

Malvinas: tras reunirse con Trump, Londres desafió a la Argentina y advirtió sobre “amenazas”
SN
(Nueva York; SN) El primer ministro británico, Andy Burnham, llevó la disputa por las Islas Malvinas al escenario de la Asamblea General de las Naciones Unidas y aseguró que el Reino Unido se mantendrá firme frente a cualquier amenaza contra los territorios que considera bajo su soberanía. La declaración llegó en medio de una escalada diplomática con Argentina por la explotación petrolera y pocas horas después de que el mandatario británico hablara del archipiélago con Donald Trump.
Burnham introdujo la cuestión durante un tramo de su discurso dedicado a la guerra entre Rusia y Ucrania y a la defensa de la Carta de las Naciones Unidas. Allí sostuvo que Londres se mantendrá firme ante amenazas al Estado de derecho, incluidas aquellas que cuestionen el derecho de sus territorios de ultramar a continuar siendo británicos. Mencionó expresamente a las Malvinas.
El primer ministro también afirmó que el Reino Unido continuará aumentando su inversión en defensa, aunque aseguró que su gobierno no busca una confrontación. “Estaremos preparados, pero no tendremos miedo”, señaló durante su exposición, en la que vinculó la posición británica sobre las islas con su política general de defensa.

La presentación británica se produjo en un momento de creciente tensión en el Atlántico Sur. Londres acaba de respaldar la decisión de la administración isleña de extender por cinco años las licencias para la exploración y explotación de hidrocarburos, con posibilidad de una prórroga adicional de dos años. Entre los emprendimientos alcanzados se encuentra Sea Lion, el proyecto encabezado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration, que prevé comenzar a extraer petróleo en 2028.
Argentina respondió con una protesta formal ante el Reino Unido. La Cancillería sostuvo que las actividades hidrocarburíferas realizadas sin autorización argentina son contrarias al derecho internacional y señaló que la extensión de las licencias vulnera la Resolución 31/49 de la Asamblea General de la ONU, que insta a las partes a abstenerse de adoptar medidas unilaterales que modifiquen la situación mientras permanece pendiente la disputa de soberanía.
El Gobierno de Javier Milei también endureció las sanciones contra empresas vinculadas directa o indirectamente con la explotación de hidrocarburos en las aguas que Argentina considera parte de su plataforma continental. A mediados de septiembre había iniciado 60 procedimientos administrativos y enviado alrededor de 180 advertencias a personas y compañías radicadas en 30 países.
Una disputa reconocida por Naciones Unidas
La referencia de Burnham al derecho de las islas a “seguir siendo británicas” expresa la posición histórica del Reino Unido, basada en el principio de autodeterminación de sus habitantes. Argentina rechaza esa interpretación y sostiene que la cuestión debe resolverse como una disputa bilateral de soberanía.
La Resolución 2065, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1965, reconoció la existencia de una disputa entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas e instó a ambos gobiernos a buscar una solución pacífica mediante negociaciones. El texto establece que deben tenerse en cuenta los intereses de la población de las Malvinas.
La posición argentina sostiene, a partir de esa resolución y otras posteriores, que el principio de autodeterminación no resulta aplicable al caso. Londres mantiene la posición contraria y afirma que no negociará la soberanía sin el consentimiento de los habitantes de las islas.
Trump, un tercer actor en la disputa
El nuevo escenario incorpora además un elemento que inquieta a Londres: Donald Trump. Horas antes de hablar ante la ONU, Burnham mantuvo su primera reunión bilateral con el presidente estadounidense y confirmó que Malvinas estuvo entre los asuntos tratados. Ninguno de los dos gobiernos informó en detalle qué posiciones se plantearon durante la conversación.
El tema cobró una dimensión diferente después de que Trump dejara abierta la posibilidad de revisar la posición estadounidense sobre las islas. Washington mantiene formalmente una posición de neutralidad respecto de la disputa de soberanía, aunque históricamente sostuvo una estrecha alianza estratégica con Londres.
La tensión aumentó cuando el mandatario estadounidense habló de un eventual nuevo conflicto como un “desastre potencial” y se ofreció a intervenir si Argentina y el Reino Unido solicitaran su mediación. Trump también puso en duda la capacidad británica para afrontar actualmente una operación militar comparable con la de 1982.
La aparición de Trump, el avance del proyecto petrolero Sea Lion y el endurecimiento de las medidas argentinas volvieron así a colocar a Malvinas en el centro de una discusión internacional que combina soberanía, recursos naturales, diplomacia y defensa.
Burnham decidió ahora llevar esa tensión directamente a la Asamblea General de la ONU. El escenario es particularmente significativo para Argentina: es el mismo organismo que desde 1965 reconoce la existencia de una disputa de soberanía y ha reclamado a Buenos Aires y Londres que busquen una solución pacífica mediante negociaciones.


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