LA NOTA DEL DÍA

Volver a la vida

Por Stefanía Tomalino.
lunes, 11 de octubre de 2021 · 09:39

(Sumario Noticias, Alta Gracia) Cuando en diciembre del 2000 la Unesco nombró Patrimonio de la Humanidad al conjunto que compone el legado jesuítico de Alta Gracia, se avistaban en el horizonte cambios que supuestamente beneficiarían a la ciudad en muchos aspectos. Durante la épica cruzada, fueron necesarias algunas medidas urbanísticas para adecuar la imagen del conjunto a los estándares de la Unesco. Estas apuntaban a poner en valor las fachadas históricas y cuidar los edificios que habían sido incluidos en la lista: la Residencia Jesuítica –hoy Museo Nacional de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers -, la Parroquia de la Merced, el edificio del Obraje y el Molino Jesuítico. De esos cinco edificios, solo el primero puede presumir de gozar de un buen estado de conservación. 

A lo largo de los años, el Obraje, sufrió un gran deterioro, principalmente a causa de las humedades en sus paredes y durante 2015 los estudiantes de esa institución iniciaron una campaña en redes sociales para denunciar el deplorable estado edilicio del colegio. El edificio que pertenecía a la Estancia Jesuítica, siempre fue un caso puntual a tener en cuenta ya que no pertenece ni al Estado ni tampoco a un particular, sino a la Curia Eclesiástica de Córdoba, lo que hizo que las gestiones para su conservación se fueran postergando.

Cuatro décadas antes de que se incluyera la ciudad en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, en 1960, por iniciativa de un grupo de padres y del párroco Domingo Viera, se había creado el Instituto Técnico de Enseñanza El Obraje. En el año 2000, el edificio que se incluyó en la lista era utilizado como institución escolar, con el desgaste que lógicamente implica en una construcción de tres siglos. Además, aparte de la base colonial, se realizaron reformas apuntando, por ejemplo, a agregar aulas de acuerdo a la necesidad de la escuela. El nivel inicial y medio de la institución funcionó allí hasta mediados del 2018, cuando luego de que gran parte de la sociedad colaborara para que se culminen las obras en el nuevo edificio, erigido sobre calle Rawson.

Luego del traslado, se abrió el debate acerca del destino del antiguo obraje. Los planes para su restauración estaban atados al envío de fondos por parte de la Diócesis. Casi cuatro años después, esos planes finalmente parecen encaminados.

La semana pasada, el Ejecutivo de Municipalidad de Alta Gracia anunció que se pondrían en marcha las gestiones para la creación de un Espacio Cultural y de Formación abierto a la toda la  comunidad, integrando al circuito patrimonial, turístico y museológico del área jesuítica de la ciudad. Entre las distintas intervenciones de conservación y rehabilitación que se realizarán figuran la actualización integral de la instalación eléctrica del edificio y provisión de equipos para control de humedad ascendente, arreglos de cubiertas y desagües pluviales, recuperación de espacios interiores a partir del tratamiento de sus envolventes y puesta en valor e iluminación de la fachada, junto con intervenciones de revitalización de la calle Nieto.

Así, la intensión es devolver la vida a uno de los edificios céntricos con más historia de la ciudad para poder incorporarlo al circuito turístico local y tratar de evitar que termine hecho añicos por la humedad y el descuido.

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