


(Alta Gracia; SN).- El Mundial de Fútbol 2026 reúne a las principales estrellas del planeta, pero también expone una realidad incómoda para la FIFA y las federaciones nacionales: varios futbolistas que integran los planteles participantes estuvieron o están involucrados en causas judiciales vinculadas a violencia de género, abuso sexual o agresiones contra mujeres.
Algunos enfrentan procesos penales abiertos, otros fueron denunciados sin que existiera una condena y también hay casos en los que las investigaciones fueron archivadas o los acusados resultaron absueltos. Sin embargo, todos comparten un denominador común: llegan a la máxima competencia del fútbol bajo la sombra de acusaciones graves.

Uno de los casos más resonantes es el del mediocampista ghanés Thomas Partey, quien integra la selección de Ghana mientras enfrenta en el Reino Unido siete cargos por presunta violación y uno por agresión sexual. El futbolista rechazó las acusaciones y se declaró inocente. La causa continúa en trámite judicial.

Otro nombre de alto perfil es el del marroquí Achraf Hakimi, figura del Paris Saint-Germain y de la selección de Marruecos. La justicia francesa ordenó llevarlo a juicio por una denuncia de violación presentada en 2023. El defensor niega los hechos y sostiene su inocencia.
En la selección argentina aparece el caso de Thiago Almada, campeón del mundo en Qatar 2022 e integrante del plantel albiceleste en esta Copa del Mundo. Almada fue imputado en una causa iniciada tras una denuncia por presunto abuso sexual agravado y abuso grupal ocurrida en una vivienda de San Isidro en 2020. El futbolista no registra condenas y la situación procesal continúa siendo objeto de controversias judiciales.
También figura el defensor argentino Facundo Medina, denunciado en Francia por una expareja en una causa vinculada a presunta violencia doméstica. El jugador fue investigado y posteriormente recuperó su libertad, sin que hasta el momento exista una condena firme en su contra.
Entre los casos menos conocidos aparece el del japonés Kaishu Sano, quien fue arrestado en Tokio en 2024 tras una denuncia por agresión sexual. La fiscalía finalmente no avanzó con cargos penales y el futbolista volvió a la actividad profesional, siendo convocado para representar a Japón en el Mundial.
A ellos se suma un jugador de la selección de Cabo Verde, cuya identidad no fue difundida públicamente, investigado por una presunta agresión sexual ocurrida durante una gira internacional. La pesquisa permanece abierta.
La presencia de futbolistas involucrados en causas de violencia de género o delitos sexuales reabre un debate recurrente en el deporte de alto rendimiento: hasta dónde deben llegar las sanciones deportivas cuando no existe una condena firme y cuál es la responsabilidad de las federaciones al momento de convocar jugadores bajo investigación.
Mientras tanto, la FIFA mantiene su postura histórica de respetar las decisiones de cada federación nacional y los principios de presunción de inocencia, una posición que suele generar cuestionamientos de organizaciones de derechos humanos y colectivos feministas.
Así, mientras millones de personas siguen cada partido, el Mundial 2026 vuelve a mostrar que algunas de las controversias más profundas del fútbol se juegan lejos de las canchas.


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