Juan, el pochoclero de la ciudad

En diálogo con SN, Juan Ferreyra cuenta acerca de sus 35 años en este puesto de praliné ubicado en la esquina de avenida Belgrano y San Martín.

Sociedad 10 de junio de 2024 Redacción SN
Juan Pochcoclero 20240610

(SN; por Marcelo Paez) Quien recorra caminando la esquina de avenida Belgrano y San Martín no podrá evitar el aroma a esencia de vainilla que perfuma la ciudad. Allí hace 35 años se respira el mismo aire endulzado gracias a la labor de Juan Ferreyra, quien diariamente espera a los vecinos que llegan por un conito de pochoclos o praliné.

Con tan sólo 30 años, Juan dejó su barrio San Vicente en Córdoba Capital para venir a Alta Gracia y comenzar una nueva vida. "Me vine con una mano adelante y otra atrás", dice mientras embolsa los pochoclos. Para él, el pochoclero de Alta Gracia, no fue para nada fácil tomar la decisión de venir a la ciudad del Tajamar.

Juan y Alicia, su compañera de toda la vida, se instalaron en Alta Gracia para cambiar un poco el aire de la gran capital. En diálogo con SN, Juan se emociona al hablar de su trabajo y el tiempo que lleva en la esquina de Av Belgrano y San Martín. En estos más de 30 años recuerda a tantos niños que  diariamente llegaron y llegan a su puesto a comprar pochoclos y hoy son personas adultas con hijos. "Esos niños que me compraban, hoy ya son padres y vienen con sus hijitos a comprarme", dice. 

La pandemia fue un tiempo muy difícil para Juan, no sólo por el hecho de no poder vender en la calle, sino porque extrañaba muchísimo el contacto con la gente y con los comerciantes de la zona. Durante ese tiempo cuenta que cayó en una profunda depresión, hasta que de a poco salió y, con la apertura de algunas restricciones, regresó con el carrito a su esquina tan amada.

Juan lleva 35 años vendiendo pochoclos y praliné. Su personalidad es identificada como hincha de Belgrano y San Lorenzo de Almagro. Hace más de 30 años que vive en barrio Sabattini, con 6 hijos y 15 nietos. "Estoy todos los días, Salvo los miércoles que me quedo en casa", cuenta y reconoce que ya no se vende como en otros tiempos, producto de la crisis económica que atraviesa el país.

"Nada me hace más feliz que estar aquí en esta esquina cocinando praliné y pochoclos. 
Es como mi segunda casa", dice mientras prepara una bolsita para envolver los maníes endulzados. 

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