Entrevista. Ricardo Aronskind: "Este es el cuarto fracaso neoliberal"

En una entrevista exclusiva organizada por Dypra -de la que participó SN- el economista consideró que el gobierno quedó atrapado en una fantasía ideológica y que está desesperado ante un escenario explosivo.

Economía02 de abril de 2025Jorge Conalbi AnzorenaJorge Conalbi Anzorena
Aronskind, Ricardo 20250401 (2)

(Buenos Aires; Haciendo Zoom) A minutos que el gobierno anunciara el viaje de urgencia del presidente Javier Milei y el ministro Luis Caputo a Estados Unidos –con el indisimulado objetivo de pedir el auxilio de Donald Trump ante el Fondo Monetario Internacional (FMI)- el economista Ricardo Aronskind sostuvo que “estamos ante el cuarto experimento neoliberal que fracasa en Argentina”.

“No es el primero: fracasó con (José Alfredo) Martínez de Hoz, estalló con (Domingo) Cavallo y fracasó con (Mauricio) Macri, porque tienen una idea poco realista sobre cómo se producen los éxitos en la economía internacional”, explicó Aronskind en una entrevista concedida a Haciendo Zoom, el programa de contenidos de Dypra (Diarios y Periódicos Regionales Argentinos). 

De la charla participaron periodistas de Sumario Noticias (Alta Gracia, Córdoba), El Departamental (San Cristóbal, Santa Fe), Hechos (Villa del Rosario, Córdoba) y La Gaceta de Cooperar (CABA).

-Haciendo Zoom: ¿En qué momento estamos?

Ricardo Aronskind: El gobierno apostó a que su ajuste extremo atraería dólares masivos. Pero ocurrió lo opuesto: las empresas se van, incluso multinacionales, incluso hay un caso de una multinacional que se fue de Vaca Muerta. No hay inversiones. La gente gasta dólares en turismo o en comprar cosas importadas, ya sea en Chile y por internet. El Banco Central vende reservas que no tiene usando encajes de depósitos del público… Hay aproximadamente 29.000 millones de dólares de depósitos de argentinos en el sistema financiero, parte de esos depósitos son los encajes que el Banco Central obliga a los bancos a depositarlos en el Banco Central. El gobierno está sacando esos dólares para vender y frenar el precio del “blue”, pero no da más y se está arriesgando a una situación donde el público que tiene dólares en los bancos diga, "Bueno… me temo que me estén vendiendo mis dólares, por favor señor banco, deme mi dinero”, y se armé un zafarrancho parecido al que se armó en 2001.

El gobierno creía que por sólo ser neoliberal extremista y hacer un ajuste terrible en la economía, atraería capitales de todo el mundo. Que habría un optimismo internacional extraordinario en relación a la Argentina, que fluirían los dólares y en este momento tendríamos que estar nadando en dólares, el gobierno no tendría ningún problema, no habría corrida y nadie se asustaría y todo estaría bien. El tema es que todos esos supuestos fallaron: No vinieron las inversiones. Al contrario, en los últimos meses se van las multinacionales de la Argentina. Está pasando lo contrario de lo que suponía el gobierno. Más allá de la opinión de cada uno sobre esa política, quiero remarcar que eso implica que no entran los dólares que el gobierno necesita para poner en las reservas, para decir "Estamos fuertes y seguimos vendiendo dólares baratos a la población”. La verdad que eso no pasó. La población empezó a demandar dólares para turismo, para gastos en el exterior, todos sabemos la cantidad de gente que se ha ido a Brasil o va a Chile de compras. Quienes pueden viajan afuera o compran cosas afuera han empezado a aumentar fuertemente las compras de productos en el exterior Han aparecido pomelos de un lado, naranjas del otro… todo importado, cada vez más. Estamos con un tipo de cambio que promueve que nosotros gastemos dólares afuera de la Argentina y que, a su vez, no entren dólares al país.  Ese tipo de cambio está fuertemente cuestionado en este momento El gobierno ha salido desesperado a pedirle plata al FMI. El Presidente y el Ministro vienen hace unas cuantas semanas sosteniendo una ficción; que están por entrar 20.000 millones de dólares y que, además, van a entrar de otros organismos internacionales 10.000 millones más, y ya llegan, ya llegan, ya llegan… Y la verdad es que el Fondo les dice: "Les vamos a dar 20.000, de los cuales unos 12.000 ustedes los van a tener que pagar internamente al FMI. Así que eso no va a entrar, Van a entrar 8.000, pero aún no sabemos si se los vamos a dar todos juntos o en dos parte, pero esperen porque todavía lo estamos discutiendo. Recién después se lo vamos a dar al Board -que es el máximo organismo de decisión del FMI- y eso lleva un tiempo, un mes o un mes y medio”… Y el gobierno está desesperado ¡hoy!. Desde que dijo que pedía el préstamo está desesperado -o sea hace un mes y pico- cuando se dieron cuenta que la cosa se había vuelto muy complicada y semana a semana se está viendo que el pedido de dólares -que sobre todo hacen las grandes empresas para volver de las inversiones en pesos a los dólares- son cada vez más potentes, más poderosas y le sacan cada vez más reservas al gobierno.

