Salud: la trampa de medir todos los cambios únicamente en la balanza

La licenciada en Nutrición Susana Aranda cuestionó las metas rápidas de descenso de peso y propuso enfocarse en conductas sostenibles, como caminar, incorporar verduras y mejorar la alimentación cotidiana.
Sociedad27 de julio de 2026SNSN
Balanza - Susana Aranda

(Alta Gracia; SN) – La llegada de jornadas más cálidas suele despertar el apuro por bajar de peso antes del verano. Dietas restrictivas, ayunos prolongados y objetivos difíciles de alcanzar vuelven a ocupar un lugar central. Sin embargo, concentrar todo el esfuerzo en un número de la balanza puede provocar frustración y terminar en el abandono de hábitos saludables.

Durante su columna en Siempre Radio 93.3, la licenciada en Nutrición Susana Aranda propuso cambiar el enfoque: valorar el proceso y las conductas que pueden sostenerse en el tiempo, más allá de la velocidad con la que aparezcan los resultados.

La especialista tomó como punto de partida una frase de Lionel Messi después del Mundial: “Lo más lindo de todos estos años nunca fueron solamente los títulos, sino todo el camino”.

“El camino es el proceso y el título sería el resultado”, explicó Aranda. En ese sentido, advirtió que muchas personas inician un cambio con expectativas inmediatas y, cuando no consiguen rápidamente el peso buscado, se frustran, cuestionan al profesional o comienzan a responsabilizarse a sí mismas.

“Decimos que no tenemos voluntad, que somos vagos o que no hacemos nada bien”, señaló.

Susana aranda
Licenciada en Nutrición Susana Aranda

Metas que se puedan controlar

Aranda recomendó reemplazar los objetivos centrados exclusivamente en bajar determinada cantidad de kilos por acciones concretas que dependan de cada persona.

Una meta posible, ejemplificó, podría ser caminar durante 30 minutos de lunes a viernes. La conducta puede organizarse y controlarse, mientras que la cantidad de peso que se perderá en un mes depende de factores físicos, metabólicos, sociales y emocionales.

También cuestionó las decisiones extremas, como eliminar por completo las harinas durante varios meses. En su lugar, propuso incorporar una porción de verduras en el almuerzo y otra en la cena.

“Al agregar vegetales de distintos colores, achicamos el espacio para otras opciones y sumamos alimentos que aportan beneficios”, explicó.

La misma lógica puede trasladarse a las reuniones sociales. En vez de dejar de asistir para evitar determinados alimentos, la nutricionista recomendó seleccionar mejor las comidas, controlar las porciones, evitar repetir y, cuando sea posible, elegir preparaciones al plato en lugar de opciones con pan.

“No se trata de dejar de disfrutar. Si a alguien le gusta el lomito, puede comerlo, pero procurar que no sea todas las semanas y buscar otras alternativas”, afirmó.

De los extremos a los cambios posibles

La especialista también se refirió al ayuno intermitente. Advirtió que pasar directamente de horarios desordenados a permanecer entre 16 y 18 horas sin comer puede convertirse en una meta demasiado exigente.

Como paso intermedio, sugirió aprender a diferenciar el hambre real de los antojos vinculados con la ansiedad, el aburrimiento u otras emociones. Frente al hambre, recomendó priorizar alimentos como frutas, queso, carne o huevo, en lugar de recurrir automáticamente a galletitas o criollos.

“Estos cambios no buscan alcanzar un peso determinado en una cantidad de tiempo. El peso puede modificarse como consecuencia de cambiar las conductas”, sostuvo Aranda.

Para la nutricionista, disfrutar y comprender el proceso aumenta las posibilidades de que las nuevas costumbres sean incorporadas a la vida cotidiana. En cambio, una dieta sostenida únicamente hasta alcanzar un resultado puede derivar en el regreso de los hábitos anteriores.

La salud no se reduce al peso

Aranda remarcó que sostener la actividad física ofrece beneficios que no siempre quedan reflejados en la balanza: mejora la fuerza, la resistencia, la salud cardiovascular, la movilidad y diferentes parámetros metabólicos.

También señaló que no existe un peso único que pueda utilizarse como referencia para todas las personas. La edad, la historia corporal, el metabolismo y la contextura hacen que una cifra saludable sea diferente en cada caso.

“Tenemos tamaños y cuerpos diversos. Hay que buscar la mejor versión de cada persona, su versión de salud”, expresó.

Finalmente, destacó la importancia de preservar la masa muscular con el paso de los años. El entrenamiento de fuerza ayuda a enfrentar la pérdida progresiva de músculo asociada con la edad y contribuye a conservar la autonomía durante la vejez.

El mensaje central, sostuvo, es dejar de considerar la balanza como el único indicador de éxito. Sostener una caminata, mejorar la alimentación, ganar fuerza o sentirse con mayor vitalidad también son resultados y, en muchos casos, constituyen el verdadero camino hacia una vida más saludable.

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