Crónica de un giro libertario: Cómo en 72 horas la democracia pasó de "sagrada" a "delirio"

La política exterior argentina ha demostrado poseer una elasticidad envidiable, capaz de contorsionarse según sople el viento desde el hemisferio norte.
Política06 de enero de 2026Salvadora OnrubiaSalvadora Onrubia
Milei Trump 2025

(Buenos Aires; SN).- La política exterior argentina ha demostrado poseer una elasticidad envidiable, capaz de contorsionarse según sople el viento desde el hemisferio norte. En un despliegue de velocidad pocas veces visto, el gobierno de Javier Milei logró, en un solo fin de semana, archivar sus convicciones sobre la presunta soberanía popular venezolana para abrazar el nuevo manual de estilo dictado por Donald Trump.

Sábado de gloria: El triunfo de la "voluntad popular"
Aquel 3 de enero, la Casa Rosada amaneció con un fervor republicano que rozaba lo épico. A través de un comunicado de Cancillería, la administración libertaria no solo celebró el secuestro de Nicolás Maduro, sino que se erigió como la principal defensora del "imperio de la ley".

En ese entonces, las palabras "democracia" y "votos" parecían sagradas. El Gobierno argentino no dudó en señalar que el destino de Venezuela debía estar en manos de las autoridades "legítimamente elegidas", con nombre y apellido: Edmundo González Urrutia. El entusiasmo fue tal que incluso se resaltó el liderazgo de María Corina Machado, tratándola con la pompa y circunstancia que merece una Premio Nobel de la Paz. El mensaje era cristalino: el pueblo venezolano había hablado en las urnas y la Argentina estaba allí para escoltar ese mandato.

El lunes de realidad: Cuando las urnas se vuelven un "delirio"
Sin embargo, el calendario avanzó y llegaron los reyes (o el emperador del Norte) trayendo consigo una revelación desde Palm Beach. Bastó que Donald Trump expresara su escepticismo sobre María Corina Machado -calificándola como una mujer "amable" pero carente de "respeto"- para que el andamiaje retórico de la Casa Rosada sufriera una demolición controlada.

De la noche a la mañana, el apoyo incondicional a los autodeclarados ganadores de las elecciones de 2024 se transformó en una desconfianza absoluta hacia los procesos electorales. Desde el entorno presidencial surgió una nueva máxima: "Llamar a elecciones es un delirio". Aquella "voluntad popular" que el viernes era el norte ético de la región, el lunes se convirtió en un obstáculo impracticable debido a la estructura residual del chavismo.

La velocidad de la luz (y del alineamiento)
La metamorfosis fue tan radical que incluyó la negación de los hechos recientes. El canciller Pablo Quirno se vio en la tarea de desmentir gestiones que, apenas horas antes, parecían formar parte de la agenda oficial, como el trabajo conjunto con Francia para la asunción de González Urrutia.

El nuevo dogma oficial parece resumirse en una premisa sencilla: la legitimidad de un líder opositor venezolano no se mide en votos, sino en la percepción de "respeto" que inspire en el Despacho Oval. Si para el líder republicano la figura de Machado no es suficiente, para la administración libertaria sus pergaminos y sus votos pasan automáticamente a la categoría de anécdota.

La coherencia, al parecer, ha sido otra de las víctimas de la motosierra, dejando en su lugar un alineamiento tan total que permite llamar "defensa de la libertad" a la idea de que un país extranjero decida, por encima de las urnas, quién debe o no inspirar respeto en el Caribe.

Te puede interesar
Caputo - Milei

Milei: “No es inflación, es un salto de precios”

SN
Política15 de abril de 2026
El Presidente habló ante empresarios de la cámara norteamericana AmCham tras conocerse el índice del 3,4 por ciento. Aseguró que el número responde a un "salto de precios" por factores estacionales y defendió la gestión de Manuel Adorni.
Lo más visto
Suscríbete al newsletter para recibir periódicamente las novedades en tu email