HZ: En tu opinión, ¿eso se debe a impericia o a otro motivo?

RA: El gobierno se basa en la fantasía de crer que vienen capitales de afuera y te salvan. En todos los casos -Taiwán, Corea del Sur, China, también Alemania y Japón en la posguerra- en todos los casos lo primero que se observa en los países que despegan, se desarrollan y se transforman en grandes países, es un gran esfuerzo de inversión interna. Entonces se pone en marcha una economía cada vez más interesante y afuera la empiezan a mirar y a decir “Che habría que poner algunas fichitas ahí porque está interesante ese asunto, es un mercado en expansión, pongamos ahí filiales”.  No es que uno dice, "Mirá, hola, soy liberal, vengan y pongan plata." Esa es una visión completamente ideológica y falsa de cómo son los procesos económicos. Si no hay inversión local, no pasa nada”.

Cuando hay inversión local y se ve que eso está en marcha y que hay un mercado en expansión y que esa expansión es estable -no es transitoria, sino que tiene bases sólidas- ahí el capital extranjero te empieza a mirar y ahí quiere meterse y ahí quiere participar y ahí quiere estar y ahí quiere asociarse… entonces esta gente parte de una mirada ficticia de cómo es la economía. Hacen todas las cosas que le dicen de afuera: ustedes tienen que destruir el Estado, tienen que achicar todo, no tiene que haber ninguna regulación… transforman al país en una especie de patio baldío y piensan que así vendrá la inversión extranjera. Y la inversión extranjera no viene, se va porque cada vez esto va a estar más violento, peligroso, inseguro, incierto. 

Si hubieran puesto en marcha –por ejemplo- un fuerte proceso de inversión exportadora, donde desde afuera ven que en Argentina cada vez van a entrar más dólares -pero no por préstamos internacionales, sino porque Argentina exporta cada vez más- los tipos dicen, "Bueno, a ese país se le puede prestar, en ese país puedes entrar porque el tipo de cambio no va a volar por el aire." Y se crean condiciones. Pero como lo miran exclusivamente desde una mirada financiera –recordemos que Caputo es un hombre que ha hecho toda su trayectoria de vida dentro del mundo financiero, jamás tocó ninguna empresa que produzca nada, es puro hacer plata con plata- y los países no hacen plata con plata. Los países tienen que producir riqueza, agropecuaria, industrial, servicios, software, turismo… hay muchísimo para producir, pero esta gente lo único que mira es lo financiero.

HZ: ¿Qué características vés como continuidad de gobiernos anteriores y cuáles son las diferencias?

RA: Este gobierno tiene elementos de continuidad con experiencias previas, como (José Alfredo) Martínez de Hoz, el menemismo o el macrismo. Comparte esa visión liberal tradicional: apertura económica, privatizaciones, desregulación y un Estado chiquito. Pero también tiene rasgos nuevos, como una imprudencia política extrema. Incluso la dictadura militar tuvo ciertos cuidados; le advirtieron a Martínez de Hoz: "No queremos desempleo masivo ni privatizar empresas estratégicas". Con Milei, en cambio, parece no importarle la salud pública, la obra pública, el empleo ni ningún límite.

