Estados Unidos: Trump sufrió una paliza electoral y los demócratas le arrebataron el Congreso

La oposición conquistó ambas cámaras con triunfos históricos en estados republicanos. La guerra con Irán y el costo de vida castigaron a la Casa Blanca.
Internacionales04 de noviembre de 2026SNSN
Abdul El-Sayed 20261103
Abdul El-Sayed se impuso ampliamente en Michigan y será el primer senador musulmán en la historia de Estados Unidos.


(Washington; SN, con información de Reuters y AP).-
Donald Trump pidió a los estadounidenses que votaran en las elecciones legislativas como si su nombre estuviera en las boletas. Los electores le hicieron caso. Y el resultado fue una derrota devastadora para el presidente republicano, que perdió el control de las dos cámaras del Congreso en una jornada que dejó al descubierto el creciente rechazo a su gestión.

Las elecciones de mitad de mandato, celebradas este martes 3 de noviembre, terminaron con una contundente victoria del Partido Demócrata, que recuperó la Cámara de Representantes y el Senado. El resultado modifica profundamente el escenario político estadounidense y abre una etapa de confrontación institucional que condicionará los dos años restantes del segundo mandato de Trump.

La magnitud del triunfo opositor sorprendió incluso en territorios tradicionalmente conservadores. Los demócratas conquistaron bancas en estados donde los republicanos habían construido hegemonías de varias décadas.

El mapa republicano se tiñó de azul

Texas, Kansas, Carolina del Sur, Carolina del Norte e Iowa estuvieron entre los escenarios de una avanzada demócrata que desbordó las previsiones más moderadas.

En Texas, James Talarico consiguió una victoria histórica para el Senado, poniendo fin a 38 años de derrotas demócratas en ese estado. La jornada también dejó un cambio de signo político en la gobernación, con el triunfo de Gina Hinojosa, quien se convertirá en la primera mujer latina al frente del estado.

Kansas protagonizó otro terremoto electoral: Adam Hamilton ganó una banca en el Senado y terminó con una sequía demócrata que se remontaba a 1932.

En Carolina del Sur, los republicanos también sufrieron una derrota especialmente significativa. Allí, Trump había ganado por casi 18 puntos porcentuales en 2024. Dos años después, el electorado eligió a una candidata demócrata para el Senado.

La derrota se extendió a distritos suburbanos, regiones rurales y condados de fuerte presencia latina, incluidos algunos que habían respaldado masivamente al presidente en las elecciones anteriores.

La guerra y los precios llegaron a las urnas

El resultado expresa un malestar económico y político que atravesó buena parte de la sociedad estadounidense.

La guerra contra Irán, el encarecimiento del combustible, las consecuencias de la política arancelaria y las dificultades para afrontar el costo de vida ocuparon un lugar central entre las preocupaciones de los votantes.

La intervención militar en Medio Oriente y sus efectos sobre el comercio energético internacional terminaron golpeando también a sectores rurales y conservadores que habían constituido una base electoral fundamental del trumpismo.

Según las encuestas a boca de urna difundidas por medios estadounidenses, alrededor del 70% de los votantes consideró necesario que el Congreso ejerciera mayores controles sobre el presidente. Tres de cada cuatro expresaron enojo o insatisfacción con el rumbo del país.

Los demócratas concentraron su campaña en el deterioro del poder adquisitivo, las denuncias de corrupción y el cuestionamiento a las decisiones internacionales de la Casa Blanca. Los republicanos insistieron en sus habituales disputas culturales y acusaciones contra la izquierda, pero esa estrategia resultó insuficiente para contener el descontento.

Trump quiso despegarse de su propia derrota

A medida que avanzaba el escrutinio, el presidente intentó relativizar su responsabilidad política.

Desde su red Truth Social sostuvo que él no había sido candidato y que, de haber participado, habría conseguido una victoria aplastante.

La explicación contrastó con su protagonismo durante la campaña: Trump encabezó numerosos actos, respaldó personalmente a candidatos republicanos y convirtió las elecciones en una prueba de respaldo a su administración.

El presidente había pedido que los estadounidenses votaran pensando en él y, cuando el resultado fue adverso, recordó que su nombre no figuraba en las boletas.

Un Congreso capaz de ponerle límites

El nuevo equilibrio institucional tendrá consecuencias concretas a partir de enero de 2027, cuando asuman los legisladores electos.

Con el control de ambas cámaras, los demócratas podrán impulsar investigaciones sobre la administración Trump, ejercer mayor control sobre el presupuesto federal y bloquear iniciativas legislativas del oficialismo.

El Senado también tendrá capacidad para frenar nombramientos presidenciales, incluidos eventuales candidatos a la Corte Suprema.

El comienzo de una nueva etapa

La derrota deja al presidente en una posición políticamente debilitada cuando todavía le restan dos años de mandato.

También puede acelerar la disputa por su sucesión dentro del Partido Republicano, donde el vicepresidente JD Vance y otros dirigentes deberán evaluar cuánto les conviene mantener una identificación absoluta con el mandatario.

Para los demócratas, la victoria representa una recuperación extraordinaria, aunque también les impone el desafío de transformar el rechazo a Trump en una alternativa política capaz de disputar la presidencia en 2028.

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