

Trump amplió el negocio de la carne, pero dejó a la Argentina de Milei sin silla

(Buenos Aires; SN).- Javier Milei hizo de su alineamiento con Donald Trump mucho más que una definición de política exterior. Lo convirtió en una cuestión casi personal: elogios públicos, fotografías, viajes, gestos diplomáticos y una identificación política con el mandatario estadounidense que pocas veces un presidente argentino exhibió hacia un jefe de Estado extranjero.
Pero cuando llegó la hora de repartir carne, la amistad tuvo límites bastante precisos.
Estados Unidos abrió un cupo temporal adicional para importar 300.000 toneladas de carne vacuna bajo condiciones arancelarias preferenciales y la Argentina quedó afuera. El beneficio estará disponible exclusivamente para Brasil -¡Sí, el país gobernado por el "comunista" Lula"!- Paraguay, Irlanda, Japón y los Países Bajos.

Dicho de otro modo: tanta sintonía ideológica no alcanzó para conseguir un lugar en la parrilla.
La medida fue formalizada por Trump ante la necesidad de aumentar la oferta y contener los precios de la carne en el mercado estadounidense. El nuevo contingente corresponde a la categoría denominada “Otros países o áreas” y comenzará a funcionar el 1° de septiembre.
Si bien Argentina ya dispone de un contingente arancelario propio -al igual que Australia, Nueva Zelanda, Uruguay y el Reino Unido- que le impediría ser seleccionada, se esperaban gestos políticos por parte del mandatario estadounidense que lo hicieran posible.
Cuando la afinidad no alcanza
Desde que Milei llegó a la Casa Rosada, la relación con Estados Unidos —y particularmente con Trump— adquirió una centralidad extraordinaria dentro de su política internacional.
El Presidente argentino convirtió su afinidad con el republicano en una de las principales credenciales internacionales de su gobierno. Sin embargo, la decisión estadounidense vuelve a mostrar algo bastante menos romántico que las fotografías y los discursos: cuando Washington define intereses comerciales, primero aparecen los intereses de Washington.
En febrero, Argentina había obtenido una ampliación de su contingente particular para vender carne al mercado estadounidense sin aranceles. Ese antecedente permitió un fuerte crecimiento de las exportaciones durante 2026.
Pero la nueva ventana comercial quedó reservada para otros.
Entre enero y julio, Argentina exportó 67.118 toneladas de carne vacuna hacia Estados Unidos, contra 22.183 toneladas durante igual período de 2025. El incremento interanual fue del 202,6 por ciento y convirtió al mercado norteamericano en el segundo destino en importancia para el producto argentino.
Precisamente por ese crecimiento, los frigoríficos locales observaban con atención cualquier posibilidad de ampliar todavía más sus ventas.
Esta vez tendrán que mirar desde afuera.
Trump necesita carne
La decisión de la Casa Blanca tiene bastante con los problemas internos de Estados Unidos.
El rodeo ganadero norteamericano se encuentra en su nivel más bajo en 75 años, mientras el Departamento de Agricultura estadounidense proyecta para 2026 una caída cercana al 4 por ciento en la producción de carne vacuna.
Sequías, incendios forestales y las restricciones al ingreso de ganado desde México —adoptadas para evitar la propagación del gusano barrenador del Nuevo Mundo— redujeron la oferta mientras los precios alcanzaron niveles récord.
Trump decidió entonces abrir las puertas.
Pero no todas.
Las 300.000 toneladas adicionales serán distribuidas en tres tramos de 100.000 toneladas. El primero estará vigente durante septiembre; el segundo, durante octubre; y el tercero comenzará el 31 de octubre y finalizará cuando se agote el volumen disponible o el 30 de noviembre.
El mecanismo será simple: primero llegado, primero servido.
Brasil y Paraguay, dos competidores directos de Argentina en el negocio regional de la carne, podrán aprovecharlo.
Las relaciones carnales, versión 2026
El episodio no significa que las exportaciones argentinas hacia Estados Unidos hayan perdido sus ventajas actuales. Tampoco borra la ampliación del contingente conseguida anteriormente.
Pero deja una fotografía políticamente incómoda para un Gobierno que convirtió la cercanía con Trump en una suerte de activo estratégico.
Milei puede elogiarlo, abrazarlo políticamente y presentar la relación bilateral como una alianza privilegiada. Eso no modifica una regla bastante antigua de las relaciones internacionales: los países no tienen amigos incondicionales; tienen intereses.
Y cuando Trump necesitó más carne para intentar bajar los precios que pagan los estadounidenses, amplió la mesa para Brasil, Paraguay, Irlanda, Japón y Países Bajos.
Después de tantos gestos de Milei hacia Washington, Argentina esperaba quizás estar entre los invitados.
Esta vez, ni siquiera le arrimaron una silla.


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