El insaciable paladar del mercado y la "prueba de amor" que Caputo no logra satisfacer

El ajuste fiscal no basta para Wall Street. Entre la caída de bonos y un Riesgo País en alza, los especuladores exigen más entrega al plan de Caputo.

Economía04 de febrero de 2026Salvadora OnrubiaSalvadora Onrubia
Especulación financiera

El romance entre el gobierno de Javier Milei y los grandes centros de la especulación financiera global atraviesa su momento más paradójico. Mientras la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda se jactan de haber ejecutado "el ajuste más grande de la historia de la humanidad", el mercado —ese juez implacable y sin rostro— ha decidido que el sacrificio no es suficiente. La reciente caída de los ADR argentinos en Wall Street y un Riesgo País que vuelve a amenazar con perforar el techo de los 500 puntos son el síntoma de una voracidad que no entiende de lealtades, sino de dividendos.

La seducción de la sumisión

Desde el primer día de gestión, la estrategia de Luis Caputo ha sido la de una seducción basada en la entrega total. El ministro de Economía, antiguo conocido de los pasillos de Wall Street, ha intentado convencer a los fondos de inversión de que esta vez es "en serio". El ajuste fiscal brutal, que ha licuado jubilaciones y paralizado la obra pública, es presentado en los foros internacionales como una ofrenda de paz.

Sin embargo, para los centros financieros de especulación, la sumisión del Gobierno no es un mérito, sino una debilidad a explotar. Los mercados celebran el rumbo, pero desconfían de la sostenibilidad. Para ellos, el "déficit cero" es una condición necesaria pero insuficiente; lo que ahora exigen es una "prueba de amor" definitiva: la eliminación total de las restricciones cambiarias y una garantía de pago que ni siquiera el superávit financiero parece asegurarles.

El mercado aplaude pero no compra

El escenario de los últimos días es elocuente. Los activos argentinos, que habían experimentado un veranito financiero, sufrieron una corrección que desnuda la fragilidad del modelo. Los ADR (acciones argentinas que cotizan en Nueva York) mostraron bajas significativas, y los bonos soberanos perdieron el impulso que Caputo tanto necesitaba para volver a los mercados voluntarios de deuda.

La interpretación es clara: los especuladores ya "comieron" lo que tenían que comer del ajuste inicial y ahora exigen el plato principal. La voracidad financiera no tiene techo; tras haber devorado los ingresos de la clase media y los sectores más vulnerables mediante la inflación y el ajuste, ahora apuntan a las reservas del Banco Central y a una salida del cepo que, de ser desordenada, podría disparar nuevamente el riesgo país por encima de los niveles de alerta.

El costo de la desconfianza

Resulta irónico que un gobierno que se autodefine como "libertario" y "pro-mercado" sea tratado con tal frialdad por sus propios ídolos. La administración Milei parece atrapada en un ciclo de promesas incumplidas ante un jurado que solo acepta resultados de caja inmediata. Mientras el Gobierno se esfuerza por mostrar una imagen de "normalidad" y alineamiento con las potencias occidentales, el mercado financiero responde con una toma de ganancias y una retirada estratégica ante la mínima duda sobre la gobernabilidad.

En definitiva, la gestión de Caputo se enfrenta a su propia sombra. La profunda sumisión ante los capitales transnacionales no ha garantizado la estabilidad, sino que ha alimentado una fiera que siempre pide más. La "prueba de amor" que hoy demandan los mercados podría ser, en última instancia, el veneno que termine de socavar la economía real en nombre de una especulación que, más allá de los aplausos protocolares, todavía no termina de comprar el modelo.

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