

16 de junio: la historia del piloto que intentó detener la masacre

(SN; Alta Gracia) El 16 de junio de 1955, una escuadra de 40 aviones de la Marina descargó nueve toneladas de bombas sobre la población civil en Plaza de Mayo y alrededores. Se trató del primer bombardeo aéreo ejecutado por las propias Fuerzas Armadas contra su pueblo en una capital latinoamericana. El ataque, que dejó un saldo estimado de entre 300 y 350 muertos, fue el preludio del golpe de Estado que derrocaría a Juan Domingo Perón tres meses después.
A 70 años del atentado, el escritor, investigador y aviador retirado Alejandro Covello busca rescatar la memoria de Ernesto Jorge Adradas, apodado “el Muñeco”, un joven piloto de la Fuerza Aérea que, desoyendo la sublevación de sus superiores, salió a defender a la población civil. Lo hizo a bordo de un caza interceptora y enfrentó a los aviones navales responsables del bombardeo.
Alejandro Covello el escritor, investigador y aviador

“El muñeco Adradas no es un apellido conocido como el de Aramburu o Rojas, pero fue uno de los pocos que reaccionó en defensa del pueblo argentino. Se enfrentó a dos aviones: uno escapó usando a la población como escudo humano; el otro fue derribado por Adradas en el primer combate aéreo sobre el Río de la Plata”, relató Alejandro Covello en diálogo con Marcelo Paez en Siempre Radio.
Covello -aviador, investigador y escritor- reconstruyó esta historia en su libro Batalla Aérea, publicado en 2018. Según Covello, la resistencia de Adradas permitió una pausa de casi dos horas en los bombardeos, lo que ayudó a evacuar la zona y probablemente salvó muchas vidas. Sin embargo, lejos de ser reconocido, Adradas fue perseguido. Tras el golpe de septiembre de 1955 fue expulsado de la Fuerza Aérea acusado de “acciones indignas”.
Forzado a reinventarse, trabajó como piloto fumigador y finalmente ingresó a Aerolíneas Argentinas. Desde allí colaboró como correo clandestino entre Perón, exiliado en Puerta de Hierro, y sus aliados en Argentina. En 1973, Perón lo eligió como tripulante del vuelo que marcó su regreso definitivo al país. Falleció joven, en 1984, víctima de una afección cardíaca, sin haber recibido nunca un reconocimiento oficial.
Covello sostiene que este tipo de historias, como la de Adradas, han sido sistemáticamente omitidas: “¿Cómo puede desaparecer un hecho tan visible como un combate aéreo sobre Buenos Aires? Eso me partió la cabeza. El muñeco fue el mejor piloto de su promoción, y ese día, defendió a civiles indefensos. Pero fue silenciado”.
En la actualidad, el autor forma parte de una antología publicada por Alfaguara, titulada El bombardeo. Plaza de Mayo, junio de 1955, que reúne crónicas y ficciones sobre el atentado. “Necesitamos historia, memoria, justicia. Pero también necesitamos que la cultura se exprese. Durante mucho tiempo, ni siquiera la cultura habló del 16 de junio”, afirmó.
En Roque Pérez, su ciudad natal, Adradas cuenta con un reconocimiento que contrasta con el olvido institucional. Cada 16 de junio, su figura es recordada allí como un héroe anónimo, amante del tango y del bandoneón, que eligió cumplir su deber aun sabiendo que podía costarle la vida.
Covello resume la deuda pendiente: “Los nombres de los que bombardearon figuran en los libros de historia. El del muñeco, que intentó detenerlos, apenas comienza a ser recordado”.


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