Hay que recordar que (Federico) Sturzenegger ya coordinaba un paquete de leyes impulsado por sectores empresarios, que le propuso a Patricia Bullrich en la campaña presidencial. Milei lo adoptó. Por supuesto que no le pertenece a Milei, ni a Bullrich, ni siquiera a Sturzenegger, fue una compilación de demandas de grandes empresarios que se convirtió en la Ley Bases.

También vale recordar que muchísima gente, sobre todo gente joven, en la campaña electoral se ilusionó mucho con la promesa de dolarización. Una suerte de pensamiento mágico de que rápidamente se podía mejorar la situación económica, simplemente por cambiar el signo monetario. MIlei aprovechó esa fantasía, pero cuando tuvo que empezar a hacer política económica concreta, no tuvo nada que ver con la idea de dolarizar, sino que al contrario, bastantes medidas ayudaron a fortalecer al peso en relación al dólar. Y esto es lo que pasó en el último año y pico hasta el día de hoy.

En las últimas semanas ya empezaron a aparecer dudas claras en diversos mercados financieros sobre esto si esto podía continuar. Varios economistas -que no simpatizamos con el gobierno por los lineamientos económicos que tiene- habíamos advertido que no estaba bueno llevar adelante una política de estabilización económica -o sea una política antiinflacionaria- basándose en dos elementos: la recesión que se produjo en la primera mitad del año pasado y en clavar el tipo de cambio, dejando un dólar muy quieto en relación a una inflación que era mucho más alta. Eso iba a generar una presión que podía estallar en algún momento.

Milei y Caputo decidieron profundizar, incluso este año, esa tendencia. A partir de febrero se insistió en hacer devaluaciones del tipo de cambio oficial solo del 1%. Es decir, reforzando esa idea de que el dólar está inmóvil y que por lo tanto los precios van a estar inmóviles. Los economistas que hemos estudiado por décadas la historia argentina, sabemos que la inflación no tiene una sola causa. No es exclusivamente monetaria. No es solamente el valor del dólar. No es el poder adquisitivo de la población. No es el precio del petróleo. Son muchas razones que confluyen a veces en el fenómeno inflacionario argentino, que tiene –además- un componente sociológico importante: hay muchas reacciones vinculadas en los grandes empresarios, en los pequeños empresarios, en los comerciantes y en los particulares en relación a esta cuestión. O sea es un fenómeno muy complejo.

Y el gobierno apostó a anclar la inflación con el dólar, pensando que si lograba que el dólar se mueva cada vez menos, se moverían cada vez menos los precios. Y éste, que es el gran mérito que puede exhibir Milei en su año de gestión, tampoco bajó tanto la inflación. La inflación normal en el periodo en el año previo era de 6, 7, 8% mensual. No 12, no 25, no 57 como se ha dicho desde el gobierno ó 17.000 como ha mentido Milei. Había una inflación -que por supuesto había que bajarla- y la han bajado al 2,5%. Esto es todo lo que hizo. El 2,5% tuvimos en muchos momentos de la historia económica argentina. Es más cuando Cristina Kirchner  tenía 2,5% de inflación la oposición saltaba a decir que era una barbaridad, que había una inflación altísima, que no se podía aguantar. Hoy tenemos dos y medio y el gobierno lo exhibe como una gran victoria, aunque evidentemente le gustaría llegar a octubre con inflación más baja, por ejemplo 1% mensual. Por eso apostaron -el ministro Caputo y el presidente Milei- a reforzar esta cuestión del ancla cambiaria y ahora la presión es insostenible.

HZ: ¿Qué rol juega el contexto internacional en esta crisis?

RA: La inestabilidad global afecta, pero el problema es interno. Milei pensó que su alineamiento con Trump le traería beneficios, así como la dictadura creyó lo mismo con Malvinas. Error: Estados Unidos prioriza sus intereses. Además, actores locales desarman el carry trade y fugan dólares, agravando la presión.

HZ: ¿Qué pasó para que entráramos -por lo menos hace una década- en un régimen de alta inflación y qué pasa que las la administración por lo menos la anterior también tuvo ese problema, aún con Pandemia y con guerra? El fenómeno de inflación particularmente afecta a a a los argentinos ¿ycómo se puede resolver eso sin motosierra? 

