
La Casa Blanca exige cambios en el paquete accionario de la empresa china. Por su parte, Gran Bretaña prohibió la aplicación en los dispositivos gubernamentales.

El martes 21 de enero por la tarde, a los 88 años se fue para siempre de la ciudad donde había crecido y vivido, Noemí Lozada de Solla. Su vida había transcurrido prácticamente entre los muros de la antigua casona jesuítica de Alta Gracia a la que ella misma vio nacer como museo, institución a la que se entregó sin límite alguno. Fue Presidenta de la Comisión que junto a Mario Borio y Lucille Barnes conformó el Proyecto de Inclusión de las Estancias Jesuíticas en la lista del Patrimonio de la Humanidad. El espíritu emprendedor y visionario de esta mujer la había hecho acreedora de numerosas distinciones. Nacida el 28 de febrero de 1921, era bisnieta de Telésforo Lozada, que había heredado la casa histórica de José Manuel Solares. Casa que le debe a ella la declaratoria como Monumento Histórico Nacional en el año 1941 y de la que promovió su expropiación en 1968. Desde 1972 a 1977, cuando se inauguró oficialmente el museo que ella dirigió, se hizo una exhaustiva investigación documental y arqueológica que derivó en la restauración de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia, dadas sus características fue señalada como una verdadera innovación. Noemí Lozada fue la primera directora mujer de un museo en la Argentina. Consideraba a los museos como importantes instrumentos de comunicación con funciones educativas, de protección del patrimonio y de investigación. En 1999 el Prepósito General de la Compañía de Jesús le otorgó la Carta de Hermandad por su labor en pos en poner en valor la estancia de Alta Gracia. Recibió el Premio Alicia Moreau de Justo, distinción otorgada sólo a mujeres destacadas en nuestro país, por su actitud ante la vida. Recibió a su vez el Premio al “Museo más activo del país”, el Premio “Bamba” a los pioneros de Alta Gracia, y el Premio “Orden del Comechingón”, otorgado por el Rotary Club, En 1997 fue declarada Ciudadana Ilustre de Alta Gracia, por la destacada labor desempeñada en torno a la conservación y el rescate del Patrimonio Histórico de la ciudad. El pasado 7 de noviembre se le rindió un homenaje en el auditorio del Museo que la vio crecer. Allí se presentó el libro de Mabel Pagano “El museo, mi casa”, sobre la vida de esta singular pionera. 






