.


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