RA: Es que definitivamente no se resuelve con motosierra. La idea de la motosierra esconde reducir todo lo que tenga que ver con el gasto social, todo lo que tenga que ver educación, salud, obra pública, fondos a las provincias, atención a la población, medicamentos a la gente que tenga enfermedades severas, todo.

No tiene nada que ver con que Argentina sea capaz de producir riqueza. Es empobrecimiento del 60% de la población y transferencia de fondos hacia la cúpula. Pura política redistributiva a favor de los ricos. Nada más, porque la idea es sacarle impuestos a las empresas. 

Macri, en estos días, le ha hecho una especie de crítica a Milei diciendo "Bueno hay que bajar los impuestos." ¿Qué impuestos está pensando bajar Macri? ¿está pensando bajar el IVA? No. Está pensando en bajar los impuestos a las empresas. Es una estrategia de empobrecimiento de la mayoría y enriquecimiento de la minoría. 

Ahora bien, el tema de la la inflación en sí es un problema largo de la Argentina. Empezó hace décadas. Hubo todo un periodo donde Argentina -con inflación alta-inclusive- creció mucho. Quiero recordar que en los años 50, 60 y 70 Argentina creció mucho, tenía una sociedad con muy baja pobreza, con poquísima indigencia, casi pleno empleo, crecimiento industrial, economía de ascenso social con inflación del 20%  y hasta del 25% anual. Y no pasaba nada. Porque como había otras cosas, el país se movía igual. El estado tenía grandes empresas públicas que invertían y el Estado hacía de locomotora de la economía. Hasta que triunfaron las ideas que sostienen que el Estado tiene que ser pequeño, que hay que sacarlo de la economía, que no tiene que poder incidir en la economía y ahí empezó un proceso de extranjerización de la economía, de desindustrialización, de aumento de la disparidad social. Eso tiene fecha. Arranca con la Dictadura Militar. Sabemos cuándo empezó la pobreza, cuándo empezó el desempleo, cuándo empezamos a no poder bajar el desempleo.

Han transformado la inflación como el único problema argentino y yo tengo que decir que, para mí,  el problema de fondo de la Argentina es la falta de inversión productiva. No tiene nada que ver con la inflación. Si duplicáramos la cantidad de alimentos que producimos, la cantidad de vacas que tenemos, o la de vacas lecheras... bajamos el precio de la carne, bajamos el precio de la leche, bajamos el precio de la verdura y a partir de ahí tenemos un salario real mejor.

El tema es que en Argentina parece que encontrás cualquier excusa contra con tal de no hacer inversión productiva y la inflación se transforma finalmente en un mecanismo de robarle plata a los asalariados y a los jubilados. Esto es la inflación, que no es adecuadamente combatida por ningún gobierno.

Después de este año y pico de motosierra ahora vamos a tener un salto inflacionario y se va a ver en las próximas semanas. Otro hachazo al poder adquisitivo de los asalariados -ya sean formales o informales- y de los jubilados. Ahí hay un tema muy interesante, que es cómo se combate un fenómeno tan complejo como la inflación. Yo sostengo que que hay que atacar todas las causas de la inflación. Una de ellas es que en algunos sectores claves tenés un altísimo grado de concentración económica. Hay sectores como el de alimentos donde tenés muy concentrada la producción y donde por ejemplo -la producción de pan o la distribución de leche- vos tenés poquísimas empresas que hacen lo que quieren con los precios. Lo mismo con el sector de los laboratorios medicinales, algo muy importante para la población. Se nos está yendo mucha plata en medicamentos, sobre todo a la gente que tiene más problemas, a la gente mayor se le va mucha plata en medicamentos que en algunos casos, si los produjera el Estado, podrían valer 10 veces menos.

Tenemos problemas económicos que tienen que ver con la estructura concentrada de la economía, tema del cual -por supuesto- nadie habla porque casi todo el sistema político le tiene miedo al poder económico. Y entonces, “mejor de esos temas no hablamos ni nos metemos, les respetamos esos poderes monopólicos”, pero esos poderes monopólicos asfixian a la economía argentina